Cansancio digital y vuelta a lo analógico: por qué 2026 podría cambiar hábitos y consumos.
Cansancio digital y vuelta a lo analógico: por qué 2026 podría cambiar hábitos y consumos. Foto: Pexels.

Lejos de una evolución lineal hacia lo nuevo, el 2026 aparece como un año atravesado por la nostalgia, el cansancio digital y la revisión de hábitos que parecían superados.

En un mundo hiperconectado, saturado de estímulos y dominado por algoritmos, distintas señales culturales anticipan un giro inesperado: el regreso de prácticas analógicas, el cuestionamiento del modelo influencer y una relación más ambigua con la tecnología y el consumo.

Cansancio digital y vuelta a lo analógico: por qué 2026 podría cambiar hábitos y consumos. Foto: REUTERS

Uno de los fenómenos que empieza a generar debate es la reaparición del cigarrillo tradicional como objeto cultural. Aunque no se trata de una reivindicación masiva del tabaquismo, sí se observa un desplazamiento simbólico: frente a los vapeadores y dispositivos electrónicos, el cigarrillo vuelve a aparecer en producciones audiovisuales, moda y redes sociales como un gesto estético, asociado a lo retro, lo rebelde o lo contracultural.

El fenómeno no está exento de polémica, especialmente por su impacto en salud pública, pero refleja una tendencia más amplia: el atractivo de lo “imperfecto” frente a lo tecnológicamente optimizado.

En paralelo, los teléfonos simples o “dumb phones” comienzan a ganar terreno entre jóvenes y adultos que buscan reducir la dependencia digital. Estos dispositivos, limitados a llamadas y mensajes, se convierten en una respuesta concreta al agotamiento mental provocado por las pantallas, las notificaciones constantes y la exposición permanente. Más que una moda pasajera, el minimalismo tecnológico aparece como una declaración de principios: menos conectividad, más control del tiempo propio.

Estos dispositivos antiguos, limitados a llamadas y mensajes, se convierten en una respuesta concreta al agotamiento mental provocado por las pantallas. Foto: Unsplash.

¿El fin del influencer tradicional?

Otro cambio cultural que asoma con fuerza es el surgimiento de los llamados “exfluencers”. Se trata de creadores de contenido que deciden abandonar total o parcialmente las redes sociales, cansados de la presión por generar engagement, monetizar su vida cotidiana y sostener una identidad digital permanente. En 2026, esta renuncia empieza a ser vista no como un fracaso, sino como una forma de éxito alternativo.

Este fenómeno convive con una transformación del marketing y el entretenimiento: las marcas exploran nuevas narrativas, mientras que el público se muestra cada vez más escéptico frente a la publicidad encubierta y los discursos aspiracionales. La autenticidad, o al menos su apariencia, vuelve a ocupar un lugar central.

Cultura pop, nostalgia y participación

La industria cultural también refleja estos cambios. El entretenimiento se vuelve más participativo, con comunidades de fans influyendo en historias, personajes y universos narrativos. Al mismo tiempo, crece el peso de la nostalgia como motor creativo: remakes, estéticas del pasado y referencias a décadas anteriores funcionan como refugio frente a la incertidumbre global.

Crece el peso de la nostalgia como motor creativo. Foto: Unsplash.

En conjunto, estos movimientos no implican un rechazo absoluto a la modernidad, sino una revisión crítica del rumbo cultural de los últimos años. El 2026 se perfila así como un punto de inflexión, donde lo viejo y lo nuevo conviven, se tensionan y se resignifican.

Más que una moda, estos cambios revelan una pregunta de fondo: cómo vivir, consumir y vincularse en un mundo que avanza cada vez más rápido, pero donde el deseo de pausa, desconexión y sentido vuelve a ganar protagonismo.