Central Nuclear Atucha II. Foto: Nucleoeléctrica Argentina S.A.
Central Nuclear Atucha II. Foto: Nucleoeléctrica Argentina S.A.

Argentina vuelve a posicionarse en el centro del mapa energético internacional. A casi diez años de las primeras negociaciones, Rusia ha puesto nuevamente sus ojos en el país para impulsar un proyecto nuclear de gran escala, en un momento donde América Latina busca diversificar sus fuentes de energía y fortalecer su seguridad eléctrica.

En la región, pocos sectores generan tanto interés geopolítico como la energía nuclear. Con la urbanización acelerada, el crecimiento industrial y sistemas eléctricos que enfrentan desafíos permanentes, los países latinoamericanos necesitan fuentes firmes y estables que permitan sostener la demanda. Y es justamente en ese escenario donde Rusia, a través de su corporación estatal Rosatom, vuelve a mirar hacia Argentina.

El presidente de Rusia, Vladímir Putin. Foto: via REUTERS

La compañía —reconocida por exportar tecnología nuclear a más de 15 países y por su liderazgo global en reactores de agua a presión— había iniciado conversaciones con el gobierno argentino en 2015 para la construcción de un reactor VVER-1200. Se trata de un modelo de cuarta generación, con una potencia cercana a los 1.200 megavatios y capaz de entregar energía constante y de bajo impacto ambiental.

Un proyecto de estas características no solo reforzaría la matriz energética argentina, sino que también ayudaría a reducir los recurrentes cortes de suministro que afectan a millones de usuarios y limitan la actividad industrial. La nuclear se consolida así como una alternativa estratégica: es limpia, estable y complementa a las energías renovables intermitentes como la solar y la eólica.

Interés pensando en la geopolítica

Pero el interés ruso tiene también una lectura geopolítica. Según el informe Global Reach (The Kremlin Playbook in Latin America) del Center for the Study of Democracy (CSD), Moscú busca mantener presencia económica y diplomática en América Latina en un contexto global marcado por tensiones, especialmente tras la guerra en Ucrania. En ese marco, Argentina aparece como un socio atractivo por su trayectoria nuclear, su infraestructura ya desarrollada y su potencial para proyectos de gran escala.

Central Nuclear Atucha II. Foto: Archivo.
Central Nuclear Atucha II. Foto: Archivo.

Para el país, retomar el diálogo con Rusia implica la posibilidad de diversificar alianzas estratégicas en sectores críticos, reducir la dependencia de combustibles fósiles importados y avanzar hacia una mayor soberanía energética. Además, una nueva central nuclear no solo generaría electricidad: también podría convertirse en un polo tecnológico con impacto directo en la industria, la ciencia y la generación de empleo calificado.

Con el renovado interés de Rusia, Argentina vuelve al centro de la escena nuclear latinoamericana. Ahora, el desafío será transformar esta oportunidad en un proyecto concreto que impulse crecimiento, innovación y estabilidad en el sistema energético del país.