Del método Marie Kondo al orden personalizado: por qué ahora la clave en el hogar es organizar sin tirar todo
La nueva forma de ordenar la casa no significa descartar lo que ya no sirve, sino adaptarlo nuevamente. Cuáles son las claves para renovar la energía y mantener el hogar siempre impecable.

Durante años, el orden asociado a tirar aquello que ya no sirve y no “enciende alegría” era una tendencia cada vez más utilizada. Reducir al máximo la cantidad de objetos y recurrir al minimalismo puro fue toda una tendencia global impulsada por Marie Kondo. Pero ahora, la moda cambió y el nuevo orden no se trata de deshacerte de todo, sino de encontrarle un lugar perfecto en la casa.

Las casas, sobre todo si la familia es numerosa, suele descuidarse muy rápido y para muchos, la lucha por mantenerla ordenada es constante. Pero en vez de ver la hora de limpieza como una obligación, los expertos proponen estrategias a medida que prioricen el bienestar y la funcionalidad real.
Hace más de 15 años, Marie Kondo revolucionó la organización doméstica con su best seller La magia del orden (2010), al que luego siguió La felicidad después del orden. Su método proponía descartar todo aquello que no generara felicidad y mantener solo lo esencial. Hoy, en cambio, avanzan corrientes vinculadas al postminimalismo, mucho más flexibles y humanas. La premisa ya no es reducir por reducir, sino crear espacios que acompañen la forma de vida de quienes los habitan.

Ordenar no es lo mismo que organizar
Uno de los principales puntos claves de esta nueva mirada para mantener la casa impecable es diferenciar lo que es ordenar de organizar. Según Catalina de Hoz, la autora del libro Habitar el Orden, ordenar debe ser un acto cotidiano: “poner las cosas en su lugar, despejar mesadas. Pero para que eso suceda de forma simple, antes hay que organizar en profundidad, separar categorías y asignar espacios de guardado”.

Según la especialista, muchas personas intentan mantener el orden sin haber hecho antes un trabajo de organización estructural. El resultado es un esfuerzo constante que no se sostiene en el tiempo.
La clave, asegura, está en entender que no existe un único método válido para todos. Cada casa es distinta y cada familia tiene dinámicas propias. Cuando la organización responde a las necesidades concretas del hogar, mantener los espacios prolijos deja de ser una tarea agotadora y se convierte en una rutina natural. De esta manera, el paso del caos a la calma no depende de tirar todo, sino de comprender cómo se vive en cada casa y crear un orden posible, duradero y alineado con el bienestar.













