Cuando Perón estuvo cerca de recuperar Malvinas
Cuando Perón estuvo cerca de recuperar Malvinas Foto: Foto generada con IA

Durante décadas, la recuperación de las Islas Malvinas fue uno de los grandes anhelos de la política exterior argentina. Sin embargo, pocos saben que Juan Domingo Perón estuvo más cerca que nadie de lograrlo sin disparar un solo tiro. A comienzos de los años 70, el Reino Unido llegó a ofrecerle a la Argentina un acuerdo inédito de soberanía compartida, una negociación confidencial que pudo haber cambiado para siempre la historia del Atlántico Sur. ¿Por qué fracasó? ¿Qué documentos lo prueban? ¿Qué fue lo que frenó el acuerdo?

Los archivos desclasificados revelados décadas después permiten reconstruir un episodio tan decisivo como silencioso.

La propuesta británica que sorprendió a Perón

El documento secreto que detalla la oferta de Gran Bretaña de compartir las Malvinas con Argentina Foto: Daily Mail

En 1974, ocho años antes de la Guerra de Malvinas, el gobierno laborista británico encabezado por Harold Wilson decidió explorar una salida diplomática al histórico conflicto por las islas. Londres enfrentaba serias dificultades logísticas y económicas para sostener su presencia en el archipiélago, a más de 12.000 kilómetros de distancia, y comenzaba a considerar un esquema de condominio con la Argentina.

El plan fue entregado en absoluta reserva por el entonces embajador británico en Buenos Aires, James Hutton, directamente al presidente Juan Domingo Perón. La propuesta incluía puntos impensados hasta hoy: ambas banderas flameando en las islas, el inglés y el español como idiomas oficiales y un gobierno compartido, con autoridades rotativas entre ambos países.

Los documentos, publicados años después por el Daily Mail y citados por Infobae, dejan en claro que el objetivo del Reino Unido era “poner fin a la disputa por la soberanía y generar una atmósfera favorable para el desarrollo de los isleños”.

El entusiasmo de Perón y una frase reveladora

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Según el testimonio del diplomático Carlos Ortiz de Rozas, quien tuvo acceso a las negociaciones secretas, la reacción de Perón fue inmediata y entusiasta. En su libro Confidencias diplomáticas, reveló una frase que se volvió histórica:

“Aceptemos. Una vez que pongamos pie en las Malvinas, no nos saca nadie y, poco tiempo después, la soberanía será argentina por completo”.

Para Perón, la propuesta británica no era una concesión, sino una oportunidad estratégica: ingresar legalmente a las islas y avanzar, con el tiempo, hacia una soberanía plena, sin conflicto armado y con aval internacional.

El factor inesperado que frenó todo

Pero el destino intervino de forma brutal. Veinte días después de recibir la propuesta, Juan Domingo Perón falleció. Con su muerte, el delicado hilo diplomático quedó a la deriva.

Su sucesora, María Estela Martínez de Perón, asumió en medio de una profunda crisis política y social. Desde Londres, el Foreign Office evaluó que no había garantías de estabilidad ni continuidad para sostener una negociación tan sensible. El Reino Unido, entonces, decidió retirar la oferta y archivar el proyecto.

Poco después, la Argentina ingresaría en su período más oscuro: la dictadura militar y, finalmente, la Guerra de Malvinas en 1982, un conflicto que dejó cientos de muertos y cerró por décadas cualquier vía diplomática consensuada.

Una historia que pudo cambiarlo todo

Guerra de Malvinas Foto: Archivo

Los documentos secretos de 1974 confirman una verdad incómoda: la recuperación de las Malvinas estuvo al alcance de la mano, pero fue frustrada por una combinación fatal de muerte, desconfianza política y contexto internacional adverso.

Hoy, más de medio siglo después, este episodio obliga a repensar la historia desde otro ángulo. Lejos de la épica bélica, existió una alternativa diplomática real, impulsada por uno de los líderes más influyentes del siglo XX argentino y aceptada por la potencia ocupante.

Quizás, como ocurre tantas veces en la historia, lo que no fue termina pesando tanto como lo que ocurrió. Las Malvinas siguen siendo argentinas en el reclamo y en la memoria, pero aquel acuerdo secreto demuestra que, por un instante, también lo fueron en el tablero de la diplomacia mundial.