Mijaíl Gorbachov y el plan secreto para liberar al nazi Rudolf Hess que terminó en extraño "suicidio"

En 1987 Mijaíll Gorbachov planeó liberar al último nazi detenido en la prisión de Spandau. Los Aliados se enteraron del plan y cambiaron la historia.

Por Marcelo García

Sábado 3 de Septiembre de 2022 - 00:00

Mijail Gorbachov y  Rudolf Hess, Fotos BundesarchivMijaíl Gorbachov y Rudolf Hess. Fotos: Bundesarchiv.

Cuando Rudolf Hess culminó su "vuelo de la paz" estrellando su avión en suelo escocés el 10 de Mayo de 1941, nunca llegó a imaginar qué le depararía la vida. Siempre creyó que todo sería muy distinto. La historia del viaje que Hess, lugarteniente de Adolf Hitler, hizo hacia Inglaterra en plena Segunda Guerra Mundial es uno de los más grandes enigmas de todos los tiempos. Los intentos de negociar la paz directamente con Winston Churchill y pasar a la historia como el nazi que lograba "darle aire" al Führer nazi en el frente occidental para que pudiera desplegar su maquinaria bélica en el frente opuesto con la "Operación Barbarroja" -la invasión alemana a la Unión Soviética- no parecía para Hess algo descabellado. Sin embargo, víctima de una red de espionaje -y tal vez de sus propios errores y una buena dosis de ingenuidad- Hess se eyectó de su avión de combate y cayó en paracaídas en territorio enemigo para ser capturado y nunca más recuperar la libertad. Desde aquel día de 1941 hasta 1945, Rudolf Hess estuvo encarcelado por los británicos y cuando la guerra llegó al final se sentó en el banquillo de los acusados en los juicios de Nüremberg. El nazi fue condenado a cadena perpetua.

 

Mijail Gorbachov y  Richard von Weizsäcker, foto BundesarchivMijaíl Gorbachov y Richard von Weizsäcker. Foto: Bundesarchiv.

 

La idea inesperada de Mijaíl Gorbachov

Aún no había acabado la Guerra Fría, cuando Mijaíl Gorbachov, el líder de la Unión Soviética, concibió una idea que podría haber haber tenido impacto mundial. Como golpe propagandístico -audaz y muy inteligente de su parte- Gorbachov planeaba liberar a Rudolf Hess de la prisión de Spandau, ubicada en Alemania, en 1987 y para lograrlo debía tejer una trama que le permitiera hacerlo sin inconvenientes cuando los carceleros a cargo fueran precisamente los soviéticos. Cabe recordar que la prisión de Spandau era custodiada en diferentes turnos por militares de Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y la Unión Soviética, distribuyendo de manera equitativa los turnos de guardia de la prisión y sus internos. Para ese año Rudolf Hess era el único preso alojado, tras la liberación de Albert Speer en 1966 lo cual daba al presidio un aspecto casi fantasmal con un interno consumido por los años y una artrosis que apenas si lo dejaba caminar por los espaciosos jardines de la cárcel.

 

Prisión de Spandau, foto BundesarchivLa prisión de Spandau, en Alemania. Foto: Bundesarchiv.

 

Un ejército de soldados Aliados custodiaba los sombríos días de Hess en el presidio y así las cosas Gorbachov debía "arreglar" la liberación del nazi para el momento en que la guardia estuviera en manos de los suyos.

El plan resultaría inmejorable para la propaganda rusa: uno de los nazis más emblemáticos, un enemigo acérrimo del comunismo, liberado por sus propios enemigos en un gesto de buena voluntad y de acercamiento entre las partes. Gorbachov pasaría a la historia como un ferviente defensor de los derechos humanos y sería recordado por todos los tiempos como un símbolo inequívoco de paz entre los dos grandes bloques mundiales. Los norteamericanos no lo hubieran hecho. No les interesaba, y mucho menos a los ingleses. La idea de Gorbachov era, sin vueltas, ideal para el mundo comunista.

