Por qué los auriculares dañan el oído: su uso cotidiano es tan común como riesgoso
A medida que aumenta la popularidad de estos dispositivos, también lo hace el riesgo de daño auditivo permanente debido a volúmenes altos. La OMS advierte que más de mil millones de personas de entre 12 y 35 años podrían estar expuestas a esta amenaza silenciosa.

El uso cotidiano de auriculares, especialmente entre adolescentes, es un tema de creciente preocupación. A medida que aumenta la popularidad de estos dispositivos, también lo hace el riesgo de daño auditivo permanente debido a volúmenes altos.
En ese sentido, la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que más de mil millones de personas de entre 12 y 35 años podrían estar expuestas a esta amenaza silenciosa.
Según datos recientes, uno de cada cinco adolescentes ya presenta algún grado de afección auditiva. Esta situación ha llevado a profesionales de la salud a destacar la urgencia de concienciar sobre los efectos nocivos de escuchar música o contenido a altos niveles de volumen.
Mientras que algunos dispositivos, como los auriculares Bluetooth, han suscitado dudas por su cercanía al cerebro, el médico Patricio Ochoa aclara que, aunque operan en frecuencias similares a las de un microondas, sus efectos en el cuerpo son distintos e aún no están claramente demostrados.
La exposición prolongada a volúmenes superiores a 80 decibelios puede causar daño irreversible en el oído interno, ya que las células ciliadas dañadas no tienen capacidad de recuperación. El audiólogo Cory Pugnoff enfatiza que no importa el tipo de auricular; si se utilizan a volúmenes riesgosos, todos pueden ser igualmente perjudiciales para la salud auditiva.

A pesar del riesgo, muchos adolescentes continúan usando auriculares internos por su comodidad, ignorando las advertencias de salud. Las sociedades médicas, como la Asociación Española de Pediatría, recomiendan modelos externos, favorables para la ventilación del canal auditivo y reducción de infecciones, pero enfatizan que la clave radica en el volumen de escucha, que debe ser controlado para evitar daños en la audición.



















