comscore

Menem y Cardoso: el día en que Argentina apoyó a Brasil ante Clinton y el FMI

La historia de una alianza que nació de la integración económica, sobrevivió a diferencias diplomáticas y construyó una amistad entre presidentes.

Carlos Menem y Fernando Cardoso
Carlos Menem y Fernando Cardoso. Foto: Cenital
+ Seguir en Google+ Seguinos en Noticias

En octubre de 1998, mientras Brasil enfrentaba una crisis financiera que amenazaba la estabilidad de América del Sur, Carlos Menem defendió ante Bill Clinton, en Washington, la necesidad de respaldar al gobierno de Fernando Henrique Cardoso. La historia de una alianza que nació de la integración económica, sobrevivió a diferencias diplomáticas y construyó una amistad entre presidentes.

En octubre de 1998, Fernando Henrique Cardoso acababa de conseguir su reelección como presidente de Brasil, pero la victoria electoral no había disipado la inquietud de los mercados. El país perdía reservas internacionales y enfrentaba una presión financiera creciente. La crisis asiática y el colapso ruso habían sacudido la confianza de los inversores. Brasil parecía el siguiente gran desafío para las autoridades económicas internacionales.

En ese escenario, Carlos Menem viajó a Washington para participar en las reuniones anuales del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial. El 6 de octubre pronunció un discurso ante los delegados de ambos organismos, en una jornada en la que también intervino Bill Clinton. Menem llevó a Washington una preocupación que trascendía la situación argentina. La estabilidad brasileña se había convertido en una cuestión decisiva para el futuro del Mercosur y, por extensión, para la economía de la Argentina.

En sus conversaciones con Clinton y en sus declaraciones públicas, el presidente argentino defendió la necesidad de respaldar a Brasil.

La prensa registró el episodio con claridad. El 7 de octubre, La Nación publicó una crónica titulada «Se ayudará a Brasil, dijo Clinton a Menem». Página/12 informó que Menem había pedido al presidente estadounidense que prestara especial atención a la situación brasileña.

Aquella gestión no era un gesto protocolar. Brasil era el principal socio comercial de la Argentina en el Mercosur, un destino fundamental para las exportaciones industriales y una economía cuya estabilidad influía directamente en las perspectivas de toda la región. Menem comprendía que una crisis profunda en Brasil podía convertirse rápidamente en una crisis para sus vecinos.

La defensa del Plan Real

Cardoso había llegado a la presidencia brasileña en 1995 después de desempeñar un papel central en la creación del Plan Real, lanzado durante el gobierno de Itamar Franco. La nueva moneda y el programa de estabilización habían logrado reducir drásticamente una inflación que durante años había deteriorado los salarios, el ahorro y el funcionamiento de la economía brasileña.

El éxito del Plan Real fue uno de los factores que impulsaron la carrera presidencial de Cardoso. Pero en 1998 su sostenibilidad estaba sometida a una prueba extraordinaria.

La crisis internacional provocaba salidas de capitales y obligaba a Brasil a defender su régimen cambiario con tasas de interés elevadas y pérdida de reservas. El gobierno buscaba preservar la confianza mientras preparaba un programa de ajuste fiscal y solicitaba apoyo financiero.

Menem respaldó públicamente la continuidad institucional y la política de estabilización brasileña. Su posición tenía una dimensión económica y otra diplomática. La Argentina necesitaba un Brasil estable; pero, además, Menem consideraba que el entendimiento entre ambos países debía convertirse en una política permanente, capaz de superar las dificultades de cada coyuntura.

El 13 de noviembre de 1998, el gobierno de Estados Unidos anunció su participación en un programa internacional de asistencia financiera a Brasil por aproximadamente 41.500 millones de dólares.

El paquete involucró al Fondo Monetario Internacional, al Banco Mundial, al Banco Interamericano de Desarrollo y a gobiernos de países industrializados. Su objetivo era contribuir a la estabilización financiera y respaldar las medidas económicas anunciadas por las autoridades brasileñas.

La decisión fue resultado de negociaciones multilaterales conducidas por Brasil y los organismos participantes. No puede atribuirse exclusivamente a la intervención argentina. Sin embargo, el respaldo de Menem ante Clinton formó parte del acompañamiento político internacional que Cardoso recibió en uno de los momentos más difíciles de su presidencia.

El episodio demuestra que la integración regional había comenzado a modificar el comportamiento diplomático de los dos países: la estabilidad del vecino dejaba de ser un asunto ajeno.

De la rivalidad estratégica a la confianza

La relación argentino-brasileña no siempre había sido así.

Durante buena parte del siglo XX, las dos mayores economías sudamericanas convivieron con una combinación de cooperación, competencia industrial y desconfianza estratégica. Sus programas nucleares, sus proyectos de desarrollo y sus ambiciones diplomáticas fueron observados frecuentemente bajo la lógica de la rivalidad.

El cambio comenzó con la recuperación democrática.

