
En los recreos escolares de los años 90 y principios de los 2000, cuando unas pocas monedas alcanzaban para comprar algo dulce en el kiosco, un pequeño alfajor se convirtió en protagonista de innumerables meriendas argentinas. No tenía cobertura de chocolate ni un relleno sofisticado, pero su precio accesible y su particular sabor lo hicieron inolvidable: se trata del Fulbito.
Con dos tapas de galletita que imitaban una pelota de fútbol y una mascota con forma de oso futbolero, este alfajor encontró su lugar entre estudiantes, pasajeros de trenes y consumidores que buscaban una golosina económica.

Décadas después, su historia esconde curiosidades poco conocidas, como una publicidad protagonizada por un imitador de David Beckham y una producción industrial que llegó al millón de alfajores diarios, sumando todas las marcas de su fabricante.
El origen del alfajor Fulbito: cómo nació el clásico económico de los años 90
Aunque algunas versiones sitúan su nacimiento en 1978, en coincidencia con el Mundial de Argentina, el investigador Facundo Calabró sostiene en su libro “En busca del alfajor perdido” que la marca habría surgido durante la década de 1990.
Lo cierto es que Fulbito alcanzó una enorme popularidad durante los años 90 y 2000, cuando se consolidó como una alternativa económica frente a los alfajores tradicionales.

Su fórmula era sencilla: dos galletitas firmes, un delicioso relleno de pasta de maní y ninguna cobertura. Esa combinación, junto con su presentación futbolera, terminó convirtiéndose en su identidad.
Detrás del producto estaba Compañía Americana de Alimentos (CADASA), empresa de la familia Romero Bonomi, también vinculada a marcas como Nevares, Mogy y Smack.
Cuánto costaba el alfajor Fulbito y por qué conquistó los kioscos argentinos
El secreto de Fulbito no estaba solamente en su sabor, sino también en su precio. Durante los años 90 y 2000 se posicionó entre los alfajores más baratos del mercado, lo que facilitó su llegada a los kioscos escolares y a la venta ambulante.

Para muchos chicos, representaba una opción que podían comprar con el vuelto de las compras o con unas pocas monedas destinadas al recreo. Esa identidad económica continuó durante décadas. Según informó LA NACION, en 2020 los alfajorcitos Fulbito se comercializaban a $10 en los kioscos escolares.
Su presencia también se extendió a trenes y colectivos, donde los vendedores ambulantes ayudaron a mantener vigente la marca. La magnitud del negocio era considerable: en 2023, CADASA producía alrededor de un millón de alfajores por día, entre Fulbito, Mogy, Genio y Smack, según precisó Apertura.
La insólita publicidad de Fulbito con un falso David Beckham que sorprendió a los argentinos
Uno de los episodios más curiosos de su historia ocurrió en los años 2000, cuando la marca decidió aprovechar su relación con el fútbol para promocionarse de una inesperada manera.
En lugar de contratar a una estrella internacional, recurrió a un personaje llamado David Becan, un imitador del futbolista inglés David Beckham, que aparecía con una estética inspirada en la etapa galáctica del famoso futbolista británico.

Hoy, mientras el mercado argentino incorpora alfajores cada vez más elaborados, Fulbito conserva su esencia. Su fabricante todavía ofrece la versión de maní de 30 gramos, además de otras variedades, como por ejemplo, sabor chocolate y la llamativa opción Black.
De esta manera, para quienes crecieron durante los años 90 y 2000, sigue siendo mucho más que una golosina barata: el Fulbito es el recuerdo de un recreo, una moneda en el bolsillo y aquel sabor a maní que acompañó a toda una generación.
















