Antes del ‘Oíd, mortales’: el “himno” olvidado de 1810 que sonó en las Provincias Unidas del Río de la Plata
Antes del “Oíd, mortales”, hubo otra canción patria. Quién la escribió, cuándo se cantó y por qué fue clave en 1810.

Hay una escena que se repite cada 25 de Mayo y cada 9 de Julio: alguien pide silencio, suenan los primeros acordes y la emoción se instala con una frase que parece eterna: “Oíd, mortales…”. Pero la historia real tiene un giro inesperado: hubo un “himno” antes del Himno Nacional Argentino, un canto previo que circuló como bandera sonora en plena Revolución. Y su autor fue Esteban de Luca, poeta, militar, y algo más: uno de los hombres que ayudó a armar la independencia.
El “primer himno” de 1810: cuando la Patria todavía estaba naciendo
En noviembre de 1810, apenas meses después del 25 de Mayo, La Gazeta de Buenos Ayres publicó un “canto patriótico” atribuido a Esteban de Luca, una composición que la memoria popular terminó tratando como la primera canción patria.
La letra abría con un llamado continental,“La América toda se conmueve al fin…”, y no es un detalle menor: no era solo Buenos Aires mirándose al espejo, era una región en movimiento. Ese canto se entonó poco después en celebraciones públicas y reuniones patrióticas, y llegó a cantarse como “canción nacional” antes de que existiera un himno oficial.
En otras palabras: la Argentina tuvo una banda sonora revolucionaria antes de institucionalizar su símbolo musical.
¿Quién fue Esteban de Luca? El poeta que también fabricó armas
De Luca nació en Buenos Aires en 1786, estudió en el Real Colegio de San Carlos y se formó en un clima cultural marcado por el neoclasicismo, la lectura de autores latinos y la politización acelerada de la época.
Su biografía parece escrita para una serie histórica: combatió durante las invasiones inglesas y luego fue incorporado a responsabilidades militares tras la Revolución.

Pero hay un dato que lo vuelve fascinante y, a la vez, subestimado: además de escribir, De Luca trabajó en la fundición y producción de armamento, con tareas vinculadas a cañones, fusiles y municiones bajo dirección técnica militar, hasta llegar a conducir la Fábrica de Armas del Estado.
Según reconstrucciones históricas, desde esa capacidad productiva se aportaron insumos clave para campañas militares, y en el relato sobre su trayectoria aparece incluso la provisión de herraduras para el Ejército de los Andes, en el marco de la logística previa al cruce.
Por qué había “himnos” antes del Himno: la urgencia de crear símbolos
Entre 1810 y 1813, el Río de la Plata vivía una transición política feroz: gobiernos en disputa, guerra abierta y necesidad de legitimidad. En ese clima, la música funcionaba como hoy lo hacen las redes: un mensaje de identidad, repetible, contagioso.
Por eso, antes del Himno que conocemos, circularon varias piezas patrióticas:
- 1810: el canto publicado por La Gazeta (atribuido a De Luca) como antecedente temprano.
- 1812: otra canción patriótica con letra de Saturnino de la Rosa y música de Blas Parera, interpretada en contexto oficial.
- 1812: el impulso institucional: el Primer Triunvirato pidió formalmente una marcha para actos públicos y escuelas, buscando una obra “majestuosa e imponente”.
- 1812: el intento de Fray Cayetano Rodríguez (letra) con música de Parera, que no terminó de conformar a las autoridades.

Todo ese proceso explica algo clave: el Himno Nacional no nació “de un día para el otro”; fue la culminación de una búsqueda.
1813: el salto a lo oficial (y el “reemplazo” inevitable)
Finalmente, en 1813, la Asamblea aprobó la Marcha Patriótica con letra de Vicente López y Planes y música de Blas Parera, y ese texto, largo, combativo y explícitamente anti-monárquico, quedó como símbolo central.
La tradición ubica una primera interpretación en la casa de Mariquita Sánchez de Thompson, aunque las fuentes oficiales aclaran que no existe un testimonio directo de ella que lo confirme, y también se mencionan otras posibles primeras ejecuciones públicas.
Y acá entra el punto que vale oro histórico: cuando ese himno oficial aparece, la canción previa empieza a quedar en segundo plano, aunque ya había cumplido un rol: hacer cantar a una comunidad política que recién estaba aprendiendo a nombrarse.
De Luca, dos siglos después: el autor que se llevó el río
El final de Esteban de Luca es tan dramático como su época: murió en el Río de la Plata en 1824, durante un viaje asociado a una misión diplomática, en un episodio de naufragio/percance marítimo que alimentó durante días la esperanza de encontrarlo con vida.
Y sin embargo, su legado quedó: poeta de la Revolución, creador de uno de los primeros cantos patrióticos y protagonista material del esfuerzo bélico-industrial de aquellos años.

















