Científicos descubren cómo usar hojas de mango para fabricar un metal más resistente y liviano.
Científicos descubren cómo usar hojas de mango para fabricar un metal más resistente y liviano. Foto: Imagen generada con IA (Copilot)

Aunque raramente aparece en los titulares, el magnesio es uno de los metales más importantes para la industria moderna. Está presente, de manera directa o indirecta, en sectores clave como la aviación, automoción y electrónica, gracias a su bajo peso y a sus buenas propiedades mecánicas.

El acero constituye el esqueleto estructural de los rascacielos más altos del planeta, el aluminio recubre muchos de los aviones más avanzados y el titanio forma parte de los componentes críticos de la mayoría de los cohetes espaciales.

Sin embargo, detrás de muchas de estas aplicaciones también aparece el magnesio, considerado el metal estructural más ligero que se usa actualmente.

¿Qué es el nuevo metal creado con hojas de mango y magnesio?

Ahora, un equipo de científicos de la Universidad Nacional de Singapur propone una variante inusual: incorporar biomasa vegetal al metal. En un estudio publicado en la revista ‘Metals’, los investigadores desarrollaron un material compuesto que combina magnesio puro con polvo obtenido de hojas caídas de árboles de mango (Mangifera indica).

El magnesio es considerado el metal estructural más ligero que se usa actualmente. Foto: Unsplash

El resultado fue sorprendente: la nueva aleación mostró una mejora del 54% en su capacidad de amortiguación de vibraciones en comparación con el magnesio puro.

Según los autores, el interés por el magnesio creció en los últimos años tanto en aplicaciones industriales como biomédicas debido a su alta resistencia específica, buena maquinabilidad, excelente capacidad de absorción de vibraciones y abundancia natural. Al mismo tiempo, diversos estudios demostraron que los materiales derivados de biomasa tienen potencial en campos tan diversos como la fabricación de cerámicas, catalizadores, supercondensadores o materiales absorbentes de microondas.

El rol de Singapur en este hito revolucionario de la ingeniería

Con estas ideas en mente, el equipo decidió investigar si los residuos vegetales podían aportar beneficios a los compuestos de magnesio. El proceso comenzó de forma sorprendentemente simple: los científicos recolectaron hojas secas de árboles de mango y las deshidrataron utilizando un horno de convección doméstico. Luego, las trituraron en un molino de bolas hasta obtener un polvo fino que posteriormente fue secado en un horno.

Los investigadores desarrollaron un material compuesto que combina magnesio puro con polvo obtenido de hojas caídas de árboles de mango. Foto: Unsplash

Ese polvo vegetal se incorporó al magnesio en una proporción relativamente pequeña, equivalente al 5 % de la mezcla final. Durante el proceso de sinterización (una técnica de fabricación que utiliza presión y calor para compactar polvos metálicos y formar estructuras sólidas) el material orgánico se vaporizó y dejó tras de sí diminutos poros dentro del metal.

Aunque a primera vista los pequeños agujeros podrían parecer un defecto, en realidad resultaron beneficiosos: la micro-porosidad permitió que el material absorbiera mejor impactos y vibraciones, aumentando significativamente su capacidad de amortiguación.

¿Cómo lograron combinar residuos orgánicos con metales?

Para optimizar el material, los investigadores también tuvieron que ajustar cuidadosamente la temperatura de extrusión. Si era demasiado alta, el polvo vegetal se convertía en carbono, lo que podría aumentar la corrosión del metal. Si era demasiado baja, la porosidad excesiva afectaba negativamente propiedades como la dureza, la resistencia a la compresión y la ductilidad.

Los científicos recolectaron hojas secas de árboles de mango y las deshidrataron usando un horno de convección doméstico. Foto: Imagen generada con IA (Copilot)

Los mejores resultados se obtuvieron con una extrusión cercana a los 350°C. A esa temperatura, los granos del metal permanecieron compactos y el material final mostró una mayor resistencia a la flexión.

Los científicos sostienen que el estudio demuestra el potencial de integrar biomasa natural en sistemas metálicos para desarrollar materiales más ligeros y sostenibles. Además, abre nuevas líneas de investigación para el diseño de compuestos metal-biomasa que optimicen procesos de fabricación y mejoren el rendimiento sin incrementar el impacto ambiental.