La tragedia de Marcos Paz: perdió a su hijo en una guerra infame y se convirtió en el primer vicepresidente en morir en el poder
Nacido en Tucumán, se recibió de abogado y hasta logró una modesta carrera militar. Elegido gobernador años después de la caída de Rosas, fue compañero de fórmula presidencial con Mitre. Una seguidilla de eventos desdichados selló su destino.

La historia de los vicepresidentes en Argentina suele navegar entre el anonimato y el escándalo, algunos terminan -casi- volviéndose “enemigos” del presidente y otros nombres pasan desapercibidos. Pero hay uno cuya tragedia sobrevivió al olvido en tiempos donde el país comenzaba a forjarse como Nación.
Hablamos de Marcos Paz, el hombre que tristemente se convirtió en el primer vicepresidente en morir en el cargo. ¿Cómo fue su carrera política y qué tragedia familiar lo golpeó poco antes de su deceso?
Marcos Paz y su tragedia
Nacido en Tucumán el 7 de octubre de 1811,siendo sus padres, el Dr. Juan Bautista Paz, célebre ministro del gobernador Alejandro Heredia y varias veces delegado en el mando de la Provincia, y Plácida Mariño Lobera Castro, ambos tucumanos. Se recibió de abogado en Buenos Aires para emprender una prolífera carrera política.
Fue senador en 1855-1857, 1857-1858, 1860-1861 y 1862-1862. El año 1858, aunque renunció para ocupar la gobernación de Tucumán. También fue gobernador de la provincia de Córdoba entre el 16 de diciembre de 1861 y el 28 de enero de 1862. Intervino en la convención reformadora de la Constitución Nacional (1860), y después fue vicepresidente de la República, integrando la fórmula con Bartolomé Mitre (1862).

El 17 de junio de 1865 asumió funciones presidenciales, al hacerse cargo el general Mitre de la jefatura de las tropas argentinas en la guerra de la Triple Alianza. Un conflicto militar en el cual una coalición formada por el Imperio del Brasil, Uruguay y Argentina luchó militarmente contra Paraguay entre 1864 y 1870.
La contienda fue rechazada entre la población, dificultando reclutar soldados (muchos de ellos fueron obligados) e incluso la llamaban Guerra Infamia. Varios hijos de políticos fueron a pelear allí, entre los que se encontraban el hijo de Paz y Dominguito Sarmiento.
El 20 de abril, Paz escribía a Mitre: “Mi hijo Francisco -le decía- conductor de la presente, que estaba próximo a pasar a Londres a seguir sus estudios de ingeniero, ha creído poco decoroso hacer este viaje en momentos en que la patria ha recibido un insulto, y sus deseos de hoy son de incorporarse al Ejército de Operaciones. No he podido menos que encontrarle mucha razón, pues yo también lo deseo con vehemencia”.

El joven murió en Curupaytí, el 22 de septiembre de 1866, junto a “Dominguito”. El entonces presidente le escribió a Paz: “No necesito decirle que lo acompaño en el dolor de la irreparable pérdida que acaba de tener usted como padre y el país en una vida llena de promesas. Sé que sólo el tiempo podrá curarla”, expresaba. Pero podía mitigar su dolor, saber que el comportamiento de Francisco “en toda esta campaña, le da justos títulos a una gloria que, aunque modesta, refluirá en honor del nombre de su familia”.
El tucumano, al agradecer el pésame y los cuidados de Mitre para con Francisco: “El puesto que ocupo me hace ser fuerte, porque considero que a eso me obliga la posición que tengo en estos momentos, en que tantos caen lidiando por la patria. Si no estoy conforme, tengo fuerza bastante para aparecerlo”.
El final del vicepresidente
Con la guerra aún lejos de encontrar un final, en 1867 estalla la epidemia de cólera en Buenos Aires. Bautizada con el nombre de Cólera Morbus, se llevó en total a 1.300 víctimas de una población de 75.000.
Se trata de una infección intestinal grave causada por la bacteria Vibrio cholerae, que se contrae principalmente al consumir agua o alimentos contaminados, provocando una diarrea acuosa severa que causa deshidratación rápida y, si no se trata a tiempo, puede ser mortal en horas.

Ante este panorama, Paz se trasladó a San José de Flores, pero falleció víctima del flagelo el 2 de enero de 1868, siendo sepultados sus restos en el cementerio de la Recoleta. De este modo se convirtió en el primer vicepresidente en morir en el cargo, pero no sería el último.


















