Roca‑Runciman, el tratado que terminó en sangre: corrupción, poder y un asesinato dentro del Senado
Un tratado comercial firmado en silencio, denuncias de corrupción que sacudieron al poder y un asesinato a sangre fría dentro del Senado: cómo el acuerdo Roca‑Runciman expuso la trama más oscura de la Década Infame y terminó con la vida del senador Enzo Bordabehere.

El asesinato de Enzo Bordabehere en el Senado de la Nación, en julio de 1935, no fue un hecho aislado ni producto de un arrebato individual. Fue el punto de quiebre de un proceso político marcado por la corrupción estructural, la violencia institucional y la pérdida de soberanía económica durante la llamada Década Infame. En el centro de ese entramado se encontraba el polémico tratado Roca‑Runciman, firmado entre la Argentina y Gran Bretaña, un acuerdo que selló privilegios, negocios opacos y silencios cómplices que terminaron tiñendo de sangre el recinto parlamentario.
La Década Infame y el regreso del fraude como sistema
Tras el golpe de Estado de 1930 que derrocó a Hipólito Yrigoyen, la Argentina ingresó en un período donde el fraude electoral, la persecución política y la connivencia entre el Estado y los grandes intereses económicos se volvieron moneda corriente. El gobierno de Agustín P. Justo (1932‑1938) se sostuvo sobre una alianza entre conservadores, sectores del radicalismo antiperonista de entonces y el poder económico agroexportador.
El país seguía siendo esencialmente proveedor de materias primas, y su dependencia del mercado británico era casi total. Cuando la crisis de 1929 derrumbó los precios internacionales, el modelo mostró su fragilidad extrema.
Ottawa y el origen del pacto desigual
En 1932, durante la Conferencia Imperial de Ottawa, Gran Bretaña decidió otorgar preferencias comerciales exclusivas a los países de su Imperio. Argentina, su principal proveedor de carne, quedó fuera del esquema. El riesgo era claro: perder el mercado británico significaba un golpe mortal para la economía nacional.

La solución política fue el tratado Roca‑Runciman, firmado en Londres en 1933 por Julio Argentino Roca (hijo), vicepresidente de la Nación, y el negociador británico Walter Runciman. El acuerdo garantizaba una cuota de exportación de carne, pero a un costo altísimo: prioridad absoluta para frigoríficos británicos, beneficios cambiarios, transporte controlado por empresas inglesas y una fuerte limitación a la autonomía económica argentina.
El negocio de la carne y la corrupción expuesta
Detrás del tratado se consolidó un negociado multimillonario. Los frigoríficos extranjeros fijaban precios artificialmente bajos a los productores locales y declaraban valores inferiores para evadir impuestos, todo con la complicidad de funcionarios estatales.
Quien se atrevió a denunciar el sistema fue el senador Lisandro de la Torre, líder del Partido Demócrata Progresista. Entre 1934 y 1935, impulsó una comisión investigadora y protagonizó sesiones históricas en el Senado, donde exhibió pruebas documentales de evasión, sobornos y tráfico de influencias, involucrando directamente a los ministros Luis Duhau (Agricultura) y Federico Pinedo (Hacienda).
Enzo Bordabehere: el blanco inesperado
El 23 de julio de 1935, el clima político era irrespirable. En plena sesión, tras un violento cruce verbal, Duhau empujó a De la Torre. Enzo Bordabehere, senador electo por Santa Fe y su principal colaborador en la investigación, corrió a asistirlo. En ese instante, Ramón Valdez Cora, ex comisario y operador armado del oficialismo, le disparó por la espalda dentro del recinto legislativo.

Bordabehere murió horas después. Tenía 43 años. El Senado, símbolo de la República, había sido escenario de un asesinato político a plena luz del día.
Impunidad, silencios y un final trágico
Valdez Cora fue condenado, pero la responsabilidad política nunca se esclareció. Los ministros renunciaron, pero el presidente Justo rechazó sus dimisiones. El tratado siguió vigente. El sistema se cerró sobre sí mismo.
De la Torre, devastado, abandonó la lucha parlamentaria. En 1937 renunció a su banca. En 1939, se suicidó. Su cruzada contra la corrupción había terminado del modo más amargo.

Un crimen que aún interpela a la democracia
El asesinato de Enzo Bordabehere expuso como pocos hechos hasta dónde puede llegar un régimen cuando el poder económico captura al Estado. No fue solo el resultado del tratado Roca‑Runciman, sino la consecuencia directa de una época donde la legalidad fue vaciada de contenido.
Recordar este episodio no es mirar al pasado con nostalgia, sino entender que la violencia política no surge de la nada: nace cuando la corrupción se vuelve norma y la impunidad, regla. La historia argentina lo aprendió en silencio, y con sangre, dentro de su propio Senado.

















