El jardín y su casa central fueron el centro de operaciones del paisajista Carlos Thays
El jardín y su casa central fueron el centro de operaciones del paisajista Carlos Thays Foto: Instagram @buenosairesjardin

En pleno corazón de Palermo, detrás del murmullo constante de la ciudad y entre senderos que huelen a tilos y magnolias, se alza una construcción que guarda mucho más que ladrillos centenarios. La Casona del Jardín Botánico Carlos Thays no es solo un edificio histórico: es el escenario silencioso de una historia de romance entre Buenos Aires y la naturaleza, un vínculo que empezó a fines del siglo XIX y todavía hoy sigue latiendo.

Construida en 1881, cuando la ciudad crecía con ambición europea y mirada de futuro, la casona fue concebida como la pieza central de un gran parque urbano. El proyecto estuvo a cargo del ingeniero militar de origen polaco Jordan Wysocki, convocado por Domingo Faustino Sarmiento para imaginar un espacio verde que dialogara con la ciudad moderna. Con su estilo de inspiración inglesa, torreones octogonales y ladrillo visto, el edificio parecía más un pequeño castillo que una sede administrativa.

El hogar donde nació un jardín

La historia de amor entre la casona y el Botánico se consolidó con un nombre clave: Carlos Thays. El paisajista francés que transformó para siempre el verde urbano de Buenos Aires habitó este edificio junto a su familia mientras diseñaba el Jardín Botánico. No fue solo un lugar de trabajo: fue su casa, su refugio y el centro creativo desde donde pensó un espacio que dialogara con la ciudad.

Allí, entre planos y especies exóticas, Thays imaginó un jardín donde convivieran estilos franceses, ingleses y romanos. Cuando el Botánico abrió al público el 7 de septiembre de 1898, la casona ya estaba impregnada de esa convivencia perfecta entre lo urbano y lo natural.

Carlos Thays, paisajista Foto: Instagram @buenosaires.ar

Un edificio con muchas vidas

Antes y después de Thays, la casona fue escenario de distintos capítulos de la historia argentina. Entre 1894 y 1896 funcionó como sede del Museo Histórico Nacional; luego albergó la Dirección de Paseos y, finalmente, se consolidó como el corazón administrativo del Botánico. Cada etapa dejó marcas invisibles, capas de memoria que hoy forman parte de su encanto.

La restauración que vuelve a enamorar

En 2026, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires inició una restauración integral del edificio, con el objetivo de recuperar su estética original y adaptarlo a nuevas funciones culturales y educativas. Según se informó, las obras incluyen mejoras estructurales, restauración de fachadas, carpinterías, escaleras y herrajes originales, además de una puesta en valor que prioriza la accesibilidad y la conservación patrimonial.

Lejos de transformar la casona en una pieza de museo congelada en el tiempo, la intervención apunta a devolverle vida, respetando su identidad y permitiendo que siga siendo un puente entre el pasado y el presente.

Es un edificio histórico de estilo inglés diseñado por el ingeniero Jordan Wysocki Foto: Instagram @buenosairesjardin

Dónde queda este rincón romántico

La Casona del Jardín Botánico se encuentra dentro del Jardín Botánico Carlos Thays, en la intersección de Avenida Santa Fe y República Árabe Siria, barrio de Palermo. A pocos metros del ruido urbano, el paisaje cambia: el aire es más fresco, los sonidos se apagan y la ciudad parece mirar hacia adentro.

Datos curiosos de la Casona del Jardín Botánico

  • Parece un castillo, pero no lo es: sus torreones octogonales le dan aspecto medieval, aunque su función siempre fue civil y administrativa.
  • Inspiración ferroviaria: su estilo inglés está vinculado a la arquitectura que Argentina adoptó durante el auge del ferrocarril en el siglo XIX.
  • Thays vivió ahí mientras creaba el jardín: la mayoría de los visitantes no sabe que el hombre que transformó el verde porteño desayunaba, dormía y trabajaba dentro de la casona.
  • Fue museo antes que botánico: durante dos años albergó al Museo Histórico Nacional, con piezas clave de la historia argentina.
  • Es uno de los edificios más fotografiados del Botánico… aunque muchos no sepan qué es ni qué función cumple.
  • Resiste desde 1881: sobrevivió a cambios políticos, urbanísticos y sociales sin perder su fisonomía original.
La casona del Jardín Botánico Carlos Thays en Palermo Foto: Turismo Buenos Aires

Un romance que sigue vigente

La Casona del Jardín Botánico no necesita carteles ni estridencias. Su historia se siente al caminarla. Representa el momento exacto en que Buenos Aires decidió crecer sin renunciar al verde, cuando la ciudad entendió que el progreso también podía convivir con la contemplación.

Hoy, restaurada y cuidada, mantiene vivo ese romance fundacional. Y recuerda que, aun en tiempos de vértigo, siempre hay rincones donde la ciudad vuelve a encontrarse con la naturaleza… y consigo misma.