Alimentación en verano: qué no conviene comer cuando hace mucho calor, según expertos en nutrición
Durante los días calurosos, algunas comidas aumentan el esfuerzo del organismo. Qué evitar en el plato y por qué una dieta liviana puede marcar la diferencia en la energía diaria.

Las altas temperaturas del verano no solo modifican la rutina diaria, sino también las necesidades del organismo. En este contexto, la alimentación juega un papel central para mantener la hidratación, la energía y el bienestar general.
Elegir correctamente qué alimentos consumir y cuáles conviene limitar puede marcar la diferencia entre atravesar el día con vitalidad o padecer cansancio, pesadez digestiva y deshidratación.

Especialistas en nutrición coinciden en que el cuerpo necesita menos densidad calórica y mayor aporte de agua durante el verano. Por eso, una dieta inadecuada puede aumentar la sensación de calor, dificultar la digestión y generar malestares que afectan la calidad de vida.
Alimentos que conviene evitar en los días de calor
1. Carnes rojas, embutidos y grasas saturadas
Las comidas ricas en grasas saturadas se encuentran entre las principales opciones que se recomienda reducir en verano. Este tipo de alimentos aporta una alta cantidad de calorías por gramo y exige un mayor esfuerzo digestivo, lo que puede incrementar la sensación de calor y fatiga.

Cuando se habla de una dieta liviana, no se trata del peso del alimento, sino de su densidad calórica. Por ejemplo, 100 gramos de grasa animal concentran muchas más calorías que la misma cantidad de verduras. Por eso, se aconseja moderar el consumo de carnes grasas, embutidos y grasas sólidas.
2. Comidas hipercalóricas y frituras
Las frituras y los platos muy elaborados elevan el trabajo metabólico del organismo y suelen resultar difíciles de digerir en días de altas temperaturas.
Desde la Cleveland Clinic advierten que “las grasas y aceites que se usan para cocinar alimentos fritos son más difíciles de digerir para nuestro cuerpo, lo que puede causar problemas digestivos como gases, dolor de estómago y diarrea”. Reducir este tipo de comidas ayuda a evitar la pesadez, el malestar gastrointestinal y la sensación de sofoco.

3. Bebidas azucaradas y alcohólicas
Aunque en verano aumenta el consumo de bebidas frías, no todas favorecen la hidratación. Las bebidas azucaradas, el alcohol y aquellas con cafeína estimulan la diuresis y contribuyen a la pérdida de líquidos y electrolitos.
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) advierten que este tipo de bebidas no hidratan de manera efectiva y pueden agravar la deshidratación.
En la misma línea, el Ministerio de Salud recomienda: “No ofrecer bebidas con cafeína o con alto contenido en azúcar, así como evitar el alcohol, ayuda a prevenir la deshidratación y los golpes de calor en niños y adultos”.

4. Postres cremosos y dulces calóricos
Los postres ricos en azúcar y grasas, como tortas y helados cremosos, elevan la temperatura corporal debido a su alto contenido energético. Además, cuando no se conservan adecuadamente, representan un mayor riesgo de intoxicaciones alimentarias durante los días de calor.
Desde la Universidad de Harvard sugieren optar por postres a base de frutas frescas, que aportan energía e hidratación sin una carga metabólica excesiva.

¿Qué alimentos conviene elegir en verano para cuidarse del calor?
En contraposición, los especialistas recomiendan priorizar frutas, verduras y proteínas magras, que facilitan la digestión y ayudan a mantener el equilibrio hídrico.
Frutas como sandía, melón, frutilla y mango, y vegetales como pepino, apio, rábanos, calabacín y pimientos, aportan agua, fibra y electrolitos. También se aconseja incluir legumbres (lentejas, garbanzos y porotos) y proteínas animales de fácil digestión, como pescado y pollo sin piel.
La variedad de colores en frutas y verduras garantiza además el aporte de antioxidantes y fitonutrientes esenciales para la protección celular.

Cómo manipular alimentos de forma segura durante el verano
El calor y la humedad favorecen la proliferación de microorganismos en los alimentos. Por eso, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda reforzar las medidas básicas de higiene:
- Mantener la limpieza de manos, superficies y utensilios.
- Separar alimentos crudos y cocidos.
- Cocinar completamente carnes y huevos.
- Conservar los alimentos perecederos por debajo de los 5 °C.
- Utilizar agua potable y materias primas seguras.
Adoptar una alimentación liviana, fresca y segura es una de las estrategias más efectivas para atravesar el verano sin complicaciones. Ajustar la dieta a las altas temperaturas no solo mejora la respuesta del cuerpo al calor, sino que contribuye a una temporada más saludable y con mayor bienestar.


















