Misterioso avistamiento: cuál es el ave gigante que vuela por los cielos de CABA y es confundido con un halcón
Esta especie se adapta muy bien al entorno urbano. La presencia humana le facilita el acceso a distintas fuentes de alimento, además de comer palomas. Es frecuente encontrarlo en zonas donde quedan plumas, una clara señal de que estuvo cazando.

En la Ciudad de Buenos Aires es común ver muchas aves, pero hay una que suele confundirse con un halcón y en realidad pertenece a otra especie.
A simple vista, y desde lejos, la diferencia no siempre es fácil de notar. Sin embargo, cuando el avistamiento es más cercano, es posible identificarla con mayor claridad.

Se trata del gavilán mixto, una de las aves rapaces que habitan los cielos porteños. Aunque muchas personas creen que es un halcón (grupo Falconidae), los especialistas aclaran que pertenece a la familia Accipitridae.
Esta ave se adapta muy bien al entorno urbano. La presencia humana le facilita el acceso a distintas fuentes de alimento, no solo palomas.

Es frecuente encontrarlo en zonas donde quedan plumas, señal de que estuvo cazando. Según registros de la plataforma ‘iNaturalist’, su hábitat se extiende por el centro de la ciudad.
Una forma de distinguirlo en vuelo es observar sus alas: el gavilán mixto las despliega de manera más amplia, mientras que el halcón mantiene una silueta más compacta.
¿Cuál es el ave más peligrosa del mundo?
Si bien la mayoría de las aves evita el contacto con las personas, existen especies en el mundo con un comportamiento más agresivo. Un ejemplo es el casuario, considerado por especialistas como una de las aves más peligrosas del planeta.
Su forma de atacar (con velocidad y garras muy potentes) recuerda a los velociraptores. De todos modos, este riesgo no existe en la Argentina, ya que el casuario vive en Australia y el sur de Indonesia.

Además de impresionar por su aspecto -mide entre 1.50 y 1.80 metros de altura-, el casuario también se destaca por su capacidad de comunicación. Emite sonidos de muy baja frecuencia, de hasta 23 Hz, imperceptibles para el oído humano, pero ideales para la selva cerrada.
Este tipo de frecuencia no se disipa fácilmente, lo que le permite comunicarse a través de largas distancias, incluso sin tener contacto visual con otra especie. Esta habilidad puede ser clave cuando están con crías o necesitan alertar sobre un inminente peligro.



















