
Los créditos industriales de Perón, las nuevas operaciones durante Alfonsín, la diplomacia de Menem con Bush y Clinton, la visita amistosa de Alberto Rossi a Fidel Castro en medio de conversaciones sobre vacunas y biotecnología, una llamada presidencial inesperada y la amistad con Jorge Mas Canosa, referente del exilio cubano. Una historia de medio siglo que combina intereses económicos, diferencias políticas y relaciones humanas.
Una carta manuscrita de Fidel Castro, una conversación telefónica con Carlos Menem facilitada por un amigo argentino y una medalla entregada en Miami por Jorge Mas Canosa permiten reconstruir uno de los capítulos menos conocidos de las relaciones entre Argentina y Cuba.
La historia comenzó mucho antes, durante los gobiernos de Héctor Cámpora, Raúl Lastiri y Juan Domingo Perón, cuando la Argentina decidió financiar exportaciones industriales hacia la isla. Continuó durante la presidencia de Raúl Alfonsín, que otorgó nuevos créditos y también consiguió pagos parciales. Y adquirió una dimensión diplomática particular con Menem, quien mantuvo vínculos personales con Fidel Castro y con uno de sus principales adversarios políticos, Jorge Mas Canosa.
Las diferencias eran profundas. Menem defendía públicamente una transición hacia la democracia representativa en Cuba. Castro sostenía el sistema político surgido de la revolución de 1959. Mas Canosa, desde Miami, había convertido la causa de la democratización cubana en el centro de su vida pública. Sin embargo, aquellos desacuerdos no impidieron contactos personales, intercambios de obsequios, conversaciones presidenciales y encuentros cordiales en las cumbres internacionales.
Más de cincuenta años después de los primeros créditos, la cuestión económica sigue pendiente. Según documentación del Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE), examinada por La Nación, Cuba acumulaba, a agosto de 2025, una deuda con Argentina de US $3.000,81 millones.
Perón y Gelbard: la industria argentina llega a Cuba
El origen de la deuda se remonta a 1973, cuando Argentina restableció relaciones diplomáticas con Cuba durante la presidencia de Héctor Cámpora. La decisión formaba parte de una estrategia de política exterior y desarrollo económico impulsada por Juan Domingo Perón y ejecutada por el ministro de Economía José Ber Gelbard. El objetivo era abrir nuevos mercados para la industria argentina, particularmente para la producción automotriz, la maquinaria agrícola y los bienes de capital.
El 24 de agosto de 1973, durante la presidencia provisional de Raúl Lastiri, se instrumentó una línea de crédito de US $600 millones destinada a financiar exportaciones hacia Cuba. Entre los productos previstos figuraban tractores, camiones, maquinaria agrícola y automóviles fabricados en Argentina, incluidos modelos de Fiat, Renault, Ford, Citroën y Peugeot. El programa tenía una particularidad geopolítica: algunas de las empresas beneficiarias eran filiales de compañías estadounidenses, mientras Washington mantenía su embargo comercial contra Cuba.
Durante el tercer gobierno de Perón, Gelbard viajó a La Habana y mantuvo conversaciones con Fidel Castro. En 1974, la Argentina organizó una importante exposición industrial en Cuba, acompañada por acuerdos de cooperación económica. Era una apuesta ambiciosa. Argentina aspiraba a convertirse en un proveedor industrial relevante de un mercado que necesitaba vehículos, maquinaria y tecnología.
El financiamiento estatal permitió concretar exportaciones que difícilmente habrían tenido lugar mediante operaciones comerciales convencionales. Sin embargo, los compromisos de pago no se cumplieron en los términos originalmente previstos. Una política destinada a expandir las exportaciones terminó dando origen a una acreencia que atravesaría sucesivos gobiernos argentinos.
Alfonsín: nuevos créditos, exportaciones ferroviarias y pagos parciales
La llegada de Raúl Alfonsín a la presidencia, en diciembre de 1983, no significó el abandono de las relaciones comerciales con Cuba. Por el contrario, su gobierno mantuvo los vínculos diplomáticos y económicos y autorizó nuevas operaciones de financiamiento. Una investigación histórica publicada por Clarín señala expresamente que durante la presidencia de Alfonsín se otorgaron nuevas partidas de crédito. Ámbito Financiero identifica un nuevo financiamiento en 1984 y señala que los desembolsos fueron suspendidos hacia 1986, cuando comenzaron negociaciones sobre el pago de las obligaciones acumuladas. Este antecedente resulta significativo porque amplía la interpretación habitual según la cual Alfonsín se habría limitado a gestionar la recuperación de créditos heredados.
