Otitis de verano: por qué incrementa en esta temporada y cómo se puede evitar, según médicos
En esta época, predominan las causas infecciosas, especialmente las debidas a la proliferación bacteriana. Qué recomiendan los médicos.

Durante el verano, las piletas se transforman en uno de los principales espacios de recreación, tanto para niños como para adultos. Sin embargo, la permanencia prolongada en el agua puede derivar en problemas de salud que pueden evitarse. Entre ellos, la otitis externa, que se presenta como la afección más frecuente en esta época del año.
La otitis externa se define como la inflamación, infecciosa o no, de la piel del conducto auditivo externo. Se trata de una estructura de unos 2 centímetros y medio de longitud que comienza en el agujero visible externamente en la oreja y finaliza en forma de fondo de saco en el tímpano. En esta época, predominan las causas infecciosas, especialmente las debidas a la proliferación bacteriana.

“Esto se observa con mucha mayor frecuencia en quienes realizan actividades acuáticas que impliquen inmersión o en quienes se manipulan el conducto auditivo con cotonete u otros elementos sucios”, informó el Dr. Santiago Monsalve (MN 160.591), médico otorrinolaringólogo integrante del sector Otología del Hospital de Clínicas de la UBA.
El oído posee defensas naturales que ayudan a prevenir este tipo de infecciones. Entre ellas se destacan los folículos pilosos en la entrada del conducto y la cera. Esta última cumple una función protectora al generar una película que inhibe el ingreso y crecimiento bacteriano, así como también un pH local ácido que frena la replicación de microorganismos.
Sin embargo, “hábitos frecuentes como el uso de hisopos pueden resultar contraproducentes, ya que irritan la piel del conducto auditivo y eliminan esa protección natural. Además, en presencia de tapones de cera, los hisopos suelen empujarlos hacia el interior, con el riesgo de que se adhieran al tímpano o incluso lo lesionen”, explicó Monsalve.

En cuanto al entorno acuático, los especialistas advierten que el agua de pileta insuficientemente o mal clorada implica un mayor riesgo para la salud auditiva que la del río o el mar. Se trata de agua estancada, lo que favorece la proliferación bacteriana. Este riesgo se incrementa en personas con predisposición a irritaciones o alergias en el oído, como en quienes padecen eczema en la piel del conducto auditivo, una condición que genera descamación y facilita la aparición de infecciones por vulneración de la piel.
Consejos para prevenir la otitis
Si bien la otitis externa es una afección común durante el verano, la adopción de medidas preventivas cumple un rol clave:
- Evitar el uso de hisopos: pueden irritar la piel del conducto auditivo, eliminar la protección natural del oído y empujar la cera hacia el interior, lo que puede causar tapones, lesiones en el tímpano o incluso perforaciones.
- No limpiar el oído en exceso: la limpieza excesiva elimina la cera, que cumple una función protectora natural frente a infecciones.
- Secar el oído después del agua: realizar solo un secado superficial del oído para evitar que la humedad quede atrapada.
- Consultar antes de usar protectores de oído: es recomendable hacerlo solo luego de consultar con un médico otorrinolaringólogo.
- Respetar la protección natural del oído: la cera cumple un rol importante en la prevención de infecciones, por lo que no debe retirarse sin indicación médica.

Los especialistas aconsejan a quienes se les suelen formar tapones de cera o tienen afecciones crónicas de la piel del oído que realicen una consulta médica antes de comenzar la temporada de pileta.
Detectar los síntomas de manera temprana es fundamental para evitar complicaciones. Entre las manifestaciones más habituales se encuentran la picazón, el enrojecimiento, el dolor al traccionar el lóbulo de la oreja y, en algunos casos, una disminución parcial de la audición. En estadios más avanzados pueden presentarse secreciones. Ante cualquiera de estos signos, se recomienda acudir a un profesional de la salud para obtener un diagnóstico adecuado.
Respecto del tratamiento, este suele consistir en gotas óticas antimicrobianas, según el origen de la infección. “En cuadros más severos, puede ser necesario recurrir a antibióticos por vía oral o a la administración de corticoides”, finalizó el Dr. Monsalve.


















