Saldungaray.
Saldungaray. Foto: Turismo Tornquist

A pocos kilómetros de la gran ciudad existe un destino bonaerense que sorprende cada vez a más viajeros por su estética cinematográfica, su calma rural y un circuito arquitectónico imposible de encontrar en otro lugar de la provincia. Se trata de Saldungaray, un pequeño pueblo del partido de Tornquist que, pese a su tamaño reducido, guarda una personalidad tan marcada que parece diseñado por un director de cine.

Un refugio serrano donde el tiempo corre distinto

Ubicado en el sudoeste de Buenos Aires, a unos 500 kilómetros de la Capital Federal, Saldungaray es una mezcla perfecta entre naturaleza, historia y arte monumental. El pueblo está muy cerca del sistema serrano de Sierra de la Ventana, lo que lo convierte en un destino ideal para quienes buscan desconectar del ritmo urbano sin alejarse demasiado. Su entorno combina caminos tranquilos, aire puro y un paisaje que cambia de tonalidades según la hora del día, ofreciendo escenas dignas de una postal.

Con apenas 1.500 habitantes, la vida avanza con suavidad. No hay multitudes, no hay apuros, y eso es justamente lo que lo convierte en uno de los pueblos más encantadores del interior bonaerense.

Arquitectura que desafía lo tradicional

Lo que realmente distingue a Saldungaray de cualquier otro pueblo bonaerense es el legado del célebre arquitecto Francisco Salamone, quien en la década del 30 dejó allí algunas de sus obras más impactantes.

Entre las construcciones más emblemáticas se encuentran:

  • El portal del cementerio, una estructura monumental de hormigón con un diseño circular que llama la atención de todos los visitantes.
  • La delegación municipal, con su torre y reloj visible desde distintos puntos del pueblo.
  • El matadero y el antiguo mercado, parte del circuito salamónico que combina escalas colosales, líneas geométricas y un estilo futurista para la época.
Cementerio de Saldungaray, obra de Francisco Salamone. Foto: Municipio Sierra de la Ventana.

Este conjunto arquitectónico no solo contrasta con la estética clásica de los pueblos de la región, sino que convierte a Saldungaray en un museo a cielo abierto, ideal para explorarlo a pie y detenerse en cada una de sus formas imponentes.

Qué hacer en Saldungaray: planes imperdibles

El pueblo está pensado para recorrerlo lento, sin prisa y disfrutando cada rincón. Entre las actividades más recomendadas se encuentran:

Recorrer el circuito Salamónico

Perfecto para amantes de la arquitectura, la fotografía y la historia. Cada edificio ofrece una historia y un estilo propio.

Visitar el antiguo mercado

Hoy renovado, ofrece productos regionales elaborados por familias locales: panificados, conservas, dulces y artesanías únicas.

Paseos en bicicleta

Una forma ideal de llegar hasta la estación de tren, donde aún se conservan restos históricos que evocan la época dorada del ferrocarril.

Paradas gastronómicas

La Bodega Saldungaray es una visita obligada para degustar vinos locales. También destaca la tradicional quesería de campo, famosa por sus productos regionales.

Relajarse en el río Sauce Grande

Un sitio perfecto para descansar bajo la sombra, disfrutar del agua fresca o pasar un día de picnic en total serenidad.

Bodega Saldungaray. Foto: Instagram @bodegasaldungaray

Cómo llegar a Saldungaray

Desde la Ciudad de Buenos Aires, el viaje dura alrededor de 7 horas en auto, atravesando el interior de la provincia. Aunque existen servicios de micro hacia localidades cercanas, el auto continúa siendo la opción más cómoda para recorrer la zona y visitar atractivos adicionales como Sierra de la Ventana.

¿Por qué Saldungaray es perfecto?

  • Tiene una estética visual muy potente: arquitectura monumental + sierras = imágenes irresistibles.
  • Es un destino poco conocido, ideal para notas de descubrimiento.
  • Genera curiosidad inmediata (“el pueblo que parece de película”).
  • Es tendencia el turismo de cercanía y pueblos con identidad fuerte.