
Lo que para muchas industrias termina siendo un residuo, para tres jóvenes españoles se convirtió en el punto de partida de un proyecto innovador. En los laboratorios de la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT), en la Región de Murcia, un equipo encontró una manera de combinar setas, restos de cerveza y residuos textiles para desarrollar un biomaterial con posibles aplicaciones industriales.
La iniciativa se llama Fun-ghi y está impulsada por Paula Báguena, Anwar Agnaou y Julio Albaladejo, nacidos entre 1999 y 2004. Su propuesta busca aprovechar materiales que habitualmente se desechan y convertirlos en componentes de productos con mayor valor.
El trabajo ya consiguió reconocimiento: obtuvo un premio universitario de 2.000 euros y fue seleccionado entre 925 equipos participantes en un concurso nacional de emprendimiento sostenible.
Quiénes son los tres jóvenes españoles que utilizan setas y residuos de cerveza para crear nuevos materiales
Detrás de Fun-ghi están Paula Báguena, nacida en Alicante en 2004; Anwar Agnaou, nacido en Lorca ese mismo año; y Julio Albaladejo, nacido en San Javier en 1999.
Paula y Anwar estudian Ingeniería Mecánica, mientras que Julio cuenta con un máster en Ingeniería Ambiental y Procesos Sostenibles por la UPCT. Aunque provienen de distintas trayectorias académicas, comparten una preocupación: encontrar soluciones tecnológicas para aprovechar residuos difíciles de gestionar.
Su experiencia en emprendimiento comenzó antes de Fun-ghi. En 2025 participaron en un equipo universitario que ganó un concurso con una propuesta de separación neumática de residuos textiles. Esa inquietud por el reciclaje terminó evolucionando hacia una idea todavía más inesperada: utilizar hongos para producir nuevos materiales.

Cómo transforman los residuos textiles y los restos de cerveza en un biomaterial sostenible
El proceso comienza con el cultivo de una especie de seta conocida científicamente como Pleurotus ostreatus, también llamada seta de ostra.
Estos hongos crecen sobre un sustrato formado por materiales de origen vegetal, entre ellos paja y bagazo de cerveza, el residuo que queda después de procesar la malta durante la elaboración de la bebida.
También se investiga el aprovechamiento de determinados residuos textiles. Las setas se cultivan en bolsas que permiten conservar la humedad necesaria para su desarrollo. Después, la biomasa obtenida se deshidrata y se combina con bioplásticos para producir un material que puede adoptar diferentes formas.
El equipo trabaja con máquinas extrusoras e inyectoras, utilizadas para procesar polímeros y fabricar piezas. Una de las particularidades de Fun-ghi es que sus creadores estudian si el material podría presentar propiedades antifúngicas, es decir, capacidad para dificultar el desarrollo de ciertos hongos.
Sin embargo, esa característica todavía se encuentra bajo análisis y no debe considerarse una propiedad definitivamente demostrada.
De un premio de 2.000 euros a una final nacional entre 925 equipos
El potencial de Fun-ghi despertó interés fuera de los laboratorios. En 2026, sus impulsores ganaron el programa de Proyectos Emprendedores Universitarios de la UPCT, dentro de la iniciativa Santander X Spain Awards, y recibieron 2.000 euros.

Además, fueron seleccionados para representar a la Región de Murcia en el concurso imaginPlanet Challenge, impulsado por CaixaBank.
La convocatoria reunió 925 equipos y más de 6.500 jóvenes. Fun-ghi consiguió situarse entre los diez proyectos finalistas, un reconocimiento que permitió dar visibilidad nacional a su propuesta.
El respaldo académico también ha sido importante. El investigador Ramón Pamies, del grupo de Ciencia de Materiales e Ingeniería Metalúrgica de la UPCT, acompaña el desarrollo del biomaterial en los laboratorios universitarios.
El invento español que podría utilizarse para fabricar zapatos y reducir residuos
El objetivo de los tres jóvenes no se limita a conseguir un prototipo. Entre las aplicaciones que estudian aparece la industria del calzado, donde podrían aprovecharse materiales con características específicas para fabricar determinados componentes. También se exploran otras posibilidades industriales.
A largo plazo, los impulsores de Fun-ghi imaginan un sistema de producción que pueda trasladarse cerca de las empresas interesadas. Una de sus propuestas consiste en utilizar contenedores marítimos adaptados como pequeñas unidades productivas. De esa manera, buscan reducir costes de transporte y facilitar el aprovechamiento local de residuos.

Por ahora, la iniciativa continúa en fase de investigación, validación y perfeccionamiento técnico. Todavía debe demostrar su rendimiento, sus propiedades y su viabilidad comercial.
Pero su recorrido ya deja una historia singular: tres jóvenes españoles consiguieron que materiales tan distintos como las setas, los restos de cerveza y los residuos textiles se convirtieran en protagonistas de un proyecto de innovación ambiental reconocido a escala nacional.






















