
El boxeo argentino está de luto. Jorge Fernando “Roña” Castro murió este miércoles 14 de octubre, a los 59 años, después de sufrir una descompensación en un bingo de Morón, ubicado en la provincia de Buenos Aires. Las causas detalladas de su fallecimiento todavía no están determinadas.
Su muerte reavivó el recuerdo de una de las hazañas más extraordinarias del deporte nacional: aquella noche del 10 de diciembre de 1994 en la que, ensangrentado, agotado y al borde de la derrota, consiguió noquear al estadounidense John David Jackson y conservar el título mundial mediano de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB).

Pero hay una frase que el propio Castro pronunció en diciembre de 2024, durante una entrevista con TyC Sports, que hoy resuena de una manera diferente. “Me voy a morir y esto va a seguir vigente”, aseguró entonces, al recordar el combate que lo convirtió en leyenda.
La pelea de 1994 que convirtió al Roña Castro en leyenda del boxeo argentino
El 10 de diciembre de 1994, Jorge Castro subió al ring del Estadio de Béisbol de Monterrey, México, para defender por segunda vez su campeonato mundial de peso mediano.
Tenía apenas 27 años, pero ya acumulaba más de un centenar de combates profesionales. Había conquistado el cinturón cuatro meses antes, al vencer por decisión dividida al estadounidense Reggie Johnson en San Miguel de Tucumán.
Su siguiente gran desafío era John David Jackson, un boxeador zurdo, de mayor estatura y alcance, que llegaba con la intención de recuperar un título que anteriormente había estado en su poder. La pelea formaba parte de una velada organizada por el célebre promotor Don King, en la que también participaron figuras como Julio César Chávez, Félix Trinidad y Ricardo “Finito” López.

Sin embargo, lo que parecía una defensa más del campeonato terminó convirtiéndose en una de las remontadas más impactantes de la historia del boxeo. Desde los primeros asaltos, Jackson impuso su técnica y comenzó a castigar al argentino. Con el correr de los minutos, el rostro de Castro se fue transformando: tenía cortes en los párpados, la boca lastimada y dificultades para responder a los ataques.
Al finalizar el octavo round, el médico se acercó a examinarlo. La posibilidad de detener el combate era concreta. Fue entonces cuando su mánager, Luis Spada, pidió que le permitieran disputar un asalto más: el llamado “round del campeón”.
Castro recibió esa última oportunidad. Y la aprovechó de una manera que nadie esperaba.
La “Mano de Dios”: el golpe que cambió una derrota segura por una victoria histórica
En el noveno asalto, John David Jackson continuaba dominando la pelea. Castro estaba ampliamente abajo en las tarjetas y parecía no tener posibilidades de revertir el resultado.
Pero cuando el estadounidense avanzó para buscar la definición, el argentino encontró el espacio que necesitaba. Un zurdazo inesperado impactó sobre Jackson y cambió por completo el destino del combate.
El estadounidense cayó a la lona. Aunque consiguió levantarse, volvió a caer otras dos veces y el árbitro detuvo la pelea. Jorge Castro había ganado por nocaut técnico en el noveno round.
Aquella victoria fue tan extraordinaria que la prestigiosa revista especializada The Ring eligió el enfrentamiento como “la mejor pelea de 1994″.
Castro bautizó su golpe decisivo como “La Mano de Dios”, en referencia al histórico gol de Diego Armando Maradona contra Inglaterra en el Mundial de México 1986.
“Me voy a morir y esto va a seguir vigente”: la frase del Roña Castro que hoy emociona
En diciembre de 2024, cuando se cumplieron 30 años de aquella victoria, Castro concedió una entrevista a TyC Sports en la que recordó lo que había vivido en Monterrey.
Lejos de hablar únicamente de su consagración, confesó que todavía le resultaba doloroso volver a ver las imágenes del combate. “No miro la pelea porque me duele, ja. Vivo el momento, pero es lindo recordar”, expresó.
Luego compartió una reflexión que solía transmitirles a sus hijos y nietos: “Me voy a morir y esto va a seguir vigente. Es una pelea histórica para los argentinos y para el mundo”.
También explicó que aquella victoria tenía un valor especial porque había conseguido representar a la Argentina en una situación extrema. El recuerdo más conmovedor llegaba después del triunfo. Castro contó que, cuando regresó al vestuario y se miró al espejo, rompió en llanto.
Durante el combate no había dimensionado la gravedad de las heridas que tenía en el rostro. La euforia de haber defendido su campeonato mundial se mezcló entonces con el impacto de descubrir cuánto había sufrido para conseguirlo.
La conversación con Diego Maradona sobre las dos “Manos de Dios”
La historia de aquella pelea también tuvo un capítulo especial que involucró a Diego Armando Maradona. Castro y él compartieron distintos encuentros a lo largo de sus vidas. En una oportunidad, durante una cena, conversaron sobre el nocaut ante Jackson.

Según recordó el propio boxeador en la entrevista de 2024, Maradona lo felicitó por el golpe que había conectado aquella noche. “Qué mano pusiste, Negro”, le habría dicho Diego.
Castro respondió con una comparación que resumía el significado que le atribuía a su victoria: “Sí, la mano de Dios, como vos a los ingleses”. Las dos hazañas ocurrieron en México, separadas por ocho años, y quedaron asociadas a momentos inolvidables del deporte argentino.
Del título mundial a los comedores: el otro legado del Roña Castro
Aunque su nombre quedó ligado para siempre al nocaut de 1994, la vida de Jorge Castro no terminó cuando dejó de competir profesionalmente. Nacido el 18 de agosto de 1967 en Caleta Olivia, Santa Cruz, construyó una carrera de 144 combates, con 130 victorias, 11 derrotas y tres empates.
También sobrevivió a un grave accidente automovilístico en 2005, que lo mantuvo internado durante semanas. Contra los pronósticos más difíciles, logró recuperarse y regresó al boxeo.

Con el paso de los años, comenzó a dedicar buena parte de su tiempo a iniciativas solidarias en el conurbano bonaerense. Durante la pandemia de coronavirus, transformó su gimnasio de Temperley en un espacio de asistencia alimentaria. Aquella primera olla popular terminó convirtiéndose en una red de comedores y merenderos.
En agosto de 2026, apenas dos meses antes de su fallecimiento, Castro explicó en una entrevista con Infobae que su organización administraba cuatro comedores propios y abastecía a otros diez.
Su preocupación ya no estaba puesta en los rivales que debía enfrentar sobre un ring, sino en las familias que necesitaban un plato de comida.



















