Cerrito, el sorprendente origen militar de una de las calles más transitadas de Buenos Aires
Bajo el ritmo acelerado del Microcentro porteño, la calle Cerrito esconde un origen que pocos imaginan. Su nombre homenajea una batalla decisiva de la independencia rioplatense, un episodio militar que quedó grabado en la memoria histórica pese a desarrollarse lejos de Buenos Aires. Hoy, entre el Obelisco y el Teatro Colón, Cerrito combina modernidad y tránsito, pero su identidad sigue anclada en aquel enfrentamiento que marcó un antes y un después.

En el corazón del Microcentro porteño, rodeada de tránsito, arquitectura monumental y miles de historias que se entrecruzan a diario, la calle Cerrito es una de esas arterias que muchos caminan sin reparar en su pasado. Aunque hoy forma parte del corredor que integra la avenida 9 de Julio —una de las más anchas del mundo—, esta calle encierra en su nombre y su trazado un capítulo poco recordado de la historia rioplatense.
Como ocurre con la mayoría de las calles de Buenos Aires, los nombres no son caprichosos: responden a decisiones políticas, homenajes, referencias geográficas o episodios militares. La ciudad, desde sus orígenes coloniales, construyó su identidad también a través de su nomenclatura urbana. Tras las Invasiones Inglesas, por ejemplo, se modificaron numerosos nombres para homenajear a los patriotas que habían defendido la ciudad, según documenta el Archivo Histórico sobre la nomenclatura porteña. Sin embargo, Cerrito pertenece a otra categoría: su nombre remite a un episodio militar clave, aunque muchas veces olvidado.
Un nombre que viene de más allá del Río de la Plata
La denominación “Cerrito” se atribuye tradicionalmente a la Batalla del Cerrito, librada el 31 de diciembre de 1812, durante el sitio patriota a Montevideo. Fue un enfrentamiento decisivo entre las fuerzas revolucionarias y los realistas, quienes desde la ciudad oriental resistían la autoridad del nuevo gobierno surgido tras la Revolución de Mayo. La batalla tuvo lugar en un pequeño promontorio —el “cerrito”— desde cuyas faldas se desplegaron los regimientos del ejército patriota, incluyendo dragones, blandengues y milicias artiguistas, que lograron finalmente recuperar la posición tomada por los realistas.

Aunque la batalla ocurrió en territorio uruguayo, la victoria fue celebrada en Buenos Aires como un impulso clave para consolidar el dominio revolucionario en la región. En este contexto, no es extraño que los planificadores urbanos del siglo XIX incluyeran su nombre dentro del conjunto de calles que recuerdan episodios y figuras de la independencia, como explica la historiografía sobre la nomenclatura de la ciudad, que resalta la importancia simbólica de estas decisiones en la construcción del relato nacional.

Cerrito hoy: entre el Obelisco y el Teatro Colón
Más allá de su origen histórico, la calle Cerrito ocupa hoy un espacio fundamental en la trama urbana del Microcentro. Corre paralela a Carlos Pellegrini y forma parte del anillo que acompaña la traza de la Avenida 9 de Julio. A lo largo de su recorrido, conecta puntos icónicos como el Obelisco, la Plaza Libertad y la zona del Teatro Colón, tal como muestran sus registros cartográficos y recorridos urbanos actuales.
Cerrito combina sectores residenciales, embajadas, edificios patrimoniales y el pulso acelerado del centro porteño. Es una calle que se vive, se transita y se respira a diario, pero cuyo nombre nos devuelve, cada vez que lo recordamos, a un episodio decisivo de la lucha por la independencia.

Una memoria que sigue en pie
En una ciudad donde los nombres suelen cambiar con los tiempos políticos —como demuestra la historia de numerosas calles renombradas a lo largo del siglo XIX y XX—, Cerrito permanece como testimonio silencioso de aquel combate. No solo conserva el eco de una victoria patriota, sino que también nos recuerda que la historia puede estar en los detalles más cotidianos: en una placa, en una esquina, en una palabra que repetimos sin pensar.
La próxima vez que cruces la 9 de Julio y leas “Cerrito”, sabrás que detrás de ese nombre hay una batalla, un cerro lejano y un capítulo fundamental de nuestro pasado.


