Durante los años ochenta, la industria ferroviaria argentina también mantuvo exportaciones hacia Cuba. Materfer, la importante fábrica de material rodante ubicada en Ferreyra, Córdoba, exportaba parte de su producción ferroviaria a distintos países latinoamericanos, entre ellos Cuba, Uruguay, Brasil y Bolivia. La relación entre aquellas exportaciones y las nuevas líneas crediticias merece una investigación documental específica. Las fuentes consultadas confirman ambos hechos, pero todavía no permiten determinar qué operaciones de Materfer fueron financiadas mediante créditos otorgados durante la presidencia de Alfonsín. Al mismo tiempo, su administración consiguió pagos efectivos.
Según los antecedentes financieros publicados por La Nación y TN, Cuba pagó US $102 millones en 1988 y US $98,6 millones en 1989. Fueron aproximadamente US $200,6 millones recuperados en dos años. La gestión de Alfonsín tuvo, por lo tanto, una doble dimensión: continuidad de las relaciones económicas y recuperación parcial de obligaciones anteriores.
Menem, Bush y Clinton: una diplomacia favorable a las elecciones libres
Carlos Menem asumió la presidencia en julio de 1989, cuando comenzaba una transformación extraordinaria del escenario internacional. La caída del Muro de Berlín y la posterior desaparición de la Unión Soviética alteraron profundamente la posición económica y estratégica de Cuba. Menem estableció una relación estrecha con George H. W. Bush y posteriormente con Bill Clinton. En ese contexto, defendió la democracia representativa y manifestó su disposición a colaborar en procesos de apertura política.
En octubre de 1989, después de conversar con Bush en Costa Rica, viajó a Managua para entrevistarse con Daniel Ortega ante las elecciones nicaragüenses previstas para febrero de 1990. La experiencia adquirió relevancia cuando Menem se ofreció a conversar con Fidel Castro. El 29 de junio de 1993, durante una conferencia de prensa conjunta con Bill Clinton en la Casa Blanca, recordó públicamente aquella gestión nicaragüense y expresó su disposición a participar en conversaciones sobre Cuba si Estados Unidos lo consideraba útil.
El documento oficial estadounidense conserva sus palabras: «Me gustaría ver a Cuba viviendo en democracia lo antes posible». La declaración expresaba su posición política, pero también su disposición a dialogar con un gobernante con quien mantenía importantes diferencias. Esa combinación de firmeza pública y apertura personal sería una característica de sus contactos posteriores con Castro.
Alberto Rossi, Fidel Castro y una visita que abrió un diálogo personal
Uno de los episodios más singulares de aquella relación tuvo como protagonista a Alberto Rossi, un argentino vinculado personalmente con Carlos Menem. En una etapa en la que Menem y Fidel Castro mantenían diferencias políticas expresadas públicamente, Rossi participó de una visita a La Habana en un clima de cordialidad y amistad.
Los contactos incluían conversaciones con el Instituto Finlay, una institución científica cubana de reconocido prestigio internacional por sus investigaciones y desarrollos en vacunas, inmunología y biotecnología. El Instituto Finlay había alcanzado un lugar destacado en la investigación biomédica mediante el desarrollo de la vacuna VA-MENGOC-BC contra los meningococos de los serogrupos B y C. La institución representaba una de las expresiones más importantes de la capacidad científica cubana, particularmente en el desarrollo de vacunas destinadas a enfrentar enfermedades infecciosas.
En ese contexto de intercambio científico y tecnológico, Rossi y otros visitantes argentinos mantuvieron un encuentro cordial con Fidel Castro. No se trataba de una negociación política formal. Las conversaciones tenían un componente científico y empresarial, acompañado por vínculos personales y gestos de amistad.
Los visitantes llevaron obsequios enviados por Menem, entre ellos vinos argentinos. Castro recibió los presentes con satisfacción. Según su propia carta manuscrita, brindaron por la salud del presidente argentino y compartieron comentarios sobre los productos recibidos. El mandatario cubano se interesó también por aspectos personales de Menem: su experiencia en La Rioja, sus conocimientos agrícolas, sus actividades deportivas y su afición por pilotar aviones y helicópteros.
