
Un pueblo de Copenhague, Dinamarca, tiene farolas rojas en lugar de blancas en determinadas calles con la idea de proteger la fauna silvestre sin comprometer la transitabilidad de las calles. Muchas especies, como insectos y aves, dependen de la oscuridad natural para orientarse o cumplir ciclos vitales, y las luces blancas o azuladas suelen desorientarlas o alterar sus comportamientos.
Esta innovadora estrategia está basada en investigaciones, condiciones locales y objetivos generales de sostenibilidad. Si bien hasta el momento se limita a una sola región de Dinamarca, con el tiempo otras ciudades del mundo buscan tomar su ejemplo ya que presentan problemas similares. Las luces rojas, al tener una longitud de onda diferente, resultan mucho menos invasivas para estos animales, reduciendo su impacto sin eliminar la visibilidad necesaria para las personas.

De esta manera, se logra un equilibrio entre la seguridad y la protección del entorno natural. Esta iniciativa forma parte de una tendencia más amplia hacia el urbanismo sostenible, donde pequeñas modificaciones en la infraestructura ayudan a preservar la biodiversidad sin afectar la vida cotidiana.
¿Dónde y cómo se desarrolla el proyecto del pueblo con su calle de rojo?
El proyecto del pueblo con sus calles de rojo se desarrolla en Gladsaxe, en las afueras de Copenhague. La idea tiene la motivación principal de proteger a la colonia de murciélagos que habitan la zona y optar por no apagar la luz sino cambiar su color.
En este sentido, los automovilistas tienen una primera impresión sencilla ya que las familiares luces LED blancas y brillantes desaparecieron y fueron sustituidas por LED rojas que iluminan el pavimento y los árboles cercanos.
Este cambio de iluminación se centra en un conocido corredor de murciélagos que sugiere la protección de la vida silvestre y garantiza su seguridad.

La contaminación lumínica es la presencia de luz artificial durante la noche que se dispersa y se infiltra en el ambiente nocturno. Este fenómeno ilumina el cielo, genera deslumbramiento y dificulta la observación de espacios realmente oscuros.
En las personas, puede traducirse en noches de peor calidad y trastornos del sueño, ya que el exceso de luz interfiere con el reloj biológico. En el caso de los animales que dependen de la oscuridad para alimentarse, orientarse o desplazarse, esta alteración puede modificar su hábitat y sus comportamientos, aun cuando el entorno físico —como edificios o vegetación— permanezca sin cambios.
¿Cuál es la situación de los murciélagos?
Los murciélagos son cazadores nocturnos que dependen de sus rutas oscuras para trasladarse, descansar y alimentarse. Al habitar zonas abiertas y luminosas se transforman en presas más fáciles para sus cazadores.
Se registraron en la zona siete especies de murciélagos y ninguna de ellas figura como amenazada aunque algunas son más vulnerables a las perturbaciones.
El mismo comunicado de prensa señala a dos especies autóctonas de murciélagos como particularmente sensibles a los efectos de las rutas, entre ellas la especie más frecuente de la región. Si la iluminación se transforma en un obstáculo, su hábitat efectivo podría verse disminuido, y esta reducción puede resultar invisible para quienes viajan dentro de un vehículo.

¿Cómo se iluminan las calles de rojo?
El diseño del proyecto incluye un tramo de 0,6 kilómetros de Frederiksborgvej y una ruta ciclista cercana que utilizan 30 postes bajos de 1 metro de altura, espaciados a unos 30 metros de distancia.
Esa separación es deliberada. En vez de saturar el pasillo con iluminación, el sistema genera franjas intercaladas de luz roja y sectores más oscuros, lo que facilita que la fauna pueda moverse sin quedar completamente expuesta.
El diseñador de iluminación Philip Jelvard, de Light Bureau, sostiene que el color puede actuar tanto como señalización como herramienta funcional. Según explicó, la luz roja debería advertir a los peatones que “se trata de un área natural especial que el municipio busca proteger y conservar”.
¿Qué dice la ciencia sobre las calles de rojo?
El color del alumbrado público está determinado, en esencia, por la longitud de onda, es decir, por el tipo de luz que el ojo humano interpreta como distintos colores. Los LED blancos suelen emitir una mayor proporción de luz azul, y esa radiación de longitud de onda corta tiende a dispersarse con más facilidad, haciendo que su brillo se extienda a mayores distancias.
En 2017, un estudio de campo liderado por Kamiel Spoelstra en el Instituto de Ecología de los Países Bajos analizó la actividad de los murciélagos alrededor de distintas tonalidades de iluminación. Spoelstra señaló: “Hemos comprobado que estos murciélagos mantienen una actividad similar con luz roja que en la oscuridad”, mientras que la luz blanca y la verde redujeron la actividad de las especies más sensibles a la iluminación, según el resumen del instituto.

El artículo científico revisado por pares que documenta la investigación también destaca un punto práctico: las luces blancas y verdes, al ser más intensas, pueden atraer una mayor cantidad de insectos, lo que a su vez podría atraer a algunos murciélagos. En cambio, la luz roja suele atraer menos insectos y ayuda a conservar un ambiente nocturno más cercano a sus condiciones naturales.
¿Cómo fue la experiencia de Dinamarca con su luz roja?
El tramo iluminado en rojo es el que más llama la atención, aunque forma parte de una renovación más amplia. El comunicado de prensa señala que Gladsaxe está sustituyendo unas 5.000 luminarias en colaboración con Andel Lumen, dentro del programa Lighting Metropolis – Green Mobility, financiado por la Unión Europea y con participación de socios en Suecia.
Según un resumen del propio programa, se estimaba un ahorro energético de al menos 7,2 millones de kilovatios-hora. También se indica que, al momento de redactarse el informe, solo cerca de una quinta parte del alumbrado municipal había sido convertido a tecnología LED. Para las ciudades, este componente energético no es menor: la iluminación impacta directamente en los presupuestos de mantenimiento y en los objetivos climáticos.
Baagøe y Julie Dahl Møller, del Museo de Historia Natural de Dinamarca en la Universidad de Copenhague, explican cómo las rutas viales pueden fragmentar los hábitats de los murciélagos y proponen estrategias para mitigar ese impacto en la planificación urbana y el diseño, incluyendo decisiones relacionadas con el tipo de iluminación.




