Raúl Alfonsín y José Sarney impulsaron los primeros grandes acuerdos de integración y confianza recíproca. Carlos Menem y Fernando Collor de Mello profundizaron ese camino. En marzo de 1991, Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay firmaron el Tratado de Asunción, que creó el Mercosur. En diciembre de 1994, durante las presidencias de Menem e Itamar Franco, el Protocolo de Ouro Preto consolidó su estructura institucional.

Una transformación especialmente significativa se produjo en el terreno nuclear. En 1991, Argentina y Brasil crearon la Agencia Brasileño-Argentina de Contabilidad y Control de Materiales Nucleares, la ABACC, mediante un acuerdo destinado a verificar la utilización exclusivamente pacífica de los materiales nucleares. El sistema bilateral, complementado por el Acuerdo Cuatripartito con el Organismo Internacional de Energía Atómica, representó una innovación diplomática de gran importancia.

Dos países que durante décadas habían seguido con recelo sus respectivas capacidades tecnológicas aceptaban someter sus actividades nucleares a mecanismos de control recíproco. La confianza ya no dependía solamente de la voluntad de los presidentes. Comenzaba a estar respaldada por instituciones permanentes.

Cardoso en Buenos Aires, Menem en Brasilia

Fernando Henrique Cardoso asumió la presidencia brasileña el 1 de enero de 1995. Su relación con Menem se desarrolló sobre una estructura de cooperación que ya había avanzado considerablemente. En abril de 1996, Cardoso realizó una visita de Estado a la Argentina y habló ante el Congreso Nacional. En noviembre de 1997, Menem devolvió aquella visita. El día 11 pronunció un discurso ante el Congreso brasileño, en Brasilia.

La reciprocidad tenía un significado político. Ambos mandatarios buscaban transmitir que la integración no era una iniciativa pasajera de los gobiernos, sino una decisión que comprometía a las instituciones de las dos naciones.

Ante los legisladores brasileños, Menem propuso avanzar hacia la consolidación del Mercosur como una gran zona de paz. También planteó la necesidad de incorporar compromisos democráticos y de solución pacífica de controversias.

En julio de 1998, durante la cumbre presidencial de Ushuaia, los países del Mercosur, junto con Bolivia y Chile, adoptaron una declaración como zona de paz y firmaron el Protocolo de Ushuaia sobre Compromiso Democrático. Nelson Mandela, entonces presidente de Sudáfrica, participó como invitado especial.

Su presencia otorgó una dimensión internacional a la reunión. La experiencia sudafricana de reconciliación y transición democrática encontraba un punto de contacto con el esfuerzo sudamericano por construir una región fundada en la cooperación.

El Consejo de Seguridad: una diferencia entre amigos

La cercanía personal y política entre Menem y Cardoso no significó coincidencia en todos los asuntos internacionales. Una diferencia importante surgió alrededor de la reforma del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Brasil aspiraba a obtener un asiento permanente en una eventual ampliación del organismo. Cardoso defendía esa candidatura como reconocimiento al peso económico, territorial, demográfico y diplomático de su país.

La Argentina compartía la necesidad de ampliar la representación latinoamericana, pero sostenía una fórmula diferente: un mecanismo regional de representación que no otorgara indefinidamente el asiento a un solo Estado. Menem expresó públicamente esa posición en 1997.

La controversia generó tensiones diplomáticas y recibió amplia cobertura periodística. Ambos presidentes procuraron después acercar posiciones, reconociendo la necesidad de fortalecer la presencia de América Latina en las decisiones internacionales, aunque sin resolver el desacuerdo sobre la representación permanente.

El episodio permite comprender mejor la naturaleza de aquella relación. Menem podía apoyar a Brasil frente a una crisis financiera sin abandonar las posiciones argentinas sobre la organización del sistema internacional. Cardoso podía sostener las aspiraciones brasileñas sin poner en cuestión el vínculo estratégico con Buenos Aires.

La cooperación no exigía que los dos países renunciaran a sus intereses nacionales.

Los cinco premios Nobel

Años después de aquellos acontecimientos, durante una de mis conversaciones con Carlos Menem en Anillaco, el expresidente me relató una anécdota que conservo especialmente en mi memoria.

Me contó que, durante un encuentro privado con Fernando Henrique Cardoso, había comenzado a elogiar las virtudes de Brasil. Habló de sus ciudades, de la fortaleza de sus empresarios, de su desarrollo económico, de la capacidad de trabajo de su pueblo y de la dimensión extraordinaria del país. La conversación incluyó también bromas sobre el fútbol y los campeonatos mundiales, esa competencia deportiva que argentinos y brasileños viven con tanta intensidad.

Según Menem, Cardoso escuchó atentamente y respondió con una observación que lo sorprendió. Reconstruyo de memoria el sentido de aquellas palabras:

«Carlos, agradezco tu galantería sobre mi país. También conozco y admiro a la Argentina. Pero recordá que ustedes tienen cinco premios Nobel y nosotros, hasta ahora, ninguno».

