Estados Unidos apuesta a la alimentación para reducir el gasto en salud: la nueva pirámide como política económica
El país lanzó una nueva guía alimentaria con un objetivo que va más allá de la nutrición: prevenir enfermedades crónicas, aliviar el sistema sanitario y ahorrar millones en atención médica. El nutricionista Javier Aristegui (MN 8521) habló con Canal26.com y sostuvo que el impacto podría ser “realmente radical” en el futuro.

Estados Unidos presentó una nueva pirámide alimenticia que trasciende lo nutricional para convertirse en una política de Estado con implicancias económicas y sanitarias profundas. Más que una guía de recomendaciones alimentarias, la iniciativa busca prevenir enfermedades crónicas, aliviar el sistema de salud y reducir el gasto público en atención médica.
Para el nutricionista Javier Aristegui (MN 8521), creador del método MAD (@jaristegui.nutricionmad) esta intervención es inédita y con una intención estratégica clara: “Creo que es un caso muy particular porque vemos cómo un Estado empieza a influenciar sobre la prevención de enfermedades crónicas. No ha pasado en otros lugares del mundo que un Estado gaste tanta cantidad de millones de dólares buscando que su población coma de una forma más nutritiva”.

Epidemia de obesidad y diabetes: un número que cuesta caro
El experto destaca que, más allá de los componentes específicos de la pirámide, el fondo de la política es su objetivo sistémico: mejorar la nutrición de la población para reducir en el futuro las enfermedades que más presión ejercen sobre los sistemas sanitarios y las economías nacionales.
Según datos de The Global Statistics, más del 40% de los adultos en Estados Unidos padecen obesidad, con variaciones por edad y demografía. Además, estudios muestran que más del 50% de las calorías consumidas por los estadounidenses provienen de alimentos ultraprocesados, especialmente en niños y adolescentes, donde supera el 60%.
De esta manera, vemos cómo este país enfrenta cifras preocupantes: es uno con las mayores tasas de obesidad y diabetes en el mundo. Según Aristegui, “la población de Estados Unidos va a poder contar con mejor calidad de productos, de alimentos que los van a poder nutrir más y el día de mañana seguramente enfermar menos”. Esto subraya el enfoque preventivo que caracteriza a la nueva guía alimentaria.

Alimentación y economía: una relación directa
El profesional remarca que el sobrepeso y la diabetes no solo comprometen la salud individual, sino que también imponen una carga económica significativa. “Hoy Estados Unidos es el país que más cantidad de diabéticos y obesos tiene y eso repercute directamente sobre su economía porque estas personas terminan acudiendo muchas veces a guardias de hospitales o a ocupar camas y los hacen gastar muchísimo dinero”, explica Aristegui.
Este punto es clave: la pirámide no es solo una recomendación dietética, sino una apuesta por modificar hábitos para reducir costos asociados a la atención de enfermedades crónicas. En un país donde la atención médica representa uno de los mayores rubros de gasto público y privado, esta estrategia busca invertir hoy para ahorrar mañana.
Además, Aristegui subraya las consecuencias sociales y económicas de estas enfermedades más allá del costo sanitario: “Ni hablar de todos lo que ocasiona que una persona quede inválida y demás”. La referencia apunta a la pérdida de productividad y a la carga que representan las discapacidades sobre los individuos y sus familias.

¿Puede este modelo replicarse en otros países?
Si bien aún es pronto para evaluar resultados concretos, Aristegui sostiene que la medida puede tener un impacto más profundo de lo que parece a simple vista. “Creo que puede ser algo realmente radical a la hora de pensar las economías de los países en el futuro”, afirma, planteando la posibilidad de que esta política marque un punto de inflexión en la forma en que los Estados abordan la relación entre alimentación y salud pública.
Este enfoque abre la puerta a un debate más amplio sobre cómo las políticas alimentarias pueden formar parte de soluciones estructurales, en un contexto donde los valores de atención médica siguen en ascenso y las enfermedades crónicas representan una preocupación central para gobiernos de todo el mundo.

















