Infancia intacta: dónde está la calesita más antigua de CABA y quién es Tito, el hombre que mantiene su legado
En una plaza porteña donde el tiempo parece haberse detenido, gira la calesita. En funcionamiento desde 1938, sigue viva gracias a Tito, el hombre que convirtió este juego en un símbolo de barrio, memoria y tradición.

En una ciudad que corre, se construye y se reinventa todos los días, hay un rincón de Buenos Aires donde el tiempo decidió quedarse quieto. No hay pantallas, no hay apuro y no hay algoritmos: solo música, caballitos de madera y una sortija que todavía promete una vuelta más. Allí funciona la calesita más antigua de la Ciudad de Buenos Aires, un verdadero símbolo de la infancia porteña que sigue girando desde 1938 gracias al cuidado incansable de un hombre llamado Tito.
Dónde queda la calesita más antigua de Buenos Aires
La escena ocurre en Plaza Arenales, en el barrio de Villa Devoto, un espacio histórico conocido como “la plaza del barrio” para varias generaciones. En uno de sus sectores, rodeada de árboles y bancos, se encuentra la Calesita de Tito, considerada oficialmente la más antigua de CABA en funcionamiento continuo.
Según registros del Gobierno porteño y distintas investigaciones históricas, aunque la primera calesita de la ciudad se instaló entre 1867 y 1870 en Plaza Lavalle, la de Devoto es la que lleva más tiempo girando sin interrupciones, lo que la convierte en una joya única del patrimonio urbano.
Quién es Tito y por qué su nombre es sinónimo de calesita
Detrás de esta reliquia hay una figura tan emblemática como la atracción misma: Adelino Luis Da Costa, más conocido por todos como Tito. Con más de cuatro décadas al frente de la calesita, Tito no solo la mantiene en funcionamiento, sino que se convirtió en parte esencial de su identidad.
Vecinos, padres y abuelos coinciden en algo: no se va a “la calesita de Devoto”, se va a la calesita de Tito. Su forma de mover la sortija, su manera de saludar a cada chico por su nombre y su memoria prodigiosa para recordar caras convierten cada visita en un ritual afectivo.

Una máquina que conserva la esencia de otra época
A diferencia de otros juegos mecánicos modernos, esta calesita mantiene su estructura original, con caballos y autitos de madera, música infantil tradicional y la histórica sortija, un invento argentino incorporado en los años 30 que sigue despertando la misma emoción que hace casi un siglo.
Cada vuelta dura apenas unos minutos, pero alcanza para activar un viaje emocional que une generaciones enteras: adultos que vuelven con sus hijos al mismo lugar donde estuvieron de chicos, buscando repetir una sensación simple en tiempos dominados por la tecnología.
Patrimonio cultural vivo de la Ciudad
No es casual que las calesitas porteñas estén protegidas por la Ley 1227, que las declara Patrimonio Cultural de la Ciudad de Buenos Aires. Hoy existen 55 calesitas distribuidas en las 15 comunas, pero la de Villa Devoto ocupa un lugar especial dentro de ese mapa afectivo.
Desde 2015, la normativa porteña regula su funcionamiento, mantenimiento y preservación, entendiendo que no se trata solo de un juego infantil, sino de un elemento central de la identidad barrial y de la memoria colectiva.

Por qué sigue siendo un imán en plena era digital
En un contexto donde las infancias están cada vez más atravesadas por pantallas y estímulos virtuales, la Calesita de Tito representa una resistencia silenciosa. Allí, el entretenimiento no depende de actualizaciones ni baterías: alcanza con girar y soñar.
Tal vez por eso este lugar sigue convocando multitudes los fines de semana y continúa siendo escenario de historias mínimas, pero inolvidables. Porque en Buenos Aires todavía existe un espacio donde la infancia permanece intacta, girando una y otra vez alrededor de un eje llamado memoria.
Y mientras la música suena y la sortija pasa volando, Tito sigue ahí, cuidando que la magia no se detenga.

















