
En una pequeña isla de Japón, los conejos aparecen entre los árboles, atraviesan los caminos y se acercan a las personas que llegan en barco. Algunos descansan sobre la hierba y otros se agrupan alrededor de los visitantes, acostumbrados desde hace décadas a su presencia.
Las imágenes parecen mostrar un refugio natural donde estos animales encontraron un lugar seguro para multiplicarse. Sin embargo, el mismo territorio que hoy atrae a turistas por sus conejos fue utilizado durante años para fabricar armas químicas en secreto.

Se trata de Okunoshima, una isla situada en el mar Interior de Seto, frente a las costas de la prefectura de Hiroshima. Su historia es tan particular que, durante la primera mitad del siglo XX, las autoridades japonesas llegaron a eliminarla de determinados mapas para ocultar las actividades militares que se desarrollaban allí.
Casi un siglo después de la instalación de una fábrica de gases tóxicos, el lugar es conocido internacionalmente como la isla de los conejos. Pero sus antiguas instalaciones militares todavía permanecen entre la vegetación y recuerdan un pasado muy diferente al que muestran las fotografías turísticas.
La isla de Japón que desapareció de los mapas para ocultar una fábrica de armas químicas
La historia de Okunoshima cambió en 1929, cuando el Ejército Imperial Japonés estableció una instalación secreta dedicada a la investigación y fabricación de armas químicas.
La elección del lugar no fue casual. Su ubicación relativamente aislada permitía desarrollar actividades militares lejos de los principales centros urbanos, aunque conservaba conexiones marítimas suficientes para transportar materiales.

La producción incluía sustancias tóxicas como el gas mostaza y la lewisita, agentes químicos capaces de provocar graves lesiones y consecuencias para la salud.
El nivel de secreto era tan elevado que, en 1932, la isla fue eliminada de mapas militares de la región. Sus habitantes también quedaron sometidos a restricciones y medidas destinadas a impedir que se conociera lo que sucedía allí.
De acuerdo con la Agencia de Turismo de Japón, se estima que en Okunoshima se fabricaron unas 6.500 toneladas de gases tóxicos antes de que terminara la Segunda Guerra Mundial.
La actividad dejó consecuencias para numerosos trabajadores expuestos a sustancias peligrosas, cuyos efectos sobre la salud se conocieron con mayor profundidad después del conflicto.
Cuando Japón se rindió en 1945, las fuerzas aliadas se hicieron cargo de las instalaciones y de la eliminación de las existencias de productos químicos. Con el paso de los años, la isla comenzó a transformarse en un destino recreativo, aunque todavía conservaba edificios y estructuras vinculadas con su antigua función militar.

Cómo llegaron los primeros conejos a una isla que había sido utilizada para fabricar gases tóxicos
Uno de los mayores interrogantes de Okunoshima es el origen de los animales que hoy la habitan. Durante años circuló una versión según la cual los conejos serían descendientes de ejemplares utilizados en experimentos durante la etapa militar y liberados después de la guerra.
Sin embargo, esa explicación no cuenta con pruebas suficientes y ha sido cuestionada por investigadores especializados en la historia de la isla. La versión más difundida señala que, en 1971, un grupo de escolares liberó ocho conejos en Okunoshima.
Para entonces, el territorio ya había comenzado a desarrollarse como destino turístico. El objetivo de introducir estos animales habría sido convertirlos en un atractivo para los visitantes. Con el tiempo, los conejos se reprodujeron y comenzaron a ocupar distintos sectores de la isla.
La ausencia de perros y gatos introducidos por visitantes, junto con el alimento aportado por los turistas, favoreció la expansión de su población. No obstante, investigaciones recientes indican que la historia podría ser más compleja y que también se habrían producido nuevas introducciones de conejos domésticos a lo largo de los años.

