Superan los 70 y están más fuertes que nunca: cinco historias que demuestran que la edad no es un límite
Historias reales de personas que, lejos del sedentarismo, encontraron en el ejercicio una forma de transformar su salud, su energía y su vida después de los 70. Qué dicen los especialistas y por qué moverse hace la diferencia.

Vivimos más años que antes, pero eso no siempre se traduce en bienestar. Especialistas advierten sobre la falta de preparación física para la vejez, mientras crecen las historias de personas mayores que desafían el paso del tiempo con disciplina y movimiento.
“¿Alguien nos enseñó a envejecer?”, plantea el médico geriatra y gerontólogo Miguel Ángel Acanfora. La pregunta no es menor si se tiene en cuenta que en Argentina la expectativa de vida ronda los 76 años, pero ese aumento en la longevidad no necesariamente viene acompañado de una mejor calidad de vida.
Los datos marcan un cambio demográfico claro. A comienzos del siglo XX, la población mayor de 65 años apenas superaba el 2%. Décadas más tarde, ese número fue creciendo de forma sostenida: alcanzó el 7% en 1970 y llegó a casi el 12% en 2022. Las proyecciones indican que para 2050, una de cada cinco personas tendrá más de 70 años.
Sin embargo, ese crecimiento no va de la mano con hábitos saludables. Según cifras del Indec, el 41,3% de las personas mayores de 70 no realiza ningún tipo de actividad física, mientras que otro 58,7% lo hace de manera ocasional.
“Nosotros no tomamos el envejecimiento hasta que nos golpea. No nos damos cuenta. Si nos educaran como nos educan con otras cosas como los impuestos, pero es cultural. Hay pueblos donde la gente se la pasa caminando”, explicó Acanfora en diálogo con Clarín.
Constancia sin excusas: historias que rompen el molde
Mauricio Cabrito tiene 70 años y una rutina que muchos más jóvenes envidiarían. Entrena todos los días y dedica entre nueve y diez horas semanales al ejercicio, sin contar el tiempo en el gimnasio.

“Todo el tiempo me dicen que no parezco la edad que tengo”, cuenta entre risas en diálogo con Clarín. Practica triatlón desde hace casi dos décadas y acumula decenas de competencias y podios. Hace poco participó en el triatlón de Mar del Plata y, como si nada, al día siguiente ya estaba entrenando otra vez.
“Los deportistas descansamos una vez al año, el 1 de enero. El único día que no entrenamos”, asegura. Y resume su filosofía con una frase contundente: “No existe el gusto. No hay que decir mañana empiezo y no hacerlo”.“Si se quiere, nada es imposible, pero no es fácil. En 18 años descansé 18 días”.
Volver a empezar, incluso después de los 60
Stella Maris Torres también tiene 70 y encontró en el ejercicio una segunda oportunidad. Durante años priorizó el trabajo y la crianza de sus hijos, pero hoy el entrenamiento ocupa un lugar central en su vida.

“Arranqué con gimnasio y carreras cortas de calle. Creo que tengo más empuje ahora que a lo mejor hace 20 años atrás. Ahora lo disfruto”, cuenta en diálogo con Clarín.
Su rutina incluye musculación y running seis veces por semana. Se prepara para desafíos exigentes, como carreras de montaña y hasta el cruce de los Andes. Pero más allá de lo deportivo, destaca el impacto en su salud.
“A los 55 estaba hipertensa y con osteogenia. Y a los 60 años casi con osteoporosis. Logré revertir el cuadro. El último control me dio perfecto y la ginecóloga me dijo que siga haciendo lo que hago”.
También habla del cambio emocional: “Te empezás a querer cuando te ves bien en el espejo”.“Tengo dos nietos de 6 y 9 años y los puedo alzar, jugamos muchísimo en el piso, es impagable”.
Adaptarse para seguir en movimiento
Jorge Beraja, de 72 años, es otro ejemplo de cómo sostener la actividad a pesar de las dificultades. Tras ser diagnosticado con artrosis y someterse a un reemplazo de cadera, dejó de correr, pero no abandonó el ejercicio.

Hoy hace spinning varias veces por semana y complementa con caminatas. “Mis amigos me marcan todo el tiempo mi estado físico. Muchos no me dan la edad que tengo”, dice en diálogo con Clarín.
Su estrategia también incluye una alimentación equilibrada: “No me restrinjo nada, si soy consciente que no tengo que comer dulces. Mis límites son que no paro nunca en un kiosco”.
Acanfora remarca que moverse es clave incluso con patologías: “El que se mueve teniendo artrosis tiene mejor evolución en el tiempo”.
Empezar de cero, literalmente
La historia de Raúl Llosa es una de las más impactantes. En 2022 sufrió un episodio de salud grave: llegó sin vida al hospital, fue reanimado y pasó dos meses internado.

“Era un esqueleto. Siempre digo que empecé de cero, de adentro de la tumba”, relata en diálogo con Clarín. Hoy, recuperado, volvió a entrenar con una rutina enfocada en la fuerza.
“No tengo auto, no quiero tenerlo. Hago todo en mi vida en bicicleta o caminando. No concibo la vida sin moverme”, afirma.
Su experiencia lo marcó profundamente: “Hace tres años era un cadáver con alma y salí. Si yo pude, todos pueden”.“No hay que buscar excusas y moverse”.
Cuerpo y mente en equilibrio
Susana Lovera, de 67 años, también demuestra que la actividad no tiene edad. Practica escalada deportiva, musculación, yoga y mantiene una vida social activa.

“Vengo tres veces por semana a musculación y dos veces a yoga y cardio. Me lleva dos horas la rutina”, cuenta en diálogo con Clarín.
Para ella, el secreto no es solo físico: “Hay que estar en actividad, no quedarse en casa, tener amigos”.
Tras un accidente que la dejó un año en recuperación, volvió a entrenar. Y lo resume con una idea simple: “Hay que amarse uno. Cuidar el cuerpo con buena alimentación y ejercicio y la mente, no hay mucho más”.
El músculo, la clave silenciosa del envejecimiento
Los especialistas advierten sobre un proceso natural pero muchas veces ignorado: la pérdida de masa muscular con el paso del tiempo.
“A partir de los 60 o 70 años se hace más evidente la sarcopenia”, explica Acanfora. “Si no haces actividad física no tenes posibilidad que la fibra se regenere”.
Por eso, recomienda incorporar ejercicios de fuerza de manera progresiva y acompañarlos con una alimentación adecuada: “Hoy, caminar no es suficiente, hay que trabajar con alguna pesita. Empezar con poco e ir agregando”.

















