Por Marcelo García
Skull and Bones: la oscura sociedad secreta de Yale que capta estudiantes y tiene presidentes entre sus miembros
Su historia comenzó en 1832, cuando un influyente grupo de Yale decidió crear una sociedad privada destinada a reunir a jóvenes que, según sus propios criterios, podían convertirse en figuras de peso en la vida estadounidense.
En el corazón de la Universidad de Yale, una de las instituciones educativas más antiguas y prestigiosas de Estados Unidos, funciona una organización rodeada de misterio: Skull and Bones, conocida en español como “Calavera y Huesos”.
Su historia comenzó en 1832, cuando un influyente grupo de Yale decidió crear una sociedad privada destinada a reunir a jóvenes que, según sus propios criterios, podían convertirse en figuras de peso en la vida estadounidense.
Entre sus fundadores se encontraba Russell Sturgis, y uno de los primeros miembros más conocidos fue William Huntington Russell, quien posteriormente participaría activamente en la vida política y empresarial de Connecticut.

Desde sus comienzos, Skull and Bones se caracterizó por el secreto. Sus reuniones no eran abiertas al resto de los estudiantes y sus integrantes debían atravesar ceremonias de iniciación.
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La organización adoptó como símbolo una calavera sobre dos huesos cruzados, acompañada por el número 322. El significado exacto de ese número nunca fue explicado públicamente de manera definitiva. Una de las teorías sostiene que hace referencia al año 322 antes de Cristo, cuando murió el orador griego Demóstenes. Otras interpretaciones relacionan el número con elementos de la tradición esotérica o con la propia historia interna de la sociedad.
Pero el verdadero centro de las leyendas alrededor de Skull and Bones es su sede. En el campus de Yale existe un edificio de piedra conocido como “La tumba”. Allí se reúnen los miembros de la sociedad. El edificio fue construido en el siglo XIX y, por su aspecto exterior, parece más una pequeña fortaleza que un lugar destinado a estudiantes universitarios.

Durante décadas circularon historias sobre lo que ocurre entre sus muros. Algunas versiones hablan de rituales secretos, juramentos, símbolos relacionados con la muerte y ceremonias de iniciación. Sin embargo, muchas de estas historias provienen de testimonios indirectos, investigaciones periodísticas o relatos que no siempre pudieron comprobarse.
Lo que sí está documentado es que Skull and Bones tuvo en sus filas a numerosas personalidades importantes de la política, los negocios, las fuerzas armadas y la diplomacia estadounidense. Uno de los nombres más conocidos es William Howard Taft, quien fue presidente de Estados Unidos entre 1909 y 1913 y posteriormente se convirtió en presidente de la Corte Suprema de Justicia.
También pertenecieron a la sociedad integrantes de la poderosa familia Bush. Prescott Bush fue destacado miembro de Skull and Bones. Su hijo, George H. W. Bush, también perteneció a la organización y posteriormente llegó a ser presidente de Estados Unidos entre 1989 y 1993. También el nieto de Prescott Bush, George W. Bush, presidente entre 2001 y 2009, fue miembro durante sus años en Yale.
Estos vínculos contribuyeron enormemente a la fama de Skull and Bones y alimentaron las teorías sobre una supuesta red de poder político y económico a través del tiempos.

Está documentado que decenas de políticos, empresarios y dirigentes fueron Skull and Bones, algo que alimenta las teorías de una sociedad que controla instituciones estadounidenses, toma decisiones políticas secretas y funciona como una organización que gobierna desde las sombras.
Rituales de iniciación y hasta un vocabulario propio
A lo largo del tiempo, diferentes investigadores y autores intentaron descubrir qué sucede realmente dentro de “La Tumba”. Testimonios y viejos relatos hablan de una ceremonia conocida como “La iniciación”, en la que los nuevos integrantes deben atravesar diferentes pruebas simbólicas antes de ser aceptados. Una de las historias más famosas sostiene que los candidatos deben acostarse dentro de un ataúd y revelar secretos personales frente a los demás miembros. Sin embargo, los detalles de esos rituales no pueden verificarse.
La sociedad también tiene su propio vocabulario. Sus integrantes son conocidos como “Caballeros”, mientras que quienes todavía no pertenecen al grupo pueden ser llamados “Patriarcas” en determinadas tradiciones internas.
Cada año, nuevos estudiantes son seleccionados entre los últimos cursos de Yale. Y justamente allí aparece una de las características más interesantes de Skull and Bones: su influencia no parece depender solamente de una estructura formal, sino de las relaciones personales que pueden establecerse entre sus integrantes. Por generaciones, antiguos miembros ocuparon altos cargos que marcaron el destino de la nación norteamericana.

Esto llevó a que se hablara de Skull and Bones como una especie de red de contactos de las élites estadounidenses. El misterio se mantiene porque la sociedad no revela públicamente sus procedimientos internos. Y esa combinación entre poder, tradición, exclusividad y secreto convirtió a Skull and Bones en una de las organizaciones más controvertidas de la historia, que sigue funcionando en Yale.
Su existencia es real. Sus símbolos también. Sus miembros históricos pueden ser identificados. Lo que permanece en las sombras es cuánto de las historias que la rodean corresponde a verdaderos rituales internos y cuánto a la imaginación popular. Tal vez esa sea la verdadera razón de su permanencia como mito. Porque mientras las puertas de “La tumba” sigan herméticamente cerradas, Skull and Bones seguirá ocupando un lugar particular en la historia estadounidense: el de una sociedad universitaria que comenzó en 1832 y que, entre secretos, símbolos y generaciones de hombres poderosos, terminó convirtiéndose en una auténtica leyenda.






