Enigmas del Obelisco: por qué se construyó hace 90 años y por qué está en esa esquina clave de Buenos Aires
A 90 años del Obelisco, la historia real: por qué se levantó en 1936 y por qué se eligió Corrientes y 9 de Julio, el cruce más simbólico de Buenos Aires.

Si Buenos Aires tuviera un latido visible, para muchos estaría donde Corrientes se cruza con la 9 de Julio. Allí, en la Plaza de la República, se levanta el Obelisco: 67,5 metros que hoy funcionan como brújula urbana y punto de encuentro, pero que en 1936 fueron, ante todo, una decisión política y simbólica.
El motivo oficial fue contundente: conmemorar el cuarto centenario de la “primera fundación” de Buenos Aires, vinculada al asentamiento de Pedro de Mendoza (1536). La obra se inauguró el 23 de mayo de 1936, fecha que explica por qué este 23 de mayo de 2026 se cumplen 90 años de su nacimiento.
Pero el aniversario no fue el único motor. Según reconstrucciones históricas, el entonces intendente Mariano de Vedia y Mitre impulsó por decreto un monumento “extraordinario” que le diera peso material a la efeméride en una ciudad que no tenía un símbolo central para recordarla.
¿Por qué un obelisco? Prebisch, modernidad y una forma imposible de ignorar
El diseño quedó en manos del arquitecto Alberto Prebisch, figura clave del modernismo local (también autor del cercano Teatro Gran Rex). La elección no fue inocente: el obelisco es una forma antigua, sí, pero al mismo tiempo es una geometría moderna, limpia, vertical, pensada para imponerse en el paisaje.

La estructura fue concebida en hormigón armado, hueca por dentro, con acceso por una sola puerta y un remate con cuatro ventanas orientadas a los puntos cardinales. Por dentro, la épica es literal: una escalera marinera que, según distintas fuentes, ronda los 200/206 escalones y conduce a la cúspide.
Dato que siempre sorprende (y funciona perfecto para CTR porque es real): la obra se ejecutó a velocidad récord. Hay registros que señalan una duración total de alrededor de 60 días desde el inicio de obras, y otros que subrayan que el “levantamiento” del cuerpo principal tomó 31 días, con 157 operarios trabajando con cemento de fraguado rápido.
La pregunta del millón: ¿por qué se eligió ese lugar del centro porteño?
La respuesta corta: porque esa esquina era el nudo simbólico de la Buenos Aires moderna. La respuesta larga es mejor, porque mezcla urbanismo, memoria y una casualidad cargada de historia.
1) Porque allí estaba una iglesia con una “primera vez” patria
En el mismo solar donde hoy se eleva el Obelisco se encontraba la Iglesia de San Nicolás de Bari, demolida en el marco de las grandes transformaciones del centro. En su torre, se recuerda que se izó por primera vez la bandera argentina en la ciudad (1812), hecho que el propio monumento dejó grabado en sus inscripciones.

Incluso crónicas históricas profundizan el dato: el 23 de agosto de 1812, en San Nicolás, se celebró el enarbolamiento de la bandera en Buenos Aires, y el Obelisco terminó ocupando ese punto exacto como una especie de “reemplazo” urbano de la vieja torre.
2) Porque la Plaza de la República nació para coronar una reforma del centro
La ubicación coincide con la creación de la Plaza de la República y con el ensanche/transformación de arterias que cambiarían la fisonomía porteña. El Obelisco quedó plantado, literalmente, en el centro de una operación que buscaba ordenar circulación y darle una escala metropolitana al corazón de la ciudad.
3) Porque Corrientes + 9 de Julio = cultura + monumentalidad
El sitio oficial de turismo de la Ciudad resume lo que en la calle se entiende sin explicación: el Obelisco domina el cruce de dos avenidas icónicas, una por su papel cultural (Corrientes) y otra por su escala y potencia urbana (9 de Julio). La elección, entonces, también es comunicacional: si querés un símbolo, lo ponés donde todos pasan.
De la “obeliscofobia” al ícono: el día que casi lo demuelen
Cuesta imaginarlo hoy, pero el Obelisco no nació amado. Hubo críticas, burlas y hasta una palabra que lo retrata: “obeliscofobia”. Parte del rechazo tenía que ver con su estética racionalista y con un debate eterno en Buenos Aires: qué conservar, qué tirar abajo y qué construir.

La tensión llegó a su punto máximo en 1939, cuando el Concejo Deliberante votó su demolición tras desprendimientos del revestimiento (las losas que lo cubrían) y con argumentos de seguridad, estética y costos. Sin embargo, la medida fue vetada por el intendente Arturo Goyeneche, y el monumento se salvó.
Esa historia, además, deja una enseñanza urbana: a veces un ícono no se decreta; se construye con el tiempo, sobreviviendo a polémicas y volviéndose escenario de lo colectivo.
A 90 años: lo que el Obelisco sigue diciendo de Buenos Aires
Noventa años después, el Obelisco es más que un homenaje a 1536: es el punto donde confluyen celebraciones, duelos, protestas, turismo y la postal inevitable del centro. Su fuerza está en haber sido pensado como monumento, sí, pero también como marca urbana, clavada donde la ciudad late más fuerte.
Y hay un detalle final que redondea el porqué de “ese lugar”: allí donde antes hubo una torre religiosa y luego una plaza nacida para la modernización, hoy hay un símbolo laico que ordena el mapa mental de porteños y visitantes. Es una continuidad rara, pero poderosa: la ciudad cambia su piel, pero conserva sus puntos de referencia.
Preguntas rápidas
- ¿Cuándo se inauguró el Obelisco? El 23 de mayo de 1936.
- ¿Por qué se construyó? Para conmemorar el IV centenario de la primera fundación/asentamiento de Buenos Aires (1536).
- ¿Por qué se eligió Corrientes y 9 de Julio? Por ser el nudo central de la reforma urbana y porque allí estaba la iglesia donde se izó por primera vez la bandera en Buenos Aires.
- ¿Es cierto que quisieron demolerlo? Sí: en 1939 se votó su demolición y se vetó la medida.


















