Un equipo de paleontólogos realizó un descubrimiento inédito.
Un equipo de paleontólogos realizó un descubrimiento inédito. Foto: Reuters

Un equipo internacional de paleontólogos anunció el descubrimiento de restos fósiles de homínidos en una cueva de Casablanca, Marruecos, que datan de aproximadamente 773.000 años, lo que podría aportar nuevas piezas clave sobre las raíces más profundas del Homo sapiens y su evolución en África. El estudio, publicado en la revista Nature, puso el foco en el registro fósil africano de un período poco documentado hasta ahora y reforzó la hipótesis de que nuestra especie tuvo un origen africano muy antiguo.

Los restos incluyen mandíbulas, dientes y vértebras y un fémur recuperados en el yacimiento conocido como Grotte à Hominidés en el sitio arqueológico Thomas Quarry I. Según los investigadores, estas piezas mostraron una mezcla de rasgos primitivos y otros más derivados, lo que sugirió que podrían corresponder a una forma evolucionada de Homo erectus, el predecesor más arcaico conocido en África que vivió hace cerca de 1,9 millones de años.

Los fósiles de Marruecos ocupan un espacio cronológico crucial, ya que llenan un vacío de evidencia fósil en el registro africano entre hace un millón y 600.000 años. Esta brecha había sido un punto de incertidumbre para los científicos que buscan comprender cómo y cuándo se perfiló la línea que condujo al Homo sapiens moderno, así como a otros parientes como los neandertales y los denisovanos.

Restos fósiles en Marruecos
Los encontraron en una cueva de Casablanca, Marruecos. Foto: Reuters

El paleoantropólogo Jean-Jacques Hublin, uno de los principales autores del estudio, señaló que aunque aún no se puede afirmar con certeza que los restos representen al último ancestro común de los humanos modernos, neandertales y denisovanos, sí son “plausiblemente cercanos a las poblaciones de las que emergieron más tarde” estos linajes. Este tipo de mezcla de características morfológicas refuerza una historia evolutiva africana para la especie moderna.

Este hallazgo también tiene implicaciones más amplias para la comprensión de la evolución humana. Durante décadas, algunos fósiles de Europa como los de Homo antecessor en Atapuerca, España, habían alimentado el debate sobre si parte de la evolución humana podría haber tenido raíces fuera de África antes de migrar de vuelta. Los restos marroquíes, con su antigüedad bien datada, ofrecen un fuerte respaldo a la idea de que el linaje del Homo sapiens evolucionó profundamente en África, reforzando que este continente no solo fue cuna de nuestra especie, sino también un punto de diversificación evolutiva temprano.

A pesar de la relevancia de estos fósiles, los científicos advierten que faltan más evidencias directas, como cráneos completos o material genético recuperado, para trazar con precisión la transición evolutiva completa. Sin embargo, este descubrimiento sigue siendo un avance significativo, ya que aportó datos cruciales a los fines de reconstruir la historia de nuestros antepasados y entender cómo se separaron los linajes humanos hace cientos de miles de años.

Hallazgo histórico en Chubut: descubren flores fósiles que ofrecen nuevas pistas sobre la evolución de las plantas

Un equipo de paleontólogos y paleobotánicos realizó un hallazgo histórico en la provincia de Chubut. Se trata de diminutas flores fósiles de 101 millones de años que aparecieron en el mismo yacimiento donde fue desenterrado el Patagotitan mayorum, el dinosaurio más grande conocido hasta ahora.

Este registro constituye uno de los más antiguos del sur de Sudamérica y uno de los mejor datados de Gondwana, aportando información clave sobre la radiación temprana de las angiospermas en el hemisferio sur.

Descubren flores fósiles en Chubut. Foto: Noticias Ambientales

El equipo registró maderas de coníferas e impresiones de hojas, pero el análisis de laboratorio reveló algo más: pequeñas flores de menos de un centímetro de diámetro, bien preservadas, que permiten observar detalles morfológicos típicos de las primeras plantas con flor.

Se trata de uno de los pocos casos en el mundo donde flores y dinosaurios aparecen preservados juntos. Los fósiles se conservaron en un ambiente fluvio-lacustre, cerca de antiguos cuerpos de agua. Aunque las coníferas dominaban el paisaje, las plantas con flor ya estaban diversificándose y probablemente formaban parte de la dieta de algunos herbívoros.