El encuentro revela una dimensión menos conocida de aquellas relaciones: incluso cuando los presidentes discutían públicamente sobre el sistema político cubano, existían personas capaces de mantener abiertos canales de comunicación mediante intereses compartidos y vínculos de confianza.
La carta manuscrita de Fidel Castro y la llamada a Menem
La visita de Alberto Rossi tuvo una continuación particularmente significativa. Fidel Castro escribió personalmente una carta dirigida a Carlos Menem. El documento, conservado en una reproducción del archivo personal utilizado para esta investigación, comienza con un saludo cordial: «Estimado Presidente Menem». En sus líneas, Castro agradece los obsequios, elogia los vinos argentinos y relata aspectos de las conversaciones mantenidas con los visitantes. También manifiesta su intención de conversar telefónicamente con Menem aquella misma tarde.
Según el testimonio que conservo de aquellos contactos, Alberto Rossi llamó posteriormente al presidente argentino y facilitó una comunicación directa con Fidel Castro. Ambos conversaron durante varios minutos en términos cordiales.
La importancia del episodio reside en su contexto. Hasta entonces, los dos mandatarios habían sostenido posiciones públicas enfrentadas sobre la democracia y el futuro político de Cuba. La llamada no significó que esas diferencias desaparecieran. Tampoco constituyó, por sí misma, una negociación diplomática ni un acuerdo sobre las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Pero representó un contacto personal que permitió a ambos presidentes conversar directamente en un clima distinto del debate político público.
Alberto Rossi desempeñó así un papel de acercamiento personal, nacido de una visita amistosa relacionada con intereses científicos y tecnológicos. Es una escena que merece ser recuperada: las conversaciones sobre vacunas y biotecnología, el reconocimiento al Instituto Finlay, los obsequios argentinos y una llamada entre dos presidentes que, pese a sus desacuerdos, encontraron un espacio para la cortesía y el diálogo.
Jorge Mas Canosa: una vida dedicada a la causa de la democracia cubana
La relación de Menem con Fidel Castro coexistió con una amistad política de especial significado: la que mantuvo con Jorge Mas Canosa.
Nacido en Santiago de Cuba en 1939, Mas Canosa abandonó la isla en 1960, después de enfrentarse políticamente con el gobierno surgido de la revolución. Como tantos exiliados cubanos, debió reconstruir su vida en Estados Unidos. En Miami trabajó inicialmente en actividades modestas y desarrolló posteriormente una exitosa trayectoria empresarial, especialmente vinculada con las telecomunicaciones. Pero su actividad económica nunca desplazó el lugar central que Cuba ocupaba en sus preocupaciones personales.
En 1981 participó en la fundación de la Fundación Nacional Cubano Americana, que se convirtió en una de las organizaciones más influyentes del exilio cubano en Estados Unidos. Desde esa institución promovió iniciativas de comunicación hacia la isla, mantuvo contactos con dirigentes estadounidenses y defendió una transición hacia un sistema democrático y pluralista. Sus posiciones fueron firmes y generaron controversias, particularmente por su apoyo a las sanciones económicas estadounidenses. Sus partidarios las consideraban instrumentos de presión para obtener cambios políticos; sus críticos cuestionaban sus consecuencias sobre la población cubana.
Sin embargo, la importancia de Mas Canosa no puede comprenderse únicamente a partir de esas controversias. Su historia es también la de un inmigrante que logró construir una empresa, una familia y una organización política sin perder su vínculo afectivo con el país donde había nacido. En una entrevista publicada por Los Angeles Times en 1992, Mas Canosa expresó el sentimiento de desarraigo que acompañaba su trayectoria. Pese al éxito económico alcanzado, seguía considerando que una parte esencial de su vida permanecía en Cuba. Ese sentimiento explica la intensidad de su compromiso con el futuro de la isla.
Menem y Mas Canosa: la medalla de Miami y una amistad política
Carlos Menem mantuvo una relación de cercanía con Jorge Mas Canosa, basada principalmente en su coincidencia respecto de la necesidad de una apertura democrática en Cuba. En diciembre de 1994, durante una ceremonia celebrada en Miami, Mas Canosa condecoró al presidente argentino por su posición favorable a la libertad política cubana. La distinción constituyó un reconocimiento público del exilio cubano al compromiso expresado por Menem.
