Los secretos del mar de los Sargazos: el único del mundo sin playas ni costas que intriga a la ciencia
Sin límites territoriales y rodeado por corrientes marinas, el mar de los Sargazos es una de las regiones más singulares del planeta y cumple un papel esencial en la biodiversidad oceánica.

En pleno océano Atlántico existe un mar que no toca tierra firme, no tiene playas ni puertos, y cuya delimitación no depende de fronteras políticas sino de corrientes marinas.
Se trata del mar de los Sargazos, una región única en el mundo que desde hace siglos despierta fascinación, mitos y debates científicos. Su misterio quedó inmortalizado en la literatura cuando Julio Verne lo describió en Veinte mil leguas de viaje submarino.

“Pero antes de penetrar en el golfo de México, hacia los 44º de latitud Norte, la corriente se divide en dos brazos, el principal de los cuales se encamina hacia las costas de Irlanda y de Noruega, en tanto que el segundo se orienta hacia el Sur a la altura de las Azores, para bañar las costas africanas y, desde allí, tras describir un óvalo alargado, volver hacia las Antillas. Este segundo brazo -es más bien un collar que un brazo -rodea con sus anillos de agua cálida esa zona fría del océano, tranquila, inmóvil, que se llama el mar de los Sargazos. Verdadero lago en pleno Atlántico, las aguas de la gran corriente no tardan menos de tres años en circunvalarlo”.
El mar sin viento ni costas: qué es y por qué es tan importante el mar de los Sargazos
Si bien la ciencia moderna corrigió el carácter “inmóvil” que sugería Verne, su descripción anticipó un rasgo central: el mar de los Sargazos está definido por el giro del Atlántico Norte, un sistema de corrientes que lo encierra como un anillo líquido. Esa circulación favorece la acumulación de algas del género Sargassum, que flotan gracias a pequeñas vejigas llenas de gas y pueden formar extensas alfombras visibles desde kilómetros de distancia.

Estas algas sostienen un ecosistema singular. Peces como el pez sapo de los sargazos, cangrejos, camarones, moluscos y anémonas viven adaptados a este entorno flotante. Algunas especies utilizan la zona como refugio para reproducirse, como la anguila y el congrio americano, mientras que las crías de tortuga boba permanecen allí hasta alcanzar la madurez.
Paradójicamente, el mar que rodea estas algas es pobre en vida. La alta salinidad y la estratificación térmica de sus aguas limitan la diversidad biológica, por lo que los científicos suelen describirlo como un “desierto marino” rodeado de oasis flotantes.

Más allá de su valor ecológico, el mar de los Sargazos enfrenta en la actualidad nuevos desafíos. El mismo sistema de corrientes que concentra algas también atrapa residuos plásticos, generando islas de basura y agravando el impacto ambiental cuando los sargazos llegan a las costas del Caribe o África occidental.
Allí, su descomposición libera gases tóxicos y genera problemas sanitarios para las comunidades locales. Lejos de ser una trampa para navegantes, como se creyó durante siglos, el mar de los Sargazos es actualmente un símbolo de la complejidad de los océanos y de la necesidad de comprenderlos y protegerlos. Un mar sin costas, pero con un papel clave en el equilibrio ambiental del planeta.



















