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Aves Foto: Wikipedia

Los loros barranqueros, posados en cables o formando nidos gigantes en ramas, se han convertido en parte de la postal cotidiana de la Patagonia. Sin embargo, lo que muchos interpretan como una superpoblación invasiva es, en realidad, un fenómeno muy distinto.

Una investigación del Conicet, liderada por el biólogo Alejandro Gatto, revela que la población de loros barranqueros cayó un 40 % respecto a sus niveles históricos. “No hay una invasión, la población es cada vez menor”, afirmó el especialista, contradiciendo la percepción popular.

¿Por qué parecen más presentes en las ciudades?

La explicación es clara: los loros se agrupan donde está la gente. Antes se encontraban dispersos en su hábitat natural, el monte nativo, pero la pérdida de ese ambiente los obliga a refugiarse en pueblos y ciudades.

Al no hallar sus brotes y frutos naturales, recurren a plantas ornamentales y cultivos, una dieta que los científicos califican como perjudicial para su salud. Gatto lo resume con una metáfora: “En las ciudades sobreviven, pero es como comer comida rápida o chatarra. A la larga, les hace mal”.

Los loros barranqueros han cambiado su hábitat debido a la disminución de su entorno natural en Patagonia.

Aves Foto: Wikipedia

Pérdida de hábitat y factores de presión

El cambio en el uso de la tierra, tanto en el sur de Buenos Aires como en la costa de Río Negro, ha sido determinante. El monte nativo fue reemplazado por plantaciones y cultivos, dejando a las colonias sin refugios nocturnos ni sustento.

En Puerto Madryn, el problema se agravó por los incendios rurales que, desde hace más de una década, redujeron drásticamente la cantidad de arbustales. Sin esas matas grandes de arbustos, los loros pierden su “casa” y se ven forzados a buscar alimento y refugio en entornos urbanos.

Impacto en la especie y la esperanza

La dieta urbana y ornamental no solo altera su comportamiento, sino que compromete su salud y capacidad reproductiva. La falta de monte nativo implica menos espacios para dormir y menos frutos y hojas para alimentarse, lo que debilita a las colonias.

A pesar del panorama crítico, existe una luz de esperanza: la regeneración natural. En zonas afectadas por incendios ya comienzan a crecer matas de medio metro, aunque aún falta mucho tiempo para que los loros puedan volver a habitar plenamente el monte nativo.

Convivencia inevitable

Mientras tanto, la convivencia será obligatoria. “Vamos a tener que acostumbrarnos a los loros”, sentencia Gatto. En otras regiones, como el sur bonaerense o la costa rionegrina, su presencia urbana ya es habitual desde hace años.

La supuesta “invasión” de loros barranqueros en la Patagonia es, en realidad, el reflejo de una crisis ambiental: la pérdida del monte nativo y los incendios rurales los obligan a refugiarse en las ciudades. Lejos de ser una plaga, su población está en declive y su supervivencia depende de la recuperación de los ecosistemas naturales.