El 5 de junio de 1995, Mas Canosa visitó la Casa Rosada. La crónica publicada por La Nación tras la muerte del dirigente cubano recordó el abrazo fraternal con el que Menem lo recibió y la afinidad que ambos mantenían respecto del futuro político de Cuba. La relación trascendía las formalidades protocolares. Mas Canosa valoraba que un presidente latinoamericano defendiera públicamente la democracia cubana en encuentros internacionales en los que también participaba Fidel Castro. Menem, por su parte, reconocía la importancia de una comunidad de exiliados que había desarrollado una considerable influencia económica, cultural y política en Estados Unidos.
La cercanía con Mas Canosa no impidió que Menem mantuviera conversaciones con Castro. Por el contrario, esa coexistencia permite comprender la particularidad de su diplomacia: conservar vínculos con dirigentes enfrentados entre sí, sin abandonar su posición pública favorable a la democracia representativa.
Mas Canosa falleció en Miami el 23 de noviembre de 1997, a los 58 años. No llegó a presenciar la transición democrática que había defendido durante décadas. Su figura continúa siendo significativa para una parte importante de la comunidad cubanoamericana, que reconoce en su trayectoria una expresión de la experiencia del exilio y de la aspiración de participar en el futuro de su país.
Las cumbres iberoamericanas: del desacuerdo al encuentro cordial
Los contactos entre Menem y Castro también tuvieron expresión en las cumbres internacionales.
En junio de 1994, durante la IV Cumbre Iberoamericana celebrada en Cartagena de Indias, Menem vinculó públicamente la democratización de Cuba con la necesidad de revisar las sanciones estadounidenses. Según una crónica contemporánea de Los Angeles Times, sostuvo que la región debía procurar tanto una apertura democrática cubana como el levantamiento de las medidas económicas de Washington. La posición era relevante porque demostraba que la defensa de las elecciones libres no necesariamente implicaba apoyar todas las herramientas de presión económica aplicadas contra Cuba.
En octubre de 1995, Fidel Castro viajó a San Carlos de Bariloche para participar de la V Cumbre Iberoamericana. Allí volvió a encontrarse con Menem. La agencia española Servimedia documentó que ambos compartieron un café, en un ambiente cordial, junto al rey Juan Carlos I de España y el presidente del Gobierno español, Felipe González. También se registraron conversaciones informales sobre fútbol e intercambios de habanos cubanos y vinos riojanos.
Las diferencias políticas seguían presentes. Pero los encuentros mostraban que la relación personal podía desarrollarse en términos más distendidos que las declaraciones públicas. La historia de la carta manuscrita, la intervención amistosa de Alberto Rossi y los encuentros de las cumbres forman parte de una misma secuencia de contactos personales.
La experiencia de 1993 y la búsqueda de soluciones para la deuda
Conservo un recuerdo personal vinculado con las posibilidades de cooperación económica entre Argentina y Cuba. En noviembre de 1993 viajé a La Habana cuando me desempeñaba como subsecretario de Comunicaciones y ya había sido elegido diputado nacional. Cuba atravesaba el denominado Período Especial, consecuencia de la desaparición de la Unión Soviética y de la pérdida de importantes vínculos económicos. Las dificultades de abastecimiento, energía y divisas eran evidentes.
Durante aquella visita mantuve contactos con el empresario mexicano Luis Miguel Niño de Rivera, vinculado con Cubacel, y con integrantes de su equipo. Observé que Cuba buscaba acuerdos con países acreedores y ofrecía oportunidades de participación empresarial en sectores estratégicos. A mi regreso informé al presidente Menem sobre esas experiencias y le planteé la conveniencia de explorar mecanismos semejantes para recuperar parte de los créditos argentinos. Menem me pidió que transmitiera la información al ministro de Economía, Domingo Cavallo. Así lo hice. Según recuerdo, Cavallo dispuso que el BICE participara como interlocutor en las gestiones correspondientes.
En 1995, Argentina y Cuba avanzaron en la consolidación de las obligaciones financieras, por un monto del orden de US $1.281 millones. Sin embargo, consolidar una deuda no significaba cobrarla. La obligación continuó pendiente.
Las gestiones posteriores y la deuda de US $3.000 millones
Durante los gobiernos siguientes también se exploraron fórmulas para recuperar los créditos. En 1997, Carlos Lage, entonces uno de los principales funcionarios del gobierno cubano, entregó a Menem una nueva carta de Fidel Castro, según informó Reuters. Ese mismo año, Menem volvió a considerar posibles gestiones de acercamiento entre Washington y La Habana. Posteriormente, durante la presidencia de Néstor Kirchner, el canciller Rafael Bielsa examinó alternativas de compensación económica y cooperación.
