No es el Palacio Barolo: la construcción de Buenos Aires inspirada en La Divina Comedia que hoy es un restaurant de lujo
Milanesa con hueso para compartir pensada por un chef con Estrellas Michelin, en una casa familiar redonda y llena de secretos en pleno Palermo. Cuánto salen los platos y cómo reservar.
Siempre despertó la curiosidad de los que pasaban por la avenida Figueroa Alcorta: una esquina presidida por una torre circular que le otorgó su nombre popular, La Casa Redonda. Nació como una residencia de 1922, obra del arquitecto milanés Mario Palanti años antes de edificar el Palacio Barolo. Este hogar familiar de los Fevre, ubicado en la emblemática esquina de Ortiz de Ocampo y Eduardo Costa, en Palermo, refleja la excentricidad y opulencia de la Belle Époque porteña. Hoy es Casa Palanti, un lujoso restaurant.
Palanti fue uno de los que mejor interpretó la transformación de la ciudad en el siglo XX. Su trabajo, que combinó tradición europea con recursos de vanguardia y modernidad técnica, dejó más de 30 obras en Buenos Aires, que hoy constituyen un capítulo importante del patrimonio de la ciudad. Particularmente en esta casa, construyó la torre-mirador para que la familia -dueña de la concesionaria Chrysler ubicada frente a su hogar- pudiera ver las pruebas de autos que se realizaban en una pista que había en la terraza.
La casa fue residencia familiar, sede diplomática (llegó a ser embajada de Irán) y más tarde galería y showroom, antes de su reciente restauración para convertirse en un restaurante.
Las paredes curvas envuelven como en un laberinto y su salones están inspirados en el Infierno, Purgatorio y Paraíso, con un legado Art Nouveau que recobró su esplendor para convertirse en un nuevo referente gastronómico. Y volvió a ser un laberinto donde perderse con sus paredes curvas.
Casa Palanti: estacionalidad en el menú
Tras un minucioso proceso de restauración, Casa Palanti volvió a abrir al público como un espacio que combina patrimonio arquitectónico, cocina porteña de producto y un ambiente sofisticado que celebra la elegancia de los encuentros privados en Buenos Aires.
El proyecto de puesta en valor estuvo a cargo de Eme Carranza Studio, que trabajó sobre la premisa de respetar la estructura original e introducir un lenguaje actual dentro de su historia.
Mármoles, maderas, vitrales y herrerías fueron restaurados, mientras que mobiliario y luminarias fueron diseñados especialmente para cada espacio. El interior retoma la idea de La Divina Comedia trazando un recorrido sensorial donde arquitectura, arte y gastronomía dialogan de manera íntima y teatral.
El restaurante está liderado por Juan Ventureyra, chef galardonado con una Estrella Michelin en 2025 y una Estrella Verde Michelin en 2024 por su proyecto Riccitelli Bistró en Mendoza. Su propuesta interpreta la cocina porteña actual con un guiño a las raíces italianas en homenaje a Mario Palanti, poniendo al producto argentino de estación como gran protagonista.
“Cocinar en una casa como esta es un privilegio. La arquitectura inspira y exige. Buscamos que cada plato dialogue con su historia sin perder identidad ni precisión”, señala Ventureyra. Así decidió usar como materia prima vegetales orgánicos, pesca de anzuelo, carnes seleccionadas con trazabilidad y productos premium como el caviar y la carne de waygú ($ 85.000 el plato), que se presentan para compartir, en una búsqueda por explorar texturas y combinaciones.
Alguna de las entradas que se lucen son el carpaccio de langostinos, el tartar de lomo y las mollejas con caviar ($ 45.000). Las proteínas se ordenan separadamente: milanesa con hueso, un clásico porteño preparado como en Milán ($ 59.000); pesca blanca con salsa beurre blanc ($ 52.000) y porchetta de cerdo Duroc, entre otras; se combinan con una selección de vegetales orgánicos, los mejores de cada estación.
No faltan las pastas artesanales: linguini alla vodka ($ 38.000) y rigattoni con caviar. Entre los postres, se destacan el babá al rhum ($ 16.000), las frutillas con sabayón y la torta de chocolate. Gran parte del menú es libre de gluten y también se incluyen opciones veganas.
Además, la panadería, pastelería, helados y pastas se elaboran íntegramente allí. La carta de vinos fue desarrollada por Marcela Rienzo, presidenta de la Asociación Argentina de Sommeliers, y reúne etiquetas históricas, proyectos de pequeña escala, una selección internacional que equilibra tradición e innovación, para acompañar la propuesta desde una mirada amplia y diversa.
La coctelería está a cargo de Ludovico de Biaggi y presenta clásicos reinterpretados y tragos de autor elaborados con productos de estación. La barra trabaja en estrecha colaboración con la cocina para potenciar maridajes y experiencias complementarias.
Dirección: Ortíz de Ocampo 2901, CABA. Abre de lunes a miércoles de 12 a 24 y dejueves a domingo de 12 a 01. Reservas aquí.