
German Luis Kammerath, ex Intendente de la Ciudad de Córdoba, Diputado Provincial, Diputado Nacional y Vicegobernador de dicha provincia, llevó adelante en Reporte Asia un análisis sobre la importancia de las telecomunicaciones y el impacto histórico de su llegada.
A continuación, reproducimos lo expresado en dicho artículo:
En junio de 1999, después de más de dos años de controversias y demoras judiciales, la Argentina protagonizó una subasta pública de frecuencias de telefonía móvil que sorprendió al mercado y a LATAM. En una hora, el Estado obtuvo compromisos de pago por 976,5 millones de dólares. Las adjudicaciones posteriores en el interior elevaron el resultado a 1.273,5 millones. Una estrategia política y regulatoria consolidó ese resultado inédito.
Hay riquezas que permanecen ocultas durante millones de años bajo la tierra. Y hay otras que atraviesan el aire, invisibles, esperando que una sociedad encuentre la inteligencia, las instituciones y las reglas necesarias para aprovecharlas.
Hoy la Argentina deposita grandes expectativas en Vaca Muerta. Pero mucho antes de que los hidrocarburos no convencionales ocuparan el centro de la agenda económica, nuestro país había descubierto otra fuente extraordinaria de valor: el espectro radioeléctrico. No había que perforar pozos ni construir oleoductos. Había que organizar una competencia, atraer inversiones y permitir que las empresas desarrollaran las redes del futuro.
En junio de 1999, esa estrategia produjo un resultado excepcional.
En aproximadamente una hora, una subasta pública de frecuencias para los Servicios de Comunicaciones Personales, conocidos como PCS, generó compromisos de pago por casi mil millones de dólares. Las adjudicaciones posteriores en el interior elevaron la cifra a más de 1.200 millones. Detrás de aquel resultado hubo una decisión regulatoria, años de dificultades judiciales, una competencia empresarial de enorme intensidad y una historia personal que comenzó alrededor de una mesa del Círculo Italiano de Buenos Aires.
El pacto de caballeros con Agostino Rocca
Conocía a Agostino Rocca, CEO del Grupo Techint, desde hacía tiempo. Habíamos compartido almuerzos en el Círculo Italiano y conversaciones sobre inversiones, industria, tecnología y las oportunidades que ofrecía la transformación de las telecomunicaciones. Lo había conocido en su oficina cuando, como diputado nacional y junto al Intendente de La Carlota Guillermo Petrone, le presentamos la necesidad de hacer una rotonda vial en esa ciudad (Techint tenía la concesión vial).
Nuestra relación también había tenido capítulos fuera de la Argentina. Durante una visita a Buenos Aires del Grupo Televisa, con Emilio Azcárraga Jean y Miguel Alemán Magnani organicé un desayuno en el Hotel Alvear junto a Agostino y otros directivos de Techint, ya que ese grupo estaba desembarcando en México con su empresa siderúrgica. Durante una visita a México me reuní con el gobernador de Veracruz, Miguel Alemán Velasco, en su despacho de Xalapa. Después visité las instalaciones de TAMSA, el impresionante complejo siderúrgico vinculado con Techint, ubicado en la zona de Veracruz. Recuerdo la satisfacción que expresaba el gobernador por aquella inversión. Para mí fue una demostración de la capacidad de una empresa de origen argentino para desarrollar proyectos industriales de gran escala en el exterior.
Aquellos antecedentes habían construido una relación de conocimiento y confianza. Durante uno de nuestros almuerzos en el Círculo Italiano le expliqué a Rocca las dificultades que enfrentaba la licitación de las frecuencias PCS. Le conté que habíamos decidido utilizar un procedimiento de subasta pública ascendente y que consideraba fundamental contar con una participación empresarial suficientemente intensa para revelar el valor económico de las frecuencias.
Le pedí que Techint participara seriamente, compitiendo hasta donde sus propios intereses empresariales lo justificaran. Agostino aceptó. No le pedí que ganara. No le ofrecí ninguna ventaja. No acordamos precios ni adjudicaciones. Le pedí que compitiera. Y cumplió su palabra. La presencia de Techint en la subasta era clave.
El Grupo Techint, a través de AirTouch, decidió participar. Aquella actitud tuvo para mí el valor de un gesto de caballerosidad empresarial: responder a una invitación a competir, dentro de reglas públicas y comunes a todos los interesados, en un procedimiento importante para el país. Tantas acciones hostiles de Telefónica en ese entonces, y las demoras que acarreaba, habían desalentado a algunos interesados. El pacto del Círculo Italiano no fue un acuerdo sobre quién debía ganar. Fue un compromiso de competir.
