El día más triste de la reina Sofía: así fue el último adiós a su hermana Irene de Grecia en Madrid
La ceremonia fúnebre se realizó en la Catedral Ortodoxa Griega de Madrid y contó con la presencia de los reyes Felipe VI y Letizia, sus hijas y representantes de la realeza europea. Las fotos que trascendieron.
La mañana de este sábado 17 de enero quedó grabada como una de las más dolorosas en la vida de la reina Sofía. En la Catedral Ortodoxa Griega de San Andrés y San Demetrio, en Madrid, la monarca despidió a su hermana menor, la princesa Irene de Grecia, en una ceremonia íntima, solemne y cargada de simbolismo para la realeza europea.
No fue solo un funeral real: fue el cierre de una historia de vida compartida durante más de seis décadas. Irene de Grecia y Dinamarca murió el pasado 15 de enero en el Palacio de la Zarzuela, residencia que compartía con la reina Sofía desde hacía más de treinta años.
Discreta, alejada de los focos mediáticos y profundamente ligada a su hermana, Irene fue durante décadas una presencia constante y silenciosa en la vida de la Casa Real española. Su figura, ajena al protagonismo público, se convirtió en un pilar emocional para la reina emérita.
Una despedida marcada por la unidad familiar
Durante la ceremonia, la imagen de Sofía sostenida por su familia resumió el espíritu del acto. A su lado estuvieron los reyes Felipe VI y Letizia, junto a la princesa Leonor y la infanta Sofía, quienes no se apartaron de ella en ningún momento. También acompañaron las infantas Cristina y Elena, además de varios de sus hijos, en una muestra de unidad familiar poco habitual pero profundamente significativa.
La capilla ardiente, abierta al público durante varias horas, permitió que ciudadanos y miembros de la comunidad ortodoxa expresaran su respeto. La presencia de representantes de otras casas reales, como Alexia de Grecia y los príncipes búlgaros Kubrat y Kyril, reflejó la extensa red de vínculos que Irene había tejido a lo largo de su vida, marcada por la historia compartida de las monarquías europeas.
Uno de los momentos más elocuentes del funeral no estuvo en las palabras, sino en los símbolos. El féretro fue cubierto por la bandera de la Familia Real helena, un gesto que condensó su identidad, su linaje y su pertenencia a Grecia, incluso tras décadas de residencia en España. Fue una despedida que habló más desde el respeto que desde el protocolo.
La ausencia del rey emérito Juan Carlos I, quien no viajó desde Abu Dabi por motivos de salud, fue notoria. Sin embargo, la atención estuvo centrada en la figura de la reina Sofía, visiblemente afectada por la pérdida de quien fue su consejera, su compañía diaria y su refugio personal.
En los próximos días, los restos de la princesa Irene serán trasladados al Cementerio de Tatoi, en Grecia, donde recibirá sepultura definitiva. Será allí donde la familia vuelva a despedirse, esta vez en el país que marcó su origen y su historia.
Más allá de los títulos y las coronas, el funeral de Irene de Grecia dejó una imagen difícil de olvidar: la de una mujer que eligió el segundo plano, pero que fue indispensable en la intimidad de la realeza. Y la de una hermana que, por unas horas, dejó de ser reina para ser simplemente eso: alguien que se despide de una parte irremplazable de su vida.