La posibilidad de capitalizar parte de la deuda mediante inversiones o participaciones empresariales fue considerada en distintas oportunidades. Sin embargo, ninguna de las gestiones conocidas permitió cancelar integralmente las obligaciones.
La investigación publicada por Pablo Fernández Blanco en La Nación, el 19 de octubre de 2025, estableció que la deuda cubana registrada por el BICE alcanzaba, en agosto de ese año, US $3.000,81 millones. De ese total, US $1.278,75 millones correspondían al monto consolidado y US $1.722,06 millones a intereses acumulados. Se trata de una acreencia registrada, no de recursos inmediatamente disponibles para la Argentina. Su recuperación depende de la capacidad de pago del Estado cubano, de la voluntad de negociación y de los instrumentos jurídicos y financieros que puedan acordarse.
Una deuda histórica y una oportunidad de cooperación
La relación entre Argentina y Cuba no puede reducirse a una controversia financiera. Existen vínculos históricos, culturales, científicos y humanos que atravesaron gobiernos de distintas orientaciones políticas. La cooperación industrial iniciada durante el peronismo, los intercambios comerciales de los años ochenta, las conversaciones sobre vacunas y biotecnología de los años noventa y los encuentros presidenciales demuestran la diversidad de esas relaciones.
El futuro de Cuba plantea desafíos económicos y sociales de gran magnitud. La Argentina podría contribuir a eventuales programas de recuperación productiva mediante su experiencia en agricultura, industria alimentaria, transporte, energía, salud y tecnologías. La cooperación científica también ofrece antecedentes valiosos, como los contactos mantenidos con el Instituto Finlay.
Cualquier entendimiento futuro debería contemplar mecanismos transparentes para reconocer y recuperar las obligaciones financieras pendientes, sin desconocer las dificultades que enfrenta la población cubana. La responsabilidad de pago corresponde al Estado cubano. Las necesidades y aspiraciones de sus ciudadanos merecen una consideración diferente, centrada en su bienestar y sus derechos.
La diplomacia y su dimensión humana
Perón y Gelbard promovieron una política de exportaciones industriales hacia Cuba. Alfonsín continuó las relaciones comerciales, autorizó nuevos créditos y consiguió pagos parciales. Menem consolidó las obligaciones y desarrolló una diplomacia que incluyó a Bush, Clinton, Fidel Castro y Jorge Mas Canosa.
Pero la historia también tiene protagonistas que no ocupaban la primera línea de la política internacional. Alberto Rossi, mediante una visita amistosa a La Habana vinculada con conversaciones sobre vacunas y biotecnología, facilitó un contacto personal entre dos presidentes que mantenían diferencias públicas. La carta manuscrita de Castro, los vinos argentinos, la llamada telefónica y los encuentros posteriores en las cumbres recuerdan que la diplomacia también se construye mediante gestos humanos.
La amistad política entre Menem y Mas Canosa expresa otra dimensión de esa historia: el reconocimiento a quienes, desde el exilio, dedicaron su vida a defender sus convicciones sobre el futuro de Cuba. Mas Canosa representó para muchos cubanos emigrados la esperanza de regresar a un país con libertades políticas y oportunidades económicas. Su trayectoria merece ser comprendida en el contexto de una generación profundamente marcada por el desarraigo. Las relaciones entre Menem, Castro y Mas Canosa no borraron sus diferencias. Demostraron, en cambio, que el diálogo personal podía coexistir con convicciones políticas firmes.
Más de medio siglo después de los primeros créditos, la Argentina conserva una acreencia considerable. Cuba enfrenta dificultades económicas y sociales, y millones de cubanos, dentro y fuera de la isla, continúan esperando mejores oportunidades. La Argentina tiene derecho a procurar la recuperación de sus recursos. El pueblo cubano merece un futuro de bienestar, libertades y desarrollo. La pregunta económica sigue abierta: ¿quién, cuándo y mediante qué mecanismo le pagará a la Argentina los US $3.000 millones de aquella deuda histórica? Y existe otra pregunta, igualmente importante: ¿podrán ambos países transformar una historia de créditos incumplidos y diferencias políticas en una nueva etapa de cooperación que beneficie a sus ciudadanos?














