Hogar con olor a limpio: ¿cada cuánto hay que lavar los almohadones para mantener la casa fresca?
El polvo, el uso diario y el contacto constante hacen que los almohadones acumulen suciedad más rápido de lo que imaginamos. Conocer cada cuánto lavarlos y cómo hacerlo correctamente es clave para mantener el hogar fresco, prolijo y libre de malos olores.

Una de las dudas más frecuentes al momento de limpiar el living o el dormitorio es cada cuánto tiempo conviene lavar los almohadones. En internet circulan todo tipo de recomendaciones: algunos sugieren hacerlo todos los meses, otros cada seis meses o incluso con menos frecuencia. Lo cierto es que no hay una regla única.
Lo primero que hay que diferenciar es la funda del relleno. La funda, al estar en contacto directo con la piel, el polvo y el ambiente, necesita lavados más seguidos. El relleno, en cambio, al estar protegido, puede espaciarse un poco más.

¿Cada cuánto conviene lavarlos?
No existe una frecuencia universal, ya que depende del uso y de las condiciones de cada hogar. Sin embargo, como referencia general:
- Las fundas de uso cotidiano —como las del sofá o los almohadones decorativos del living— pueden lavarse cada uno o dos meses. Si están manchadas, pegajosas o con olor, es mejor no esperar.
- Los rellenos pueden limpiarse cada tres a seis meses, siempre que estén en buen estado y protegidos por la funda.
Cómo lavar las fundas sin estropearlas
Antes de ponerlas en la lavadora, es fundamental revisar la etiqueta del fabricante. Allí se especifica la temperatura adecuada del agua y los productos recomendados.

En la mayoría de los casos, se aconseja utilizar agua fría para evitar que la tela encoja. También es preferible optar por un detergente líquido y suave, que no deje restos. Cerrar las cremalleras antes del lavado para que no se enganchen con otras telas. Si hay manchas visibles, tratarlas previamente con jabón neutro y frotar con suavidad puede ayudar a obtener mejores resultados.
¿Qué pasa con los rellenos?
Muchos rellenos pueden lavarse en lavarropas, pero hay excepciones, como la espuma viscoelástica, que puede dañarse con el centrifugado. Si el material lo permite, elegí un programa suave y lavalos de a dos para equilibrar el peso dentro del tambor. Usá poca cantidad de detergente y asegurate de que queden bien enjuagados.

Por último, hay telas delicadas —como terciopelo o seda— que no deberían ir al lavarropas. En esos casos, lo más recomendable es recurrir a la tintorería. Lo mismo sucede con fundas que tengan bordados, apliques o flecos.
En definitiva, más que seguir una fecha fija, lo importante es observar el estado de los almohadones y adaptarse al uso que reciben en casa.

















