El día que Buenos Aires “estrenó” su aguja blanca: así fue la inauguración del Obelisco con palomas, llovizna y un récord
La tarde del 23 de mayo de 1936: Himno, cintas, granaderos y una curiosidad casi olvidada. La historia del día que nació el Obelisco.

Buenos Aires, 23 de mayo de 1936. La ciudad amaneció con un cielo indeciso, más de llovizna que de fiesta, y aun así el centro porteño latía como si fuera domingo de triunfo. En la flamante Plaza de la República, recién “liberada” de escombros y vallas, una multitud se acomodaba para presenciar algo que todavía no sabía nombrar: un monumento de líneas racionalistas que, con el tiempo, se convertiría en brújula emocional de la Argentina.
La ceremonia tuvo hora exacta: a las 15. Esa precisión aparece en los relatos oficiales y en las crónicas de época. Primero sonó el Himno Nacional ejecutado por la Banda Municipal; después, el gesto simbólico: cortar las cintas para declarar inaugurado el nuevo tramo del ensanche y, por supuesto, el Obelisco. Entre los presentes había chicos de escuelas agrupados en la rotonda, como si se tratara de una clase al aire libre sobre “la ciudad que venía”.
En el perímetro, antes de que comenzaran los discursos, se formó la escolta: granaderos a caballo en doble fila semicircular alrededor de la acera norte del “rond point”. La escena tenía un detalle que casi nunca se repite cuando se cuenta la inauguración: al final del acto, se soltaron palomas con las alas pintadas de celeste y blanco, acentuando ese aire otoñal que la humedad había instalado desde temprano.
Por qué se levantó justo ahí y qué había antes
El lugar elegido no fue un capricho estético: donde hoy se alza el Obelisco estaba la iglesia de San Nicolás de Bari, demolida en el marco de las obras de modernización y apertura/ensanche de avenidas. En esa torre, además, se había izado oficialmente por primera vez en Buenos Aires la bandera argentina el 23 de agosto de 1812, un hecho que luego quedaría recordado en las inscripciones del propio monumento.

La historia tiene un giro poco mencionado: la demolición del templo no fue automática ni pacífica. Hubo litigio entre Municipalidad y Curia; según la reconstrucción histórica del Gobierno porteño, la última misa se celebró el 16 de agosto de 1931. Y para que el barrio no se quedara “sin San Nicolás”, en 1935 se inauguró el templo en su ubicación actual, sobre avenida Santa Fe al 1300.
Una inauguración exprés: la obra que se hizo contra reloj
Detrás de la postal hay un dato que explica el asombro de 1936: el Obelisco fue una obra rapidísima para su escala. Los trabajos comenzaron el 20 de marzo de 1936 y el monumento se inauguró el 23 de mayo, con participación de 157 obreros. El costo total informado ronda los 200.000 pesos moneda nacional.

Y hay una sombra inevitable en ese récord: se registra la muerte del obrero italiano José Cosentino durante la obra, un dato que suele quedar fuera de las versiones más “turísticas” del relato.
El discurso que “predijo” el futuro del Obelisco
En el acto inaugural, el entonces intendente Mariano de Vedia y Mitre dejó una frase que, leída hoy, parece profética: definió al Obelisco como el “documento más auténtico” del cuarto centenario y como una “materialización del alma de Buenos Aires que va hacia la altura”. Esa cita aparece reproducida tanto en el material institucional de la Ciudad como en reconstrucciones periodísticas.
Curiosidades poco contadas, pero documentadas
1) Bajo tierra casi lo complica todo
El Obelisco no solo se diseñó para verse: también se pensó para no colapsar sobre un subsuelo ya intervenido. Debajo conviven infraestructura clave del subte (túneles/estaciones) y cámaras técnicas; el desafío fue lograr fundaciones capaces de soportar vibraciones y cargas sin afectar lo existente, algo que volvió “quirúrgica” la ingeniería del proyecto.
2) El Obelisco “cambió de piel” y perdió una firma
Un episodio de 1938 reavivó la polémica: se desprendieron placas del revestimiento exterior. Entre 1938 y 1939 se retiraron las lajas y se reemplazó por revoque, y en esa urgencia se perdió un detalle finísimo: desapareció la leyenda que indicaba que Alberto Prebisch había sido el arquitecto. Es decir: el monumento quedó sin “firma” visible por una decisión técnica de emergencia.

3) Lo quisieron demoler a solo tres años de inaugurado
En junio de 1939, el Concejo Deliberante llegó a votar la Ordenanza 10.251 para su demolición por razones estéticas, económicas y de seguridad pública. Pero la medida fue finalmente vetada por el intendente Arturo Goyeneche, y la intervención del poder ejecutivo terminó salvando al ícono antes de que el ícono lo fuera.
Ese sábado gris de 1936, el público fue a ver una inauguración y se llevó, sin saberlo, el nacimiento de un punto cardinal. Entre granaderos, cintas y palomas celestes y blancas, Buenos Aires estrenó un símbolo que primero incomodó y después se volvió inevitable. Y quizás por eso el Obelisco sigue funcionando como pocas obras: no solo se mira, se vive.

















