
La llamada de Bush a Menem que quedó en los archivos de la Casa Blanca.
En agosto de 1991, mientras los tanques recorrían Moscú y un golpe de Estado intentaba desplazar a Mijaíl Gorbachov, George H. W. Bush llamó a Carlos Menem. Un memorándum desclasificado revela cómo ambos presidentes discutieron la legitimidad del gobierno soviético, el papel de Borís Yeltsin y la necesidad de una respuesta internacional. Al año siguiente, Gorbachov visitó Buenos Aires. En 1998, Menem se reunió con Yeltsin en Moscú.
Once minutos en los que el mundo estaba cambiando
El 20 de agosto de 1991, el destino de la Unión Soviética era incierto. Gorbachov permanecía aislado en Crimea. En Moscú, un grupo de altos funcionarios había anunciado que asumía el poder ante una supuesta incapacidad del presidente soviético. Los tanques aparecieron en las calles y Borís Yeltsin encabezó la resistencia al golpe.
Desde Kennebunkport, Maine, George H. W. Bush mantenía contactos con dirigentes extranjeros. Entre sus interlocutores estaba Carlos Saúl Menem. El registro de la Casa Blanca consigna una llamada entre las 18:02 y las 18:13, hora del este estadounidense (19:02–19:13 en Buenos Aires). Barbara Phillips figura como intérprete y Robert Morley y James Waurishuk como responsables de las notas. El documento no indica desde dónde habló Menem.
Su valor no reside en atribuir a Menem el desenlace soviético, sino en mostrar que la Casa Blanca lo consideró un interlocutor para construir una respuesta internacional al golpe.
Una Argentina que acababa de enfrentar sus propias rebeliones militares
Menem había asumido en julio de 1989 en medio de la hiperinflación y una profunda crisis institucional. La democracia recuperada en 1983 todavía enfrentaba desafíos castrenses: en diciembre de 1990, el gobierno reprimió un nuevo levantamiento militar. La subordinación de las Fuerzas Armadas al poder constitucional tenía, por tanto, una resonancia inmediata en la experiencia argentina.
Menem y Gorbachov representaban proyectos económicos y políticos muy diferentes. Pero la cuestión planteada por el golpe no exigía compartir la ideología soviética: exigía determinar quién conservaba la legitimidad constitucional.
La conversación: Gorbachov, Yeltsin y la legitimidad constitucional
Menem expresó su preocupación por los acontecimientos soviéticos. Señaló que acababa de regresar de Brasil, donde había conversado con Fernando Collor de Mello, y que ambos gobiernos habían emitido una declaración sobre la crisis. Bush le informó de su conversación con Yeltsin, quien exigía la liberación de Gorbachov y cuestionaba la versión de los golpistas sobre una supuesta enfermedad del presidente.
Bush explicó que Washington no reconocería la legitimidad de las nuevas autoridades. Menem manifestó que Argentina tampoco las reconocería. Cuando el argentino preguntó si liberar a Gorbachov significaba restituirlo a la Presidencia, Bush respondió afirmativamente: el titular constitucional seguía siendo Gorbachov, no el vicepresidente Guennadi Yanáyev ni el comité golpista.
El memorándum conserva, en inglés, expresiones como “I am worried about what is happening in the Soviet Union” (Menem: «Estoy preocupado por lo que está sucediendo en la Unión Soviética»); “He is the constitutional leader of the Soviet Union” (Bush: «Él es el líder constitucional de la Unión Soviética»); y “Your support is important” (Bush: «Su apoyo es importante»).
Bush pide a Menem que hable con otros presidentes
Bush consideraba que las declaraciones de gobiernos democráticos contribuirían a aislar políticamente a los golpistas. Pidió a Menem que transmitiera a otros presidentes latinoamericanos la importancia de sostener una posición clara. Menem aceptó colaborar. No hay pruebas de que esa gestión determinara el fracaso del golpe, pero sí queda documentada la solicitud estadounidense y el compromiso argentino.
Antes de despedirse, Menem preguntó si podía hacer pública la conversación: “Finally, George, I would like to know if I can make this conversation public in Argentina?” («Finalmente, George, quisiera saber si puedo hacer pública esta conversación en la Argentina»). Bush respondió afirmativamente y expresó que también podía divulgarla en Estados Unidos.
El diálogo terminó con referencias informales al tenis y al fútbol. Tras discutir la continuidad constitucional de una superpotencia nuclear, los presidentes recuperaban por unos instantes el tono de una relación personal.
El fracaso del golpe y el final de la Unión Soviética
El 21 de agosto, la tentativa golpista se derrumbó. La resistencia encabezada por Yeltsin, la movilización ciudadana y la falta de cohesión entre los conspiradores precipitaron su fracaso.
Gorbachov regresó a Moscú, pero su autoridad quedó debilitada. El 25 de diciembre de 1991 renunció a la Presidencia; la Unión Soviética desapareció como Estado.
Gorbachov en Buenos Aires: un encuentro después del poder
A fines de noviembre de 1992, Gorbachov visitó la Argentina ya como expresidente y se reunió con Menem. Su agenda incluyó conferencias, entrevistas y actividades públicas: una participación en Hora Clave, un almuerzo en los carritos de la Costanera y una presentación en el Gran Rex, donde Norma Plá expresó sus reclamos por la situación de los jubilados.
Según el testimonio que motiva esta reconstrucción, Gorbachov quiso agradecer personalmente a Menem su posición durante el golpe. La reunión está documentada; el motivo específico de gratitud permanece pendiente de confirmación mediante una declaración contemporánea o una minuta oficial.
Moscú, junio de 1998: Menem frente a la Rusia de Yeltsin
En junio de 1998, Menem llegó a Moscú para reunirse con Borís Yeltsin, protagonista de la resistencia de agosto de 1991 y presidente de la Federación Rusa. La visita tuvo lugar en un contexto de dificultades financieras rusas y búsqueda de oportunidades comerciales. La Nación, en su crónica del 25 de junio, describió la agenda económica y diplomática, la recepción de Menem por autoridades rusas y las conversaciones previstas sobre comercio y asuntos internacionales.
La secuencia era reveladora: Menem había hablado con Bush mientras el golpe amenazaba a Gorbachov; había recibido al antiguo líder soviético después de su renuncia; y ahora dialogaba con Yeltsin, el dirigente que había encabezado la resistencia. No fueron reuniones conjuntas ni acontecimientos equivalentes, sino tres escenas de una transformación histórica.
El valor de una conversación que sobrevivió a la historia
Cuando Menem asumió en 1989, existían todavía el Muro de Berlín y la Unión Soviética. Cuando dejó el poder en 1999, ambos pertenecían a la historia. La política exterior argentina de esos años, caracterizada por un acercamiento estratégico a Estados Unidos y una participación activa en foros internacionales, suscitó respaldos y críticas que también forman parte de su balance.
La documentación desclasificada permite sostener una conclusión precisa: durante una crisis mundial, Bush conversó con Menem, escuchó su posición y le pidió colaborar para movilizar respaldo regional a la continuidad constitucional soviética. Menem rechazó el golpe, manifestó que Argentina no reconocería a las nuevas autoridades y aceptó contactar a otros presidentes. La historia internacional de un país también se escribe con las conversaciones que sus mandatarios mantienen cuando el mundo está cambiando.















