La historia del vermut en los bares de Buenos Aires: en qué barrios podés redescubrir un clásico porteño
De los inmigrantes italianos a los bares históricos de Buenos Aires, el vermut pasó de ser una moda europea a un símbolo cultural que hoy vive su gran resurgimiento.

El vermut no es solo una bebida: en Argentina es un ritual, una excusa para el encuentro y una tradición que atraviesa generaciones. Aunque su origen se remonta a Europa, especialmente a Italia y Francia, fue en estas tierras donde encontró una identidad propia, ligada a la inmigración, los bares de barrio y el clásico momento previo al asado del domingo.
El origen del vermut y su llegada al país
La historia del vermut comienza en el siglo XVIII en Italia, cuando se popularizó el vino macerado con hierbas aromáticas, especias y raíces. Su nombre proviene del alemán wermut (ajenjo), uno de sus ingredientes clave. A fines del siglo XIX, con la gran ola inmigratoria europea, la bebida llegó a la Argentina de la mano de familias italianas que trajeron consigo sus costumbres, sabores y recetas.

En Buenos Aires, Rosario y Córdoba, el vermut se convirtió rápidamente en parte de la vida cotidiana. Se tomaba en las cantinas, en los almacenes de ramos generales y en los bares donde se mezclaban obreros, artistas y vecinos del barrio. Con sifón, con hielo, con una rodaja de naranja o aceituna, el vermut empezó a hablar en argentino.
Durante décadas, marcas nacionales como Cinzano, Martini o Carpano se volvieron habituales en las mesas familiares. Luego, con el avance de nuevas tendencias y bebidas, su consumo perdió fuerza… hasta ahora.
El renacer del vermut en el siglo XXI
En los últimos años, el vermut vive un verdadero revival. La revalorización de lo artesanal, la coctelería de autor y la nostalgia por los sabores clásicos impulsaron su regreso. Hoy conviven etiquetas industriales con vermuts artesanales argentinos, elaborados con botánicos locales y recetas propias.
Buenos Aires se convirtió en una de las capitales del vermut en Sudamérica, con bares que recuperan la tradición y la reinventan para nuevas generaciones.
Dónde tomar vermut en Buenos Aires: bares con historia
La Fuerza Bar (Chacarita)
Este bar fue clave en el resurgimiento del vermut artesanal. Nacido como proyecto independiente, La Fuerza combina vermuts propios con una propuesta gastronómica simple y cuidada. Su estética moderna convive con el espíritu de bodegón, y se transformó en un punto de referencia para los amantes de la bebida.
Los Galgos (San Nicolás)

Fundado en 1930, es uno de los bares notables de la Ciudad. Cerró durante años y reabrió respetando su esencia: barra larga, mesas de madera y vermut servido como antaño. Aquí, el vermut es tradición pura y un viaje directo a la Buenos Aires de otra época.
Bar El Federal (San Telmo)

Inaugurado en 1864, es uno de los bares más antiguos de la ciudad. En sus inicios fue pulpería y almacén. Hoy, pedir un vermut en El Federal es beber historia: botellas antiguas, estanterías de madera y un clima que mantiene vivo el espíritu del barrio.
La Poesía (San Telmo)
Frecuentado por escritores y artistas desde los años ‘80, este bar conserva una atmósfera bohemia ideal para acompañar el vermut con una charla larga. Su propuesta mantiene el ritual intacto: vermut, picada y tiempo sin apuro.

Vermut, identidad y futuro
El vermut volvió para quedarse. Ya no es solo una bebida de abuelos ni un recuerdo de otros tiempos: hoy es tendencia, identidad y orgullo nacional. En cada copa conviven la historia inmigrante, el barrio, el bar de siempre y la reinvención contemporánea.
En Argentina, tomar vermut no es una moda pasajera: es una forma de brindar por la memoria, el encuentro y la cultura popular.



