La afirmación tenía un fundamento histórico. Argentina contaba entonces con cinco premios Nobel: Carlos Saavedra Lamas, Bernardo Houssay, Luis Federico Leloir, Adolfo Pérez Esquivel y César Milstein. Menem recordaba aquella respuesta con particular afecto.

En lugar de responder a sus elogios con una enumeración de los logros brasileños, Cardoso había elegido reconocer una de las grandes contribuciones argentinas a la ciencia, la cultura y la paz. Era una manera de expresar respeto entre dos países que habían aprendido a reconocerse mutuamente.

La llamada de Cardoso que emocionó a Menem

En otra conversación en Anillaco, Menem me relató un episodio que revelaba una dimensión mucho más personal de aquella amistad.

Me contó que, ante su inminente detención judicial en junio de 2001, había recibido una llamada de Fernando Henrique Cardoso, quien todavía ejercía la presidencia brasileña. Según su recuerdo, Cardoso le manifestó su disposición a recibirlo en Brasil y facilitar las condiciones necesarias para brindarle protección.

Menem estaba sentado en un sillón cuando evocó aquella conversación. Hizo una pausa, respiró profundamente y sus ojos se llenaron de lágrimas.

Visiblemente emocionado, me relató que había respondido aproximadamente así: «Te agradezco, hermano. Lo tomo como un enorme gesto de amistad. Pero, como dijo un prócer latinoamericano: engrillado, pero en mi patria».

Nunca olvidé aquella escena.

No dispongo de una transcripción ni de una confirmación diplomática independiente del ofrecimiento que Menem me relató. Por esa razón, lo presento como lo que es: un testimonio personal sobre una conversación mantenida con el expresidente argentino. Pero la emoción con que lo recordaba me permitió comprender la importancia que atribuía a su amistad con Cardoso.

Las llamadas de Shimon Peres y Bill Clinton

La situación judicial de Menem en 2001 también dio lugar a otras expresiones de solidaridad internacional que quedaron registradas en la prensa contemporánea.

El 18 de junio de aquel año, mientras permanecía bajo arresto domiciliario en Don Torcuato, recibió una llamada de Shimon Peres, entonces ministro de Relaciones Exteriores de Israel y premio Nobel de la Paz. Ámbito Financiero informó al día siguiente que Peres había expresado su solidaridad e invitado a Menem a visitar Israel cuando recuperara la libertad. La noticia citaba al portavoz del expresidente, Federico Azzarini.

El 30 de agosto, Bill Clinton también se comunicó con Menem. El expresidente estadounidense había abandonado la Casa Blanca siete meses antes. Según informaron Revista Mercado y Ámbito Financiero, llamó para interesarse por su situación y expresarle apoyo personal.

La comunicación tenía un antecedente especialmente significativo: en octubre de 1998, Menem había intervenido ante Clinton para defender la estabilidad brasileña y respaldar al gobierno de Cardoso. Tres años después, Clinton se comunicaba con él cuando atravesaba una situación judicial difícil.

Las llamadas de Peres y Clinton, documentadas periodísticamente, muestran la continuidad de relaciones personales construidas durante años de encuentros y negociaciones internacionales. No modificaban las circunstancias judiciales del expresidente argentino. Pero revelaban que algunos vínculos diplomáticos habían sobrevivido a la finalización de su mandato.

La política exterior como construcción de confianza

La relación entre Menem y Cardoso no estuvo exenta de dificultades.

La devaluación del real en enero de 1999 provocó fuertes tensiones comerciales y puso de manifiesto los límites de una integración que todavía carecía de mecanismos suficientes de coordinación macroeconómica. Las diferencias sobre el Consejo de Seguridad tampoco desaparecieron. Y proyectos como la moneda común quedaron lejos de concretarse.

Sin embargo, los avances institucionales alcanzados durante aquella década tuvieron consecuencias duraderas: la creación de la ABACC, la consolidación del Mercosur, la cooperación política y los compromisos democráticos transformaron la relación entre las dos principales economías sudamericanas.

En ese proceso, Menem contribuyó a fortalecer el vínculo con Brasil y, durante la crisis de 1998, defendió ante Clinton y en Washington la necesidad de apoyar al gobierno de Cardoso. Su intervención fue una expresión concreta de una política exterior que reconocía la estabilidad brasileña como un interés estratégico argentino.

Mis conversaciones con Menem en Anillaco me permitieron conocer otra dimensión de aquella historia: el respeto y el afecto que, según sus propios recuerdos, había desarrollado por Fernando Henrique Cardoso. Las diferencias diplomáticas no habían impedido construir una relación personal cercana. Y los acuerdos económicos no habían agotado el sentido de la integración.

Menem y Cardoso comprendieron que Argentina y Brasil debían ser mucho más que socios comerciales: países amigos, buenos vecinos y aliados en la construcción de un destino compartido.

¡Sumate a Canal 26!

Recibí una selección de nuestros contenidos, pensados especialmente para vos, en tu bandeja de entrada.