 

Hess, Reagan y  von Weizsäcker, foto BundesarchivRudolf Hess, Ronald Reagan y Richard von Weizsäcker. Fotos:  Bundesarchiv.

 

Alemania se entera del plan

Richard von Weizsäcker era desde 1984 el presidente de la República Federal de Alemania (la Alemania Occidental "compartida" por los Aliados) y para ese mismo año 1987 tenía prevista una visita oficial a la Unión Soviética, por lo cual las comunicaciones diplomáticas entres los dos países eran cosas de cada día. Así, Gorbachov le informó a von Weizsäcker sobre su idea para liberar a Hess y dar un golpe de escena que nadie había llegado a imaginar. La noticia no cayó en saco roto. Von Weizsäcker se convertía en otro impensado protagonista de este auténtico thriller histórico.

 

Un llamado a Estados Unidos y el "honor" británico en juego

El presidente alemán demoró unos minutos en levantar un teléfono y conseguir comunicación directa con Ronald Reagan, presidente de los Estados Unidos de América. Acababa de recibir información confidencial, de primera mano, de boca de su propio ideólogo y las consecuencias podrían llegar a ser tremendas para los Aliados, muy en especial para los ingleses. Había que avisarle a Margaret Thatcher. Reagan no dejó pasar más tiempo y casi tan rápido como cortó al teléfono con su par de Alemania Occidental, se contactó con la "Dama de Hierro", Margaret Thatcher, Primera Ministro de Gran Bretaña. La misma escena que se había dado durante la Segunda Guerra Mundial se repetía años después, en otro escenario pero con situaciones similares. Estados Unidos y Gran Bretaña unidos contra su "verdadero enemigo": la Unión Soviética. Así como en 1945 norteamericanos, ingleses y franceses "dejaron" entrar solos a los rusos en Berlín para que "no encontraran" a Adolf Hitler (dada la red de protección también por ellos orquestada para la huída del tirano alemán); ahora no podían dejar que los soviéticos pasaran a la historia como los emblemas de la paz y los derechos humanos. Llegaba la hora de entrar en acción.

 

Prisión de Spandau, Margaret Tatcher, foto BundesarchivPrisión de Spandau y Margaret Thatcher. Fotos: Bundesarchiv.

 

Matar a Rudolf Hess

Mijaíl Gorbachov, ajeno al cruce de llamados entre los líderes de Alemania, Estados Unidos y Gran Bretaña, seguía adelante con su idea de liberar a Hess. Para eso había elegido una fecha dentro del mes de Julio de 1987. Las guardias rotativas de Spandau permitirían que durante las jornadas de custodia a cargo de los soviéticos la liberación se llevara a cabo sin inconvenientes. El plan original fue modificado y se eligió como fecha la de Noviembre (fines de mes) del mismo año. A sus 93 años, Hess estaba muy desgastado físicamente y sufría de una artrosis galopante que apenas si le permitía moverse con mucha dificultad. Pero su mente estaba intacta y tenía una memoria frondosa. De este modo podía relatar con todo lujo de detalles todos y cada uno de los hechos de su vida, incluyendo la detención en Inglaterra desde 1941 hasta 1945, y los maltratos y torturas a las que había sido sometido por los británicos. También podía hablar de cosas más comprometedoras para la corona británica: el plan secreto para parlamentar con Hitler a espaldas de los Aliados.

 

Rudolf Hess en Prisión de Spandau, nazis, Adolf Hitler, fotos BundesarchivRudolf Hess en tiempos del nazismo, junto a Hitler; y en Spandau. Fotos: Bundesarchiv.