Dos años de obstáculos y una estrategia para superarlos
La adjudicación de frecuencias PCS había atravesado un camino difícil. Durante más de dos años, controversias administrativas, impugnaciones y decisiones judiciales demoraron el procedimiento. Telefónica de Argentina estuvo entre las empresas que cuestionaron judicialmente aspectos de las condiciones iniciales de la licitación. La situación tenía una particularidad histórica: Techint había estado vinculada accionariamente con Telefónica durante la etapa de las privatizaciones. Sin embargo, en esta oportunidad participaría en una propuesta empresarial diferente, vinculada con AirTouch.
La contribución de AirTouch que lideraba Techint resultó significativa: cuando finalmente se pudo realizar la licitación, la presencia de Techint ayudó a sostener una competencia empresarial genuina, a generar ingresos extraordinarios al Estado nacional y a movilizar nuevos actores en telefonía móvil.

La estrategia gubernamental que llevé adelante como secretario de comunicaciones consistió en avanzar hacia un procedimiento de subasta pública en el que los propios interesados compitieron públicamente. El marco normativo, integrado por el Decreto 266/98, sus modificaciones y las resoluciones de la Secretaría de Comunicaciones, estableció las condiciones para la adjudicación. La Resolución SC Nº 4370/99 contempló una subasta pública. Las reglas del procedimiento preveían que las ofertas económicas fueran formuladas a viva voz, ante el público y los medios de comunicación. Era un mecanismo innovador para una licitación de semejante magnitud en el sector argentino de las telecomunicaciones. Cada empresa conocería las ofertas de sus competidores. Cada nueva propuesta obligaría a los demás a decidir si estaban dispuestos a mejorarla.
El Estado no debía adivinar cuánto valían las frecuencias. Debía organizar una competencia capaz de revelar ese valor.
El salón Eva Perón: la emoción de una jornada histórica
Todavía recuerdo la atmósfera de aquella mañana. El salón de actos del Palacio de Correos, sede de la Secretaría de Comunicaciones y conocido como salón Eva Perón, estaba colmado. Había ejecutivos de grandes compañías internacionales, representantes de empresas argentinas, funcionarios, especialistas y periodistas. Se respiraba expectativa.
Los asistentes sabían que estaban presenciando una experiencia singular para nuestro país: una adjudicación de frecuencias mediante una competencia pública ascendente, desarrollada frente a todos y registrada por las cámaras. No había ofertas secretas que debieran esperar días para conocerse. Cada nueva cifra aparecía ante los presentes. Cada movimiento podía modificar el resultado. Cada decisión de continuar o retirarse tenía consecuencias económicas inmediatas.
Alejandro Cima, Subsecretario de Comunicaciones, y Roberto Catalán, Presidente de la Comisión Nacional de Comunicaciones, condujeron el remate. En la subasta metropolitana participaron cuatro grupos: el consorcio Telefónica–Telecom; la estadounidense GTE, vinculada con CTI; Electrosecur; y Airtech, integrado por AirTouch y Techint. Este último estuvo representado durante la puja por Héctor Masoero, director de Nuevos Proyectos de Techint, según mi recuerdo de aquella jornada.
La participación de Masoero era un mensaje claro al mercado y era una señal de que Techint jugaba en serio, y tenía para mí un significado especial. Masoero estaba allí como representante de un consorcio que evaluaba una oportunidad comercial concreta. Pero su presencia también materializaba el compromiso que Agostino Rocca había asumido conmigo durante aquel almuerzo en el Círculo Italiano. Recuerdo su actuación con particular reconocimiento. La competencia fue intensa. Las empresas debían evaluar sus posibilidades, sus límites financieros y el valor estratégico de las frecuencias. Los números crecían ante los ojos de los asistentes (sugiero ver la subasta de PCS en YouTube).
La primera oferta fue de 100 millones de dólares, presentada por Electrosecur. Telefónica y Telecom respondieron con 180 millones. Airtech elevó la propuesta a 185 millones y GTE ofreció 186.
La puja continuó. En la tercera ronda, Electrosecur decidió retirarse. En la cuarta, Telefónica y Telecom llegaron a 350 millones de dólares, una cifra ante la cual Airtech resolvió no continuar. GTE alcanzó una oferta de 301 millones. Aproximadamente a las diez de la mañana, una hora después de comenzado el remate, se conocieron las propuestas ganadoras.
La emoción de aquella sala no se explica únicamente por las cifras. Era la sensación de que la Argentina estaba utilizando un mecanismo competitivo y público para administrar un recurso estratégico de enorme valor. La subasta quedó registrada en video, y ese registro audiovisual conserva una fuerza extraordinaria: permite recuperar el clima de tensión, las intervenciones de los representantes empresariales y la atmósfera de una jornada que merece un lugar en la historia económica argentina.
