Programa Artemis II de la NASA.
Programa Artemis II de la NASA. Foto: EFE

La misión tripulada Artemis II marcará un nuevo hito en la exploración espacial al combinar el regreso humano a las cercanías de la Luna con un innovador experimento biomédico.

El vuelo está previsto por la NASA para el 2026, y estudiará los efectos de la microgravedad y la radiación del espacio profundo en el cuerpo humano a través del uso de “órganos en chips”, es decir, pequeños dispositivos del tamaño de una memoria USB que imitan el funcionamiento real de órganos humanos.

¿De qué se trata AVATAR, la nueva investigación de la NASA?

La investigación está bautizada como AVATAR (A Virtual Astronaut Tissue Analog Response) y utilizará células de los cuatro astronautas de la misión: los estadounidenses Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch, y el canadiense Jeremy Hansen.

Estos chips emprenderán el vuelo junto a la tripulación, lo que permitirá observar cómo responden los tejidos humanos ante condiciones extremas e inhóspitas, por fuera de la órbita terrestre.

“AVATAR nos permite imitar los órganos individuales de los astronautas, y Artemis II será la primera vez que estos dispositivos se prueben más allá de los cinturones de Van Allen y lejos de la Estación Espacial Internacional”, detalló Jacob Bleacher, científico jefe de exploración de la NASA.

Programa Artemis II de la NASA. Foto: EFE/NASA

Este viaje del Artemis II durará aproximadamente 10 días, con una ventana de lanzamiento que se abrirá el 6 de febrero desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida.

La misión llevará a la tripulación a realizar la aproximación humana más cercana a la Luna desde el Apolo 17 en 1972, a bordo del potente cohete Space Launch System (SLS) y la cápsula Orion.

Los órganos en chips están fabricados con células humanas y reproducen la estructura y función de tejidos tales como el corazón, los pulmones, el páncreas, el hígado y la médula ósea.

Misión Artemis II a la Luna.
Misión Artemis II a la Luna. Foto: REUTERS

Asimismo, pueden conectarse entre sí para simular sistemas fisiológicos completos, como el sistema circulatorio. Esta tecnología permite analizar cómo el cuerpo responde al estrés del espacio, incluida la radiación y posibles tratamientos médicos o farmacológicos.

La microgravedad y la radiación pueden acelerar procesos asociados a enfermedades como la pérdida ósea, el envejecimiento celular o la aterosclerosis, que en la Tierra tardan años en desarrollarse. Todo esto le dará a los científicos la oportunidad de estudiar estos efectos de forma más rápida y precisa.

En el transcurso de la misión, los chips viajarán en equipos autónomos que mantendrán condiciones ambientales necesarias para el experimento. Los datos que se obtengan se compararán con resultados previos de la Estación Espacial Internacional y con muestras tomadas a los astronautas antes y después del vuelo, algo que permitirá analizar de forma más completa estudios hasta ahora realizados sobre el impacto del espacio profundo en la salud humana.

En definitiva, el objetivo final de AVATAR es identificar los riesgos para misiones prolongadas a la Luna y a Marte, así como también desarrollar medidas preventivas y contramedidas médicas.

También la NASA destaca que los beneficios de esta investigación podrían extenderse a la Tierra, impulsando tratamientos personalizados, especialmente en enfermedades como el cáncer, y mejorando el conocimiento sobre el envejecimiento y la salud humana en general.