De ocho conejos a más de 1.000: cómo los animales transformaron el destino de la isla
La población de conejos de Okunoshima creció considerablemente durante las décadas posteriores a su introducción. Según un estudio científico publicado en julio de 2026 en el Journal of Ecotourism, los registros históricos mencionaban unos 200 ejemplares en 1972.
Hacia 2019, la población había superado los 1.000 individuos, aunque las cifras variaron con el tiempo y no existe un censo permanente que permita establecer con exactitud cuántos habitan actualmente la isla.
La popularidad del lugar aumentó gracias a las fotografías, los videos y las publicaciones en redes sociales, donde los conejos se convirtieron en protagonistas.
Pero el crecimiento de la población también generó desafíos. Los investigadores observaron que los animales dependen en gran medida del alimento que reciben de los turistas, una situación que puede alterar el equilibrio del ecosistema.
Durante la pandemia de COVID-19, la disminución de visitantes coincidió con una reducción de la población de conejos, lo que puso de manifiesto esa dependencia. Así, el mismo fenómeno que convirtió a Okunoshima en un destino turístico internacional comenzó a plantear preguntas sobre el bienestar de sus animales y la sostenibilidad de la actividad.
El descubrimiento de 2026 que cambió lo que se sabía sobre los conejos de Okunoshima
Durante mucho tiempo, la isla fue presentada como un lugar donde los conejos vivían prácticamente sin amenazas de depredadores. Sin embargo, una investigación publicada el 29 de julio de 2026 documentó interacciones inesperadas entre los conejos y los jabalíes que también habitan el territorio.
Los científicos registraron que estos animales consumían alimento destinado a los conejos y, en determinadas circunstancias, se acercaban a ellos para aprovechar restos de comida o cadáveres.
Además, documentaron un episodio ocurrido en marzo de 2024 en el que un jabalí capturó a un conejo vivo. El hallazgo resultó llamativo porque los jabalíes son animales omnívoros que suelen alimentarse de vegetales, invertebrados y carroña, aunque también pueden consumir pequeños vertebrados.
Los investigadores advirtieron que la alimentación proporcionada por los visitantes podría estar modificando las relaciones entre distintas especies de la isla. Sin embargo, aclararon que las observaciones no demuestran una relación causal directa entre la comida turística y los ataques de jabalíes.

El museo que conserva el pasado de la isla y las ruinas que todavía pueden visitarse
Aunque la mayoría de los turistas llega atraída por los conejos, Okunoshima también conserva importantes testimonios de su historia.
En 1988 se inauguró el Museo del Gas Venenoso, un espacio dedicado a explicar las actividades militares desarrolladas en el territorio y las consecuencias de la fabricación de armas químicas.
Además del museo, los visitantes pueden observar antiguas instalaciones militares, estructuras de almacenamiento y restos de una central eléctrica. Algunos edificios permanecen cerrados por motivos de seguridad, pero sus exteriores forman parte del recorrido histórico.
Estas construcciones contrastan con la imagen actual de la isla: entre los muros deteriorados y la vegetación aparecen los mismos conejos que se acercan a los visitantes en busca de alimento. La combinación de naturaleza, turismo e historia convirtió a Okunoshima en un lugar difícil de comparar con otros destinos de Japón.
Por qué los turistas no deben tocar ni alimentar de cualquier manera a los conejos
Aunque los animales están acostumbrados a la presencia humana, las autoridades japonesas recuerdan que no son mascotas y que deben ser tratados con precaución. El Ministerio de Medio Ambiente de Japón establece recomendaciones específicas para protegerlos.
Entre ellas se encuentran:
- Evitar perseguirlos, levantarlos del suelo o tocarlos, ya que pueden sufrir estrés y lesiones.
- No ofrecerles alimentos destinados al consumo humano ni dejar restos de comida en los senderos.
- La alimentación directa con la mano tampoco está recomendada por las normas oficiales difundidas en 2024.

Estas medidas buscan reducir accidentes, prevenir enfermedades y evitar que la presencia de turistas perjudique a los animales. Para los especialistas, el desafío actual consiste en encontrar un equilibrio entre el atractivo turístico y la conservación de un ecosistema que ha cambiado profundamente por la intervención humana.
Dónde queda la isla de los conejos y cómo llegar desde Hiroshima
Okunoshima pertenece a la ciudad de Takehara, en la prefectura de Hiroshima, y se encuentra dentro del Parque Nacional del Mar Interior de Seto. Su perímetro es de aproximadamente 4,3 kilómetros, por lo que buena parte del territorio puede recorrerse a pie.
La forma habitual de llegar es mediante un ferri desde el puerto de Tadanoumi, conectado con la red ferroviaria regional. También existen servicios marítimos desde otros puntos cercanos, según la temporada y los operadores.
Además de los conejos y las ruinas militares, la isla cuenta con senderos, vistas al mar, instalaciones recreativas y espacios para disfrutar del paisaje. Pero su principal particularidad sigue siendo el contraste entre dos épocas.




















