Argentina tuvo su escándalo Beckham-Peltz: el matrimonio rechazado por la familia de un presidente porque ella era artista
Brooklyn, el hijo mayor de una de las familias más famosas del mundo, ventiló la interna entre sus padres y su actual mujer. Muchos años antes pasó algo similar en la historia argentina, un romance que escandalizó a una de las familias más poderosas de la sociedad.

Estalló el escándalo en la familia de David y Victoria Beckham, su hijo mayor -Brooklyn- expuso la interna familiar y el supuesto destrato para con su esposa Nicola Peltz. En un extenso comunicado en redes sociales, el primogénito se despachó con duras palabras para con sus progenitores, especialmente su madre. Pero lo que hoy es una polémica que paraliza a la farándula mundial, sucedió hace muchos años en Argentina e involucró a un presidente y su esposa, una artista en ascenso.
Marcelo T. de Alvear y Regina Pacini fueron protagonistas de un amor tan sincero como doloroso, tan pasional como trágico. En pleno auge en sus carreras se conocieron para nunca más separarse, pero la resistencia en la familia de él no se hizo esperar.
Marcelo y Regina
Alvear nació el 4 de octubre de 1868 y pertenecía a una de las familias más prestigiosas del país: nieto del general Carlos María de Alvear e hijo y hermano de dos intendentes porteños. Primero fue embajador y diputado, el tiempo le tendría reservada una tarea mayor. Ella era portuguesa nacida el 6 de enero 1871, su papá italiano fue director del Teatro Real de Lisboa y desde pequeña se rodeó de artistas, cantando en sus tiempos libres y demostrando su talento.
La carrera de Regina comenzó a los 16 años, casi sin quererlo porque debió reemplazar a la cantante principal que se enfermó. En el teatro portugués se lució como soprano ligera con la ópera La Sonámbula y en donde se llevó la primera de varias ovaciones. Su talento la llevó a cantar en los mejores teatros del mundo. Europa se rendía a sus pies y parecía que solo una fatalidad, o el amor, podría ponerle un parate a semejante carrera. Sucedió lo segundo.

En 1899 Regina pisó suelo argentino, se presentó en el Teatro Politeama de Buenos Aires. Entre los presentes se encontraba un tal Alvear que cayó ante su voz y presencia. No se perdería ninguna función de las que brindó.
Cada noche él enviaba flores y regalos que ella revolvía. Parecía que las estrategias de conquista no eran efectivas, ella dejó Buenos Aires para irse rumbo a San Petersburgo para seguir con su agenda. Él la siguió.
Su gira por Europa continuó y cuenta el historiador Eduardo Lazzari que cuando debía presentarse en el Teatro Real de San Carlos, ella salió a escena y para sorpresa encontró el teatro vacío y solo a Alvear en uno de los palcos. “Hoy cantás sólo para mí”, le dijo porque había comprado todas las entradas.
Alvear siguió viajando a Europa durante varias temporadas para acortejarla, hasta que en 1901 ella regresó a Buenos Aires y en 1903 le propuso casamiento, pero con una condición: que Regina deje su carrera para tenerla solo para él. Algo egoísta e innegociable para nuestra época y algo tan común para principios del siglo XX.
Aceptó, pero con la condición de poder cantar por cuatro años más. Se pusieron de acuerdo, aunque la futura suegra se negó rotundamente y fue el inicio de una mala relación entre ella y Alvear.

El escándalo familiar
La noticia del casamiento fue un escándalo para la sociedad porteña. Que un político se casara con una artista, sin importar su éxito, era inviable. Hasta el hermano de Alvear intentó mediar para impedir la boda.
En plena despedida de soltero recibió un telegrama con 500 firmas para que recapacite y no se case con una cantante extranjera. Por supuesto, nada evitó la boda que se llevó a cabo el 29 de abril de 1907 en Lisboa.
Después de una larga luna de miel en Europa regresaron a Buenos Aires, era 1911 y la alta sociedad porteña le hacía el vacío a Regina. Fue Julio A. Roca quien organizando una fiesta y dándole al matrimonio el nombre de invitados de honor quien logró que la burguesía comience a aceptarla, pero no así la familia de Marcelo.
La concuñada de Regina, María Unzué de Alvear, le hizo la vida imposible desde el inicio. María fue hija de Saturnino Unzué, uno de los estancieros más ricos del país, y presidenta de la Sociedad de Beneficencia. Se casó con Ángel de Alvear en 1885 y al no tener hijos, dedicó su inmensa fortuna a la caridad religiosa, lo que la hizo ser nombrada Condesa Pontificia y, más tarde, Marquesa Pontificia por el Papa Pío XI.

Regina no fue bien recibida por la élite porteña y menos por la familia de Marcelo que decidió no asistir a la boda, debido a su carrera como artista lírica. Ni aun luego de convertirse en primera dama logró ser aceptada.
María tenía un palacio ubicado en la Avenida Alvear, epicentro de la sociedad porteña y al que no dejaba entrar a personas divorciadas ni aquellas de vida cuestionable, como para ella lo era Regina. Pero tras la muerte tanto de Ángel como del expresidente en 1942, la Marquesa Pontificia decidió que era hora de acercarse a Regina y para esto decidió visitarla en su casa para darle el pésame, pero la cantante se negó a recibirla.

La artista cada lunes visitaba el mausoleo familiar de los Alvear en el Cementerio de la Recoleta, se sentaba en una silla blanca para pasar horas hablándole al féretro del hombre por el que dejó todo.
Regina murió el 18 de septiembre de 1965, tenía 94 años. Sus restos se encuentran en Recoleta, descansando eternamente junto a su amor.


















