El mural de oro de 22 quilates que apareció en el Hotel Plaza: la historia secreta bajo cuatro capas de pintura
Mide 11×7 metros, fue pintado sobre oro de 22 quilates y estuvo oculto décadas. Por qué el hallazgo del Hotel Plaza reescribe la historia de Retiro.
En el histórico Hotel Plaza, frente a Plaza San Martín en Retiro, la restauración dejó al descubierto un mural monumental hecho sobre hojas de oro de 22 quilates.
Un mural gigante que estuvo “apagado” durante generaciones
Las cifras ya parecen un titular de película: más de 11 metros de ancho por 7 de alto, una escena de motivos gauchescos y un dato que cambia todo: la pintura no está sobre revoque común, sino sobre láminas de oro. El mural se atribuye al artista argentino Jorge Soto Acebal y permaneció oculto bajo múltiples capas de pintura (y, en zonas, hasta enduido), como si alguien hubiera querido bajar el brillo de una época completa.

La restauración, a cargo de especialistas encabezados por Cristina Lancellotti, avanza con una lógica casi quirúrgica: se trabaja “a microescala” para no lastimar lo más frágil, que es justamente lo que hace excepcional a la obra. En este caso, la paradoja es hermosa: el oro es delicado al manipularlo, pero extraordinariamente estable frente al tiempo.
La receta técnica del brillo: yeso, bol y oro
Lo que se fue confirmando en las inspecciones de obra suma una capa de historia material: el soporte combina yeso, una preparación conocida como bol (mencionado como “bol amarillo”) y luego las hojas de oro; recién encima aparece la capa pictórica que da forma a las figuras. La intención, explican los restauradores, era lograr un efecto metálico que hoy vuelve a insinuarse en los sectores donde ya se retiraron los recubrimientos posteriores.
Y hay otro detalle que explica por qué el hallazgo emociona incluso a quienes ven arte todos los días: el oro, a diferencia de otros metales, no se oxida con facilidad; por eso, pese a humedad y encierro, una parte importante del dorado se conservó. Dicho de otro modo: el tiempo castigó la pintura que lo tapaba, pero no pudo “envejecer” al oro.
El Plaza: una máquina del Centenario y un símbolo del “Buenos Aires que subía”
Para entender por qué un mural así estaba ahí, hay que retroceder más de un siglo. El Hotel Plaza se proyectó como emblema del Buenos Aires que quería mostrarse moderno y cosmopolita: fue impulsado por Ernesto Tornquist con la mirada puesta en el Centenario de 1910 e inaugurado el 15 de julio de 1909. Fue reconocido como uno de los primeros hoteles de lujo de la región, con adelantos técnicos notables para la época (telefonía, ascensores, agua fría y caliente).

El edificio, además, fue diseñado por el arquitecto Alfred Zucker y se plantó en Retiro cuando esa zona consolidaba su perfil aristocrático alrededor de Plaza San Martín. La obra no solo “alojaba”: representaba. Era arquitectura como declaración pública de confianza y progreso.
De la Belle Époque al Art Déco: cuando el Plaza se aggiornó
El Plaza no quedó congelado en 1909. Con el paso de las décadas recibió intervenciones clave: en 1913 se incorporaron sectores como la entrada de carruajes y espacios de salón; y hacia 1934 llegó una gran modernización que empujó la estética hacia el Art Déco en salones e identidad interior. Esa ventana temporal es decisiva, porque es también cuando se ubica la llegada de murales como el de Soto Acebal.
En paralelo, la ciudad empezaba a cambiar su silueta con una modernidad más filosa: los años 30 le dieron al centro y a Retiro un nuevo pulso urbano, y el Plaza incorporó lenguajes de época en sus interiores. El mural aparece, entonces, como una bisagra: tradición criolla (lo gauchesco) narrada con una técnica de lujo (oro a la hoja) dentro de un hotel que buscaba seguir siendo “punta de lanza”.
Restaurar sin borrar: el desafío actual
Lo que ocurre hoy en el Plaza es más que una puesta en valor estética. El proyecto combina la recuperación del edificio histórico con obra nueva, y se apoya en criterios de preservación ligados a la normativa del área (el entorno de Plaza San Martín integra un sector protegido) y a decisiones de diseño: restauración de mansardas, carpinterías, bay windows y salones emblemáticos, mientras se planifica un volumen contemporáneo con tecnologías actuales.
En los cronogramas públicos circulan fechas distintas: algunas fuentes mencionan reapertura alrededor de 2027, pero los reportes más recientes de obra hablan de plazos extendidos hacia fines de 2028 / principios de 2029, con un despliegue de trabajadores y frentes simultáneos. Esa diferencia no es menor: muestra lo difícil que es restaurar patrimonio en serio, cuando cada capa retirada puede traer una sorpresa (como este mural).
Plaza San Martín: el escenario histórico que hace “encajar” todo
Nada de esto sucede en cualquier esquina. Plaza San Martín no es solo un jardín urbano: fue escenario de hechos decisivos, como combates durante la segunda invasión inglesa (1807); y en 1812 se vincula con la instalación de cuarteles del Regimiento de Granaderos a Caballo. Con el tiempo, el espacio se consolidó como símbolo, y en 1942 fue declarado lugar histórico.
Además, el trazado y la identidad paisajística del área llevan la marca de grandes proyectos urbanos: se reconoce el aporte de Carlos Thays y la evolución de la plaza como corazón verde de Retiro, rodeada por edificios que narran el cambio social porteño entre fines del siglo XIX y el siglo XX. Cuando el Plaza se levantó frente a esa escena, quedó atado para siempre a una postal de ciudad “de época” que todavía hoy define al barrio.

















