Quebró el Aquarium de Mar del Plata: qué pasará con los animales que quedaron bajo control judicial
La quiebra del Aquarium de Mar del Plata dejó a decenas de animales dentro del predio y con su futuro pendiente de una resolución judicial.

El cierre definitivo del Aquarium de Mar del Plata, uno de los parques marinos más emblemáticos del país, abrió un escenario inédito que trasciende lo turístico y lo comercial. Con la empresa operadora en quiebra, 66 animales permanecen dentro del predio sin un destino inmediato, atrapados en un proceso judicial que combina cuestiones financieras, ambientales y legales.
La Justicia comercial decretó la quiebra de Plunimar S.A., la firma que explotaba el acuario, luego de que reconociera su imposibilidad de sostener la operación tras el cierre del parque ocurrido en marzo de 2025. Desde entonces, el futuro de pingüinos y lobos marinos quedó sujeto a decisiones judiciales y autorizaciones administrativas que aún no se resolvieron.
Una quiebra poco común: animales como parte del expediente
A diferencia de otros procesos de quiebra, donde se liquidan inmuebles, maquinaria o marcas, en este caso el “activo” más sensible son seres vivos. En total, el predio alberga 56 pingüinos magallánicos, dos pingüinos rey, cuatro pingüinos saltarrocas y cuatro lobos marinos, todos dependientes de cuidados diarios, alimentación y control veterinario.
Mientras avanza el proceso judicial, un grupo reducido de trabajadores continúa desempeñando tareas esenciales para garantizar la supervivencia y el bienestar de los animales. Se trata de una estructura mínima sostenida sin ingresos, en un contexto financiero crítico.

Por qué los animales no pueden ser trasladados todavía
Con la quiebra formalizada, cualquier traslado, cesión o reubicación de los animales debe ser autorizado por el Juzgado Comercial interviniente. Esto incluye tanto movimientos dentro del país como eventuales traslados al exterior.
Según consta en el expediente, antes de la quiebra la empresa había explorado la posibilidad de vender algunos ejemplares a otros parques, pero esa opción quedó frenada con el inicio del proceso judicial. Ahora, el destino de los animales depende de la sindicatura, los organismos ambientales y el aval judicial, lo que ha generado demoras y creciente preocupación pública.
El conflicto de fondo: el cierre del predio
El Aquarium funcionó durante más de tres décadas en un terreno ubicado en Punta Mogotes, uno de los sectores más valiosos de la costa marplatense. El contrato de alquiler, que había sido renovado en forma precaria durante los últimos años, no fue finalmente extendido, lo que obligó al cierre y dejó al parque sin su principal fuente de ingresos.
Con el plazo de restitución del inmueble vencido y los animales aún dentro del predio, la situación se volvió una carrera contra el tiempo. La Justicia ahora debe resolver cómo garantizar el bienestar animal sin agravar el perjuicio económico del proceso.
Presión social y mirada ambiental
Organizaciones de protección animal, vecinos y referentes ambientales siguen de cerca el caso. Muchos reclaman que los animales no sean enviados a otros parques de exhibición, sino a santuarios o centros especializados, especialmente en el caso de los pingüinos, cuya adaptación a nuevos entornos no es sencilla.
Además, el cierre del Aquarium dejó sin funcionamiento a un histórico Centro de Rehabilitación de Fauna Marina, que durante años asistió a animales heridos en la costa bonaerense, sumando otra capa de impacto ambiental a la crisis.
Un caso que abre un debate más amplio
La quiebra del Aquarium de Mar del Plata no solo marca el final de un ícono turístico, sino que también expone un vacío legal sobre qué ocurre cuando emprendimientos con fauna en cautiverio colapsan financieramente.
Mientras la Justicia define los próximos pasos, los animales siguen esperando. Su situación se convirtió en el centro de un debate que involucra derechos de los animales, responsabilidad empresarial y el rol del Estado en la protección de la fauna.
Por ahora, el destino de estos 66 ejemplares continúa en suspenso, en un limbo donde el tiempo, las decisiones judiciales y la presión social serán determinantes.



















