La "zorrería" de Roca
La "zorrería" de Roca Foto: Archivo

Argentina estuvo muy cerca de entrar en guerra con Chile, mucho antes de la Guerra de Malvinas en 1982, la tensión con el país trasandino y el Gobierno estaban al máximo. Pero una jugada del entonces presidente salvó al país de un enfrentamiento por la Patagonia.

Julio Argentino Roca, dos veces presidente de la Argentina, no lo apodaban “El Zorro” porque sí. Su astucia y viveza para encargarse de asuntos políticos y manejar los hilos del poder le valieron ser un personaje central de finales del siglo XIX. Esa viveza fue vital para que en 1899 lograra parar lo que parecía una inevitable guerra. Cómo un gesto del hombre más importante de la época logró traer paz a una región en constante disputa.

Gira clave por la Patagonia

Tres meses después de asumir su segunda presidencia, Roca realizó su primer acto de gobierno de relevancia al decidir visitar distintos poblados y regiones de la Patagonia durante enero y febrero de 1899. El viaje tuvo como pretexto la reunión prevista en la ciudad chilena de Punta Arenas, donde el 15 de febrero se reuniría con el presidente Federico Errázuriz.

El 20 de enero tomó un tren de la empresa Ferrocarril del Sud con destino a Bahía Blanca donde estuvo observando el avance de las obras del Puerto Militar y al anochecer embarcaron en el acorazado “Belgrano” con destino a Puerto Madryn.

El 23 de enero llegaron a Puerto Madryn y tomaron un pequeño ferrocarril hasta Trelew. Recorrió Gaiman, Rawson y el valle del Chubut, donde se reunió con la comunidad de inmigrantes galeses. En aquellos días la prensa nacional informaba sobre un pedido formulado por algunos residentes galeses del Chubut al Parlamento del Reino Unido que solicitaban el protectorado de la corona británica. Roca se reunió con los vecinos, a los que recordó personalmente la decisión irrevocable del Estado de asimilarlos al resto del país, y escuchó sus reclamos: que el gobernador hablara inglés para poder entenderse directamente, que no se hicieran ejercicios militares los domingos y que se mejoraran las comunicaciones con Buenos Aires.

Julio Argentino Roca en la Patagonia Foto: Archivo

Anunció que enviaría dos maestros argentinos para Trelew y Gaiman, que se establecería una sucursal del Banco de la Nación y que una unidad del Ejército Nacional se instalaría en el área; además, se comprometió al incremento de la frecuencia de los transportes marítimos y la extensión de las líneas telegráficas. También hizo una donación de 500 pesos de su propio bolsillo para la escuela que se estaba construyendo en la zona. Terminó su visita a la colonia compartiendo tortas galesas con los vecinos y cantando el Himno Nacional con ellos, quienes lo aprendieron en tiempo récord debido a que eran pocos los que hablaban castellano.

El viaje continuó y se detuvieron en la desembocadura del río Santa Cruz, donde el presidente visitó algunos estancias de los alrededores, casi todas ellas propiedad de inmigrantes británicos, siguieron hacia Río Gallegos, donde se alojó en la casa del gobernador Matías Mackinlay Zapiola. Dio un discurso prometiendo a los ciudadanos del pequeño pueblo un nuevo reparto de tierras, como así también el incremento de las comunicaciones marítimas. Además, adelantó la llegada de la sucursal del Banco Nación y del telégrafo, y la supresión de los recargos aduaneros, para que los habitantes de toda la Patagonia pudieran importar libremente todo lo que necesitaran. Todos sus juramentos fueron cumplidos, como sucedió también con las hechas a los galeses.

Siguió con su viaje y llegó a Tierra del Fuego, donde visitó el primer aserradero de la zona, la primera cárcel de reincidentes y saludó a la oficialidad de la Marina que se encontraba realizando maniobras militares. En Ushuaia visitó la estancia de Thomas Bridges, un pastor anglicano que había estado a cargo de la misión religiosa de la zona hasta que en 1886 renunció a su puesto, viajando a Buenos Aires para solicitar tierras allí.

Luego visitaron los campamentos de los indios yaganes y onas que trabajaban en el establecimiento. La estadía de Roca en Ushuaia duró hasta el día 11 de febrero, cuando comenzó su viaje hacia Punta Arenas.

La “zorrería” de Roca

Ya en Chile, el entonces primer mandatario tuvo un gesto clave: su par Errázuriz estaba bordo de la flota chilena y había enviado una delegación para saludarlo y ofrecerle su visita, pero el tucumano se le adelantó embarcándose en el Acorazado O’Higgins junto a sus ministros.

Errázuriz abordando el acorazado Belgrano. Foto: Caras y Caretas
Errázuriz abordando el acorazado Belgrano. Foto: Caras y Caretas

Errázuriz lo saludó con un apretón de manos y no con un abrazo. Pero de todos modos este suceso pasó a la historia como “El abrazo del Estrecho”. La banda militar de la marina chilena ejecutó los himnos y luego el chileno abordó el Belgrano para repetir las mismas formalidades.

La reunión se repitió el 16 de febrero, podría decirse la más importante porque durante el brindis ambos presidentes dijeron algunas palabras que darían cuenta del futuro de las negociaciones.

Errázuriz dijo:

La paz, siempre benéfica, es fecunda entre naciones vecinas y hermanas, armoniza sus intereses materiales y políticos, estimula su progreso, da vigor a sus esfuerzos, hace más íntimos sus vínculos sociales y contribuye a la solución amistosa de sus dificultades y conflictos. La paz es un don de la Divina Providencia.

El "abrazo del estrecho" que salvó a la Argentina de una guerra. Foto: Archivo General de la Nación
El "abrazo del estrecho" que salvó a la Argentina de una guerra. Foto: Archivo General de la Nación

Roca le respondió:

La paz, como medio y como fin de civilización y engrandecimiento es, en verdad, un don de la Divina Providencia, pero es también un supremo deber moral y práctico para las naciones que tenemos el deber de gobernar. Pienso, pues, como el señor presidente de Chile y confundo mis sentimientos y mis deseos con los suyos, como se confunden en estos momentos las notas de nuestros himnos, las salvas de nuestros cañones y las aspiraciones de nuestras almas.

Fue así que llegaron a un acuerdo: que la cuestión de límites se haría por el camino diplomático. Con respecto al problema de Atacama entre el 1 y 9 de marzo de 1899 se resolvió, a partir de un laudo en Buenos Aires, que Argentina se quedaría con el 80% y Chile el 20% restante.

Tres años después, en 1902, se firmaron los Pactos de Mayo donde las naciones renunciaban a reclamos de expansiones territoriales. “El Zorro” lo había hecho otra vez.