200 años de Buenos Aires capital
200 años de Buenos Aires capital Foto: Foto generada con IA

El 4 de marzo se cumplen 200 años de la Ley de Capitalización de 1826, el momento fundacional en el que Buenos Aires fue declarada capital del país en medio de tensiones políticas, debates ideológicos y profundas disputas económicas. La decisión, aprobada por el Congreso General Constituyente, marcó uno de los capítulos más intensos de la organización nacional y abrió un conflicto que redefiniría la relación entre la ciudad, la provincia y el gobierno central.

Quiénes tomaron la decisión

La iniciativa surgió del primer presidente de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Bernardino Rivadavia, quien veía indispensable que la sede del gobierno nacional estuviera bajo jurisdicción directa del Estado y no bajo la órbita provincial. En su discurso inaugural, Rivadavia expuso la necesidad de “dar a todos los pueblos una cabeza” que organizara y unificara la nación en construcción.

El Congreso tomó la propuesta y la aprobó el 4 de marzo de 1826, estableciendo que la Ciudad de Buenos Aires quedara bajo la “inmediata y exclusiva dirección” de la Legislatura Nacional y del Presidente. La norma fue promulgada el 6 de marzo, y apenas un día después el Ejecutivo comunicó al gobernador Juan Gregorio de Las Heras que su gobierno provincial dejaba de existir, en un decreto que disolvía la administración bonaerense y subordinaba todas sus instituciones al poder central.

Aunque Las Heras intentó resistir, finalmente aceptó la decisión y abandonó el cargo de manera pacífica, pero no sin dejar asentadas las objeciones legales de la provincia ante lo que consideraba una violación de sus instituciones y pactos preexistentes.

Buenos Aires en sus comienzos Foto: Archivo

Cómo se justificó la elección de Buenos Aires

Uno de los grandes defensores del proyecto, el ministro Agüero, argumentó que Buenos Aires era la capital “dada por la naturaleza y la historia”, sosteniendo que la ciudad ya había actuado como centro político y económico desde tiempos coloniales y que contaba con condiciones naturales únicas por su puerto y su posición estratégica.

La capitalidad no solo tenía sentido simbólico e histórico: para el gobierno nacional, controlar el puerto implicaba hacerse de los ingresos aduaneros, hasta entonces administrados por la provincia y fuertemente defendidos por los sectores económicos porteños. Esto generó un conflicto inmediato con la dirigencia local y con los federales, para quienes la medida era un atropello centralista.

Bernardino Rivadavia Foto: Archivo

Qué otras opciones había

Si bien el debate de 1826 se centró principalmente en Buenos Aires, algunos sectores del Congreso mencionaron alternativas, especialmente en torno a la posibilidad de separar la capital del territorio político de la provincia. La idea de crear una nueva entidad territorial —una provincia independiente del distrito capital— fue efectivamente parte del proyecto, que dividía el resto del territorio bonaerense para reorganizarlo bajo una nueva estructura provincial.

A nivel histórico, el país ya había tenido otros centros políticos: durante el Virreinato, Buenos Aires había sido capital del Río de la Plata desde 1776, pero también existían antecedentes de funciones administrativas en Córdoba o incluso propuestas posteriores como trasladar la capital a la Isla Martín García (propuesta por Sarmiento décadas más tarde).

Sin embargo, en 1826 ninguna de estas alternativas logró apoyo suficiente. Para Rivadavia y sus aliados, Buenos Aires poseía demasiado peso económico, simbólico y geopolítico como para no ser la sede del gobierno nacional.

Plano topográfico de Bertres en 1822 Foto: Archivo

Un proyecto que duró poco, pero cambió todo

Aunque la capitalidad establecida en 1826 tuvo vida corta —Rivadavia renunció en 1827 y la provincia recuperó sus instituciones—, la decisión dejó una huella profunda en la política argentina. Las tensiones entre unitarios y federales se intensificaron, y el debate por quién debía controlar Buenos Aires continuó hasta la federalización definitiva de 1880.

Doscientos años después, el episodio sigue siendo clave para entender cómo se configuró el poder en la Argentina y por qué Buenos Aires ocupa el rol central que todavía hoy define buena parte de la vida política del país.