A qué edad somos más felices, según la psicología.
A qué edad somos más felices, según la psicología.

La idea de felicidad acompaña a la humanidad desde hace siglos. Sin embargo, lejos de ser un estado fijo o ligado únicamente a una etapa de la vida, la psicología actual la entiende como un proceso cambiante, influido por la edad, las experiencias personales y el contexto social. Las expectativas colectivas, el recorrido emocional y las vivencias individuales moldean la manera en que cada persona experimenta el bienestar a lo largo del tiempo.

Desde esta mirada, distintos especialistas coinciden en que la felicidad no se define solo por logros visibles. La escritora y divulgadora Elsa Punset ha señalado en diversas ocasiones que el bienestar está profundamente relacionado con la coherencia interna: vivir de acuerdo con los propios valores, deseos y necesidades emocionales.

En muchos casos, el malestar no surge por la ausencia de éxitos personales o profesionales, sino por la presión constante de cumplir con modelos impuestos. En una época marcada por la comparación permanente en redes sociales y la búsqueda de ideales inalcanzables, prestar atención a las propias emociones se vuelve clave para mantener el equilibrio psicológico.

Punset sostiene que la felicidad es una vivencia subjetiva que requiere un proceso de autoconocimiento. Esta postura coincide con numerosos estudios en psicología positiva, que destacan la autenticidad y el sentido de propósito como pilares fundamentales del bienestar emocional.

A qué edad somos más felices, según la psicología. Foto: Freepik

El rol de los vínculos afectivos

Otro aspecto central en la construcción de la felicidad es la calidad de las relaciones humanas. El Estudio de Desarrollo Adulto de la Universidad de Harvard —una de las investigaciones más prolongadas sobre bienestar— concluyó que los lazos personales estables y significativos tienen un impacto directo en la satisfacción vital y en la salud a largo plazo.

Los resultados muestran que no es la cantidad de vínculos lo que marca la diferencia, sino su profundidad. Las relaciones basadas en la confianza y el apoyo mutuo ofrecen contención emocional, ayudan a atravesar momentos difíciles y fortalecen el sentido de pertenencia, factores estrechamente vinculados a mayores niveles de bienestar.

En este sentido, los especialistas diferencian entre la soledad no deseada, que puede generar sufrimiento emocional, y la soledad elegida, que en determinados momentos puede favorecer la introspección, el crecimiento personal y la regulación emocional.

Parejas, relación, vinculo. Foto: Unsplash
El rol de los vínculos afectivos.

Cómo evoluciona la felicidad con la edad

El desarrollo emocional no es lineal a lo largo de la vida. Autores como Carl Jung ya advertían que gran parte de la adultez temprana y media suele estar atravesada por la adaptación a expectativas externas, mientras que en etapas posteriores emerge con mayor fuerza la necesidad de construir una identidad más auténtica.

Este proceso suele ir acompañado de crisis personales que, según diversos enfoques psicológicos, pueden convertirse en oportunidades de cambio. Dejar de depender de la aprobación ajena y tomar decisiones alineadas con criterios propios suele generar una mayor sensación de control, uno de los componentes asociados al bienestar sostenido.

A qué edad somos más felices y qué es la curva de la felicidad, según la ciencia

Durante años se creyó que la juventud representaba el período más feliz de la vida. No obstante, investigaciones en economía del comportamiento y psicología han identificado un patrón diferente. Estudios realizados por David Blanchflower y Andrew Oswald describen la denominada “curva en forma de U” del bienestar: niveles relativamente altos en la juventud, un descenso progresivo durante la mediana edad y un repunte en etapas posteriores.

Según estos análisis, el punto más bajo de satisfacción suele ubicarse entre los 45 y 50 años, aunque esta cifra varía según factores culturales, sociales y económicos.

A partir de los 60 o 70 años, muchas personas reportan un aumento en la percepción de felicidad. Este cambio se asocia con una mejor regulación emocional, una menor preocupación por el estatus social o profesional y una mayor capacidad para disfrutar de las experiencias cotidianas.

Felicidad, bienestar. Foto Freepik
El rol de los vínculos afectivos. Foto Freepik

Los especialistas aclaran que este incremento del bienestar no implica que la vida sea más sencilla, sino que cambia la manera de afrontarla. Con el paso del tiempo, se tiende a priorizar vínculos significativos, ajustar expectativas poco realistas y dedicar más energía a actividades que generan satisfacción personal.

Además, investigaciones en neurociencia sugieren que el cerebro puede desarrollar una mayor habilidad para gestionar emociones negativas con la edad, lo que contribuye a un estado emocional más estable.

Una construcción a lo largo de toda la vida

Aunque los estudios marcan tendencias generales, los psicólogos advierten que la felicidad no depende exclusivamente de la edad. Factores como la salud, el entorno social, la estabilidad económica y el sentido personal influyen de manera decisiva en el bienestar.

En ese marco, la felicidad se entiende como un proceso dinámico que se construye a lo largo de toda la vida. Escuchar las propias necesidades, cuidar los vínculos y sostener expectativas realistas aparecen como claves para favorecer el bienestar emocional en cualquier etapa.