 

Hess hablaría de las negociaciones de paz que él mismo estaba entablando secretamente con los británicos en 1941. Winston Churchill había dado expresas directivas y sus órdenes no daban lugar a dudas, ni vacilaciones: había que engañar a Hess para que caiga en una trampa, hacerles perder tiempo -a él y a Hitler- para que se les viniera el invierno encima y la Alemania nazi se viera obligada a atacar en dos frentes simultáneamente, algo que la debilitaría. Hitler no quería mantener dos frentes de guerra y por eso deseaba una paz (aunque sea endeble) con Gran Bretaña. Sabiéndolo, Hess orquestó su plan de paz y el legendario vuelo a Inglaterra. El tema crucial era la mentirosa tratativa de paz ofrecida por Churchill a través de una compleja red de espionaje, por lo cual (y a raíz de lo acordado en diferentes tratados) al mentir en medio de "gestiones de paz", Churchill era co-responsable de las consecuencias derivadas de los conflictos que esa mentira pudiera haber provocado. Las consecuencias de ese engaño, a la vista: así Churchill colaboró para que el ataque alemán a Inglaterra fuera posible y para que a Hitler "se le soltara la cadena" e invadiera Rusia. De esta manera el líder británico se convertía en co-responsable de (por lo menos) 20.000.000 de muertes en territorio soviético (además de las víctimas británicas). Dicho de otro modo: Churchill debió haber sido juzgado como criminal de guerra al finalizar la Segunda Guerra Mundial, cosa que claramente no sucedió.

Si Gorbachov planeaba liberar al nazi encerrado en Spandau, iba a ser muy difícil que éste no abriera la boca. Por ésto; había que "silenciar" a Rudolf Hess.

 

Rudolf Hess en Prisión de Spandau, nazis, foto BundesarchivCaminata por los jardines de la cárcel. Foto: Bundesarchiv.

Rudolf Hess en Prisión de Spandau, nazis, foto BundesarchivÚltimos momentos de Hess con vida. Foto: Bundesarchiv.

 

"Suicidan" al lugarteniente de Hitler

La muerte de Rudolf Hess a manos de los ingleses hubiese sido algo burdo y evidente. Con esto en mente Margaret Thatcher recurrió a "mano de obra" norteamericana. Los soldados estadounidenses tendrían a su cargo el "cuidado" de Spandau en Agosto de 1987. La ocasión era propicia para que agentes de la CIA (Central Intelligence Agency, Agencia Central de Inteligencia) realizaran una inesperada visita a la prisión. Por su lado, los ingleses decidieron que la Reina también "tendría ojos dentro de Spandau" y enviaron a dos miembros del SAS (Special Air Service, Servicio Aéreo Especial) para que colaboraran con sus socios norteamericanos en la difícil tarea de "suicidar" a Hess. La entrada a Spandau de los agentes de la CIA y el SAS se produjo en la medianoche del 15 al 16 de Agosto de 1987. El lunes 17, mientras Hess caminaba por los jardines de la prisión, los agentes se acercaron y pasaron una cuerda alrededor de su cuello con una sola intención: asesinarlo. Increíblemente Hess no murió en ese instante por lo cual fue llevado al interior de Spandau. Mientras era "asistido", esbozó unas pocas y últimas palabras. Estaba identificando (ante un soldado norteamericano ajeno al "operativo") como únicos responsables del primer intento de asesinato contra su persona a los dos agentes del SAS británico.

Horas después era encontrado ahorcado en su celda. Una cuerda colgada del techo apretaba su cuello quebrado y sus débiles manos y endebles brazos carcomidos por la artrosis pendían inertes al costado del cuerpo frío. Aquel viejo nazi de 93 años, increíblemente, había decidido suicidarse tras largos 41 años de prisión. Por las dudas, ingleses y norteamericanos, "lo suicidaron" antes. Richard Warren, el soldado norteamericano al que Hess les "marcó" a los agentes del SAS que habían atentado contra su vida, había prometido escribir un libro relatando la historia, pero... un tiempo después "cambió sus planes" y se arrojó desde un piso 22.

Mijaíl Gorbachov pasó a la historia, pero no por salvar a Rudolf Hess.

 

Instagram: @marcelo.garcia.escritor
Twitter: @mdGarciaOficial

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