La hora en que el Estado obtuvo casi mil millones de dólares
El resultado superó las expectativas. En aproximadamente una hora, la adjudicación metropolitana generó compromisos de pago por 976,5 millones de dólares.
La distribución fue la siguiente:
- Telefónica–Telecom: 350 millones de dólares.
- GTE: 301 millones de dólares.
- Movicom: 162,75 millones de dólares.
- Miniphone: 162,75 millones de dólares.
Las dos primeras cifras surgieron de las ofertas ganadoras en la subasta. Las dos restantes correspondieron a asignaciones de menor capacidad, previstas reglamentariamente para operadores existentes y calculadas a partir de los precios de las ofertas principales.
El diario Clarín resumió el acontecimiento con un título memorable: «En una hora, Roque consiguió 1.000 millones de dólares». La referencia era al ministro de Economía, Roque Fernández, que valoró especialmente la magnitud del resultado fiscal. Al finalizar aquella jornada recibí una llamada del presidente Carlos Menem para felicitarme. También me llamó Roque Fernández. Fueron momentos de enorme satisfacción personal. Pero lo verdaderamente importante era que el Estado argentino había conseguido transformar la competencia por un recurso público en un resultado económico extraordinario.
Las adjudicaciones posteriores correspondientes al interior del país agregaron otros 297 millones de dólares. Así, el proceso completo alcanzó 1.273,5 millones de dólares.
No fueron 1.200 millones obtenidos en una sola hora. La cifra de casi mil millones correspondió a la subasta metropolitana; el total superior a 1.200 millones se alcanzó con las adjudicaciones posteriores. La distinción importa porque permite apreciar con precisión la magnitud de ambos resultados.
La riqueza que no figuraba en las cuentas del Tesoro
Sin embargo, el ingreso fiscal era solamente una parte de la historia. Las empresas no competían por las frecuencias para guardarlas. Las necesitaban para construir redes, instalar estaciones radiobase, ampliar la cobertura, desarrollar plataformas tecnológicas y comerciales y ofrecer nuevos servicios a millones de argentinos. Detrás de las licencias existían inversiones en equipamiento, infraestructura, proveedores, ingenieros, técnicos, instaladores, sistemas informáticos, centros de atención y redes comerciales.
La prensa de la época anticipaba inversiones superiores a 400 millones de dólares vinculadas con las nuevas redes metropolitanas. Y pronto comenzaron a aparecer resultados concretos.
En marzo de 2000, La Nación informó que Personal había inaugurado una nueva red digital PCS en Buenos Aires y sus alrededores, cuya construcción había demandado una inversión de 430 millones de pesos, equivalentes entonces a dólares bajo el régimen de convertibilidad. Esa inversión correspondía a una empresa y a una red específica. No debe confundirse con la totalidad de las inversiones derivadas de la licitación, pero constituye una evidencia concreta de la magnitud del despliegue tecnológico que siguió a las adjudicaciones.
La recaudación obtenida por el Estado y las inversiones realizadas por las empresas son dos dimensiones diferentes de un mismo proceso. La primera permitió obtener recursos fiscales extraordinarios. La segunda contribuyó a ampliar la infraestructura, la capacidad de las redes y las posibilidades de elección de los usuarios. Por eso, aquella jornada debe entenderse dentro de la transformación más amplia de las telecomunicaciones argentinas durante los años noventa.
La expansión de la telefonía fija, la digitalización de las centrales, el crecimiento de la telefonía celular, las comunicaciones satelitales, la fibra óptica y el desarrollo de Internet estaban modificando la economía y la vida cotidiana.
Fue una década de extraordinario dinamismo tecnológico. La licitación del PCS formó parte de esa transformación y contribuyó a profundizarla. El Estado obtuvo más de 1.200 millones de dólares por las frecuencias. Las empresas, a su vez, encontraron nuevas oportunidades para invertir y competir en la construcción de las redes del futuro.
Una experiencia argentina en una revolución latinoamericana
El remate también debe ubicarse en un contexto regional. Durante los años noventa, América Latina atravesó un proceso de apertura, modernización y reorganización de sus mercados de telecomunicaciones. Las tecnologías móviles se expandían, las empresas internacionales buscaban nuevos mercados y los gobiernos debían definir cómo administrar el espectro radioeléctrico y promover inversiones. Argentina participó activamente de esa transformación.
La subasta de 1999 fue observada por el sector regional por la magnitud de sus resultados y por la competencia entre grupos internacionales. En septiembre de aquel año, la publicación especializada estadounidense RCR Wireless News destacó el impacto de la licitación argentina en el contexto de la expansión del PCS en Sudamérica. El resultado tenía una particularidad: el monto total comprometido por las frecuencias superaba los 1.270 millones de dólares, una cifra considerable para un mercado latinoamericano.
