China acelera su Ruta de la Seda Polar: el corredor ártico que cambia el comercio mundial
China avanza sobre el Ártico con su ambiciosa Ruta de la Seda Polar, un corredor marítimo que promete reducir drásticamente los tiempos de envío hacia Europa, pero que también despierta fuertes alertas ambientales y tensiones geopolíticas en plena carrera por el control del norte del planeta.

China avanza con una estrategia destinada a transformar el Ártico en un nuevo eje del comercio mundial. Este megaproyecto, conocido como Ruta de la Seda Polar, forma parte de la Iniciativa de la Franja y la Ruta y busca aprovechar el deshielo acelerado del océano Ártico para habilitar corredores marítimos más rápidos entre Asia, Europa y América del Norte.

Un corredor que promete reducir tiempos y costos
La principal motivación de China es logística. La ruta tradicional hacia Europa —que bordea el sudeste asiático y atraviesa el canal de Suez— puede tardar entre 30 y 50 días, mientras que el tránsito por el Ártico promete reducir esos tiempos hasta casi la mitad. Prueba de ello es el viaje del buque Istanbul Bridge, que completó la travesía entre Ningbo (China) y Gdansk (Polonia) en solo 18 a 20 días, consolidando uno de los primeros servicios regulares del llamado “China–Europe Arctic Express”.
Para Pekín, este ahorro de tiempo también se traduce en menor consumo de combustible, reducción de costos logísticos de hasta un 35% y mayor competitividad para sus exportaciones. Además, evita puntos críticos como el estrecho de Malaca o el Canal de Suez, cuyas crisis recientes demostraron su vulnerabilidad para el comercio global.

Cooperación estratégica con Rusia
La apertura de estas rutas no sería posible sin el apoyo de Rusia. El corredor se asienta sobre la Ruta Marítima del Norte, controlada por Moscú, que planea invertir cerca de 22.000 millones de dólares hasta 2035 para garantizar la navegabilidad mediante rompehielos y nuevas infraestructuras. La colaboración sino-rusa le da a China acceso a nuevos pasajes y a Moscú una vía alternativa de conexión con mercados asiáticos.
Además, ambos países firmaron acuerdos que formalizan esta cooperación, convirtiendo el corredor ártico en una columna vertebral de la Ruta de la Seda Polar.
Un proyecto con implicaciones geopolíticas
El rápido avance chino ha generado preocupación en Occidente. China se autodefine como “estado cercano al Ártico”, lo que le permitiría participar activamente en un territorio que tradicionalmente ha sido dominio de países ribereños. Esta expansión incluye inversiones en puertos, minería y posibles infraestructuras de doble uso, lo que despierta recelos en EE. UU. y Europa ante un posible aumento de influencia militar china en la región.
Con el regreso de Donald Trump al poder, Estados Unidos ha adoptado medidas para frenar la presencia china, fortaleciendo su posición en el Atlántico Norte y ofreciendo alternativas económicas a naciones árticas para evitar su alineación con Pekín.
El dilema ambiental
Aunque la Ruta de la Seda Polar promete eficiencia logística, su desarrollo implica un costo ecológico significativo. El aumento del tráfico marítimo genera contaminación acústica, vertidos accidentales y la emisión de carbono negro, que oscurece el hielo y acelera aún más el deshielo. Este impacto amenaza a especies como el oso polar, la morsa y grandes cetáceos del Ártico.













