La calle que más veces cambió de nombre nació con Buenos Aires: por qué reinventó tanto su identidad
En el corazón del casco histórico porteño existe una arteria que sintetiza, como pocas, la transformación de Buenos Aires a través de los siglos. Nacida junto a la ciudad misma y testigo de invasiones, devociones religiosas y cambios políticos, su identidad se redefinió una y otra vez, acumulando capas de historia que aún pueden recorrerse sobre sus adoquines y antiguas fachadas.

Buenos Aires es una ciudad que respira historia en cada esquina. Sus calles —con sus adoquines, fachadas centenarias y aromas mestizos— no solo conectan barrios: conectan épocas. Pero entre todas ellas, hay una que destaca por encima del resto, no solo por su antigüedad y su encanto colonial, sino por una característica poco conocida: es la calle que más veces cambió de nombre en la historia porteña. Hablamos de la mítica calle Defensa, un corredor fundamental del casco histórico que, a lo largo de tres siglos, tuvo al menos cinco denominaciones distintas.
Un camino que nació con Buenos Aires
Para rastrear sus orígenes hay que volver a los tiempos de Juan de Garay y la segunda fundación de Buenos Aires en 1580. Desde entonces, el trazado urbano comenzó a tomar forma alrededor de la actual Plaza de Mayo, y lo que hoy conocemos como calle Defensa surgió como uno de los caminos estructurales de aquella incipiente ciudad criolla. Era, literalmente, una vía que unía el corazón administrativo con la zona sur, poblada por trabajadores, conventos y pequeñas viviendas coloniales.

Los múltiples nombres de una misma calle
El recorrido identitario de Defensa es sorprendente. Como muchas arterias porteñas, su nomenclatura evolucionó con el tiempo, reflejando cambios sociales, políticos y culturales.
Según documentación histórica y registros aún visibles en antiguos carteles, su primer nombre fue Mayor, denominación vigente aproximadamente entre 1738 y 1769. Era un nombre funcional: toda ciudad española tenía una “calle Mayor” que actuaba como eje principal.
Más tarde, entre 1769 y 1808, pasó a llamarse De San Martín, probablemente en honor a San Martín de Tours, patrono de Buenos Aires.
Con la llegada del siglo XIX, y en plena efervescencia política y militar del virreinato, la calle adoptó un nuevo nombre: Liniers, en reconocimiento a Santiago de Liniers y sus acciones durante las Invasiones Inglesas.
En 1822, la calle fue rebautizada como Reconquista, enfatizando nuevamente el heroísmo porteño frente al ejército británico.
Finalmente, en 1849, adoptó el nombre que conserva hasta hoy: Defensa, el homenaje definitivo a la resistencia criolla durante aquellas invasiones que marcaron para siempre la identidad porteña.

Un escenario vivo del pasado porteño
Pero la historia de Defensa no termina en sus nombres. Caminarla hoy es hacer un viaje sensorial. Desde Plaza de Mayo hasta Parque Lezama, sus 1,8 kilómetros albergan edificios coloniales emblemáticos, como la Basílica de San Francisco, la Casa de los Querubines y una de las viviendas más antiguas de la ciudad.
Los fines de semana, la calle se transforma: la Feria de San Telmo la convierte en un festival al aire libre donde turistas y porteños se mezclan entre antigüedades, arte callejero, música y gastronomía.
Más que una calle: un espejo de la ciudad
Defensa es la prueba viviente de que Buenos Aires no es una ciudad, sino muchas ciudades superpuestas. Cada nombre que llevó marcó una etapa distinta de la historia argentina: la colonia, el patronazgo religioso, la resistencia militar, el proceso de modernización.
Hoy, sigue siendo un faro cultural donde conviven tradición, bohemia y memoria. Y aunque ya no cambie de nombre, sigue cambiando de espíritu cada día.


