Años después, un estudio de la CEPAL señaló que la recaudación obtenida por las licencias PCS superó incluso el ingreso que el Estado argentino había percibido en 1990 por la venta del 60% del capital de las dos empresas surgidas de la privatización de ENTel. La comparación no significa que se tratara de operaciones equivalentes. Una fue una venta accionaria y la otra una adjudicación de derechos de uso del espectro. Pero permite apreciar la magnitud económica de la licitación.
La experiencia también tuvo límites que deben reconocerse: buena parte de las licencias terminó en manos de operadores que ya tenían presencia en el mercado. La expansión de la competencia se produjo, por lo tanto, principalmente entre grandes compañías existentes, con una reorganización de sus áreas de operación y una ampliación de sus capacidades. Precisamente por eso, la experiencia resulta interesante para el análisis regional: demuestra el potencial de las subastas para revelar el valor económico del espectro, pero también la importancia de diseñar reglas que favorezcan la entrada de nuevos operadores y eviten una concentración excesiva.
La Vaca Muerta invisible del progreso
Hoy hablamos de Vaca Muerta como una oportunidad estratégica para la Argentina. Pero la riqueza de un país no se encuentra solamente bajo su suelo. También está en el conocimiento, en la innovación, en las infraestructuras y en su capacidad para organizar mercados que atraigan inversiones y promuevan la competencia. El espectro radioeléctrico es un recurso público invisible. Su valor depende de la tecnología, de la demanda de servicios, de las inversiones que permiten aprovecharlo y de las reglas institucionales que ordenan su utilización.
La comparación con Vaca Muerta no es geológica. Es económica. Ambos recursos pueden generar inversiones, actividad empresarial y desarrollo. Pero ninguno produce prosperidad automáticamente. Se necesitan reglas, capital, tecnología, infraestructura y capacidad de ejecución. En 1999, la Argentina demostró que podía convertir un recurso intangible en una oportunidad económica concreta. No habíamos descubierto petróleo. Habíamos organizado una competencia para que las empresas construyeran las redes del futuro.
La estrategia que funcionó
Conservo un recuerdo especialmente afectuoso de Agostino Rocca y de la actuación de Héctor Masoero. El primero aceptó participar de una estrategia basada en la competencia abierta. El segundo representó al consorcio AirTouch–Techint en una jornada que terminó superando ampliamente las expectativas fiscales.
Aquella experiencia confirmó una convicción que me acompañó durante toda mi gestión. El Estado debe establecer reglas claras, promover la competencia y procurar que el aprovechamiento de sus recursos genere beneficios públicos. No necesita sustituir la iniciativa de las empresas, sino crear las condiciones para que esa iniciativa se traduzca en inversiones, innovación y servicios.
El remate quedó filmado. Las cifras quedaron documentadas. Las redes desplegadas posteriormente forman parte de una transformación cuyo alcance económico merece seguir siendo estudiado. Cuando vuelvo a mirar aquellas imágenes, no veo solamente a empresarios levantando ofertas. Veo una Argentina que buscaba incorporar tecnología, atraer inversiones y participar de una revolución que estaba cambiando el mundo. Veo el entusiasmo de quienes presenciaron aquella jornada. Recuerdo la satisfacción de Roque Fernández por el resultado fiscal y las felicitaciones del presidente Menem. Y vuelvo, inevitablemente, a aquella mesa del Círculo Italiano, donde Agostino Rocca había aceptado mi pedido de participar seriamente en la competencia.
Argentina no solamente adjudicó frecuencias. Demostró que podía convertir una riqueza invisible en una oportunidad de progreso. Esa fue, para mí, la verdadera dimensión de la histórica e irrepetible subasta de PCS.
Fuentes documentales y audiovisuales
Normativa oficial
- Decreto PEN N.º 266/98. Pliego de bases y condiciones del concurso PCS para el AMBA.
- Resolución SC N.º 4370/99. Cronograma y procedimiento de la subasta pública.
Prensa contemporánea
- Clarín, junio de 1999, «En una hora, Roque consiguió 1.000 millones de dólares».
- La Nación, 23 de junio de 1999, «PCS: se recaudaron $297 millones más».
- La Nación, 8 de marzo de 2000, información sobre la inauguración de la red PCS de Personal y la inversión de 430 millones de pesos.
- RCR Wireless News, 1 de septiembre de 1999, «PCS Ramps Up in South America».
Estudios económicos
- CEPAL, Serie Recursos Naturales e Infraestructura N.º 93, cuadro 20, recaudación fiscal obtenida mediante licitaciones PCS en Argentina, 1999.
Fuente audiovisual primaria
- Revolución de las Telecomunicaciones – Subasta de PCS para el AMBA. Registro audiovisual histórico de la subasta de 1999. https://youtu.be/1SX4qbXdf24.













