Ozempic fue autorizado por ANMAT. Foto: Reuters.
Ozempic fue autorizado por ANMAT. Foto: Reuters.

Una nueva generación de tratamientos para la obesidad está cambiando la forma en que se aborda la pérdida de peso. Estos medicamentos han permitido que muchas personas reduzcan su peso de manera significativa sin necesidad de cirugía.

Entre los fármacos más conocidos están las inyecciones como Ozempic, Wegovy y Mounjaro. Funcionan imitando una hormona del cuerpo conocida como GLP-1 que ayuda a controlar el apetito, haciendo que las personas sientan menos hambre. Sin embargo, su uso también puede venir acompañado de efectos secundarios como malestar estomacal, náuseas, vómitos, diarrea o estreñimiento.

En este contexto, surgió un nuevo compuesto experimental llamado BRP, una pequeña molécula formada por 12 aminoácidos descubierta por científicos de Stanford Medicine. Su interés principal es que podría ayudar a reducir el apetito actuando directamente en una zona del cerebro llamada hipotálamo, que regula la sensación de hambre.

El medicamento Ozempic. Foto: Reuters (George Frey)

¿Cuál es la diferencia del BRP?

A diferencia de otros tratamientos actuales, que influyen en varias áreas del cerebro relacionadas con la sensación de saciedad, el BRP parece actuar de forma más específica en el sistema que controla el hambre.

Esto podría ser importante porque algunos medicamentos actuales activan zonas del cerebro que generan una sensación intensa de llenura, lo que puede provocar efectos secundarios como náuseas o malestar.

Según especialistas en el tema, el cerebro tiene distintas áreas que interpretan las señales del cuerpo relacionadas con la comida: unas regulan el hambre y otras la sensación de saciedad. El BRP apuntaría principalmente a la primera de estas funciones, lo que podría explicar una menor aparición de efectos desagradables.

Por su parte, Giles Yeo, profesor de neuroendocrinología molecular en la Unidad de Enfermedades Metabólicas del Consejo de Investigación Médica del Reino Unido, fue entrevistado por DW y explicó que, debido a la barrera hematoencefálica, “solo dos partes del cerebro detectan las hormonas circulantes: el hipotálamo y el cerebro posterior o rombencéfalo”.

Ozempic.
Ozempic. Foto: X

“Ozempic y todas estas hormonas intestinales tienen su efecto principal a través del rombencéfalo”, explicó. “El hipotálamo es el sensor del hambre. Funciona con una gradación desde morirse de hambre hasta no tenerla en absoluto. Intenta detectarla dentro de tu cuerpo. ¿Tengo hambre o no? ¿Cuánta hambre tengo?”, agregó.

En estudios realizados en animales, este compuesto no solo ayudó a reducir el peso, sino que también permitió conservar la masa muscular, algo que no siempre ocurre con otros tratamientos para la obesidad.

Cómo se descubrió el BRP

El hallazgo del BRP no fue casual. Investigadores utilizaron herramientas de inteligencia artificial para analizar miles de genes humanos en busca de pequeñas moléculas con posible función hormonal. De ese análisis surgieron miles de candidatos, pero solo unos pocos fueron estudiados en detalle.

Tras varias pruebas, el BRP destacó por su capacidad para influir en el control del peso en animales de laboratorio. Los resultados mostraron que los ratones tratados perdían peso, mientras que otros sin tratamiento lo ganaban.

Próximos pasos del BRP

El compuesto todavía se encuentra en fase experimental. Sus desarrolladores planean iniciar estudios en humanos para evaluar su seguridad y eficacia.

Los expertos advierten que, aunque los resultados en animales son prometedores, aún no se sabe si se mantendrán en personas. Además, cualquier nuevo medicamento para la obesidad debe ser seguro para un uso prolongado, ya que se trata de una condición crónica.

Katrin Svensson, autora principal del estudio de Stanford, confundó una empresa que tiene como plan en un futuro comenzar ensayos clínicos en humanos. Sin embargo, Randy J. Seeley, profesor de cirugía en la Universidad de Michigan en Estados Unidos, explicó que es complicado predecir si el éxito en ensayos en animales se traducirá en resultados positivos en humanos.

Ozempic autoinyectable. Foto: Reuters.
Ozempic autoinyectable. Foto: Reuters.

“Lo más difícil de saber es si un medicamento basado en esto tendrá la seguridad adecuada para convertirse en un terapéutico aprobado para la obesidad”, remarcó. “La obesidad es una enfermedad crónica que debe tratarse crónicamente. Eso significa que estos medicamentos deben ser bastante seguros para que la gente pueda usarlos durante mucho tiempo”, agregó.

En el futuro, este tipo de tratamientos podría sumarse a las opciones ya existentes. La idea no es reemplazar los medicamentos actuales, sino ampliar las alternativas para que cada persona pueda encontrar la que mejor se adapte a su organismo y necesidades.

Con el aumento global de la obesidad, el desarrollo de nuevas herramientas terapéuticas se considera cada vez más importante para abordar este problema de salud pública.

“Cuantas más herramientas tengamos para ayudarnos a reducir nuestro peso corporal, más probable es que la gente encuentre su propia combinación personal”, remarcó Giles Yeo. “Si se es más capaz de seguir con el medicamento, se será más capaz de mantener el peso”, explicó.

“Hay mil millones de personas en el mundo con obesidad, y más personas mueren de obesidad hoy día que de hambruna real”, añadió. “Es la primera vez en la evolución humana que realmente llegamos a esta etapa. Y cuantas más herramientas tengamos para tratar la obesidad, mejor”, finalizó.