La Tierra podría volver a ser un “Supercontinente”: alertan por “extinciones masivas” y 4 escenarios posibles
Los continentes actuales son apenas una imagen transitoria dentro de un ciclo geológico mucho más amplio que podría dar lugar a un próximo supercontinente. Los detalles.

Aunque a escala humana parezca inmóvil, la Tierra está en transformación constante. Bajo la superficie, las placas tectónicas se desplazan con la misma naturalidad con la que el planeta gira sobre su eje y orbita el Sol. Por lo tanto, los continentes actuales son apenas una imagen transitoria dentro de un ciclo geológico mucho más amplio que podría dar lugar a un próximo supercontinente.
Además, las masas continentales que hoy delimitan océanos y fronteras políticas forman parte de un proceso profundo que no se detiene. En consecuencia, dentro de unos 200 millones de años podrían reunirse nuevamente en un único bloque terrestre. Cuando eso ocurra, el mapa conocido será completamente distinto.
En ese marco, investigaciones publicadas en la revista Geological Magazine sostienen que la deriva continental avanza hacia una nueva reunificación. A partir de modelos climáticos tridimensionales desarrollados en el Instituto Goddard de la NASA y la Universidad de Lisboa, se advierte que ese proceso alterará de forma extrema el clima global.

Cuatro caminos hacia un nuevo supercontinente
La literatura científica identifica cuatro escenarios posibles: Novopangea, Pangea Próxima, Aurica y Amasia. Cada uno depende de qué océanos se abran o se cierren y de cómo evolucionen las actuales zonas de subducción. Así, el destino de los continentes está ligado a dinámicas invisibles pero persistentes.
En el modelo Novopangea, el océano Pacífico continúa cerrándose mientras el Atlántico se expande. El Pacífico, rodeado por el Anillo de Fuego, concentra el 80 % de los grandes terremotos del planeta. En ese contexto, América terminaría colisionando con una Antártida desplazada hacia el norte.
Por su parte, Pangea Próxima plantea el cierre del Atlántico y el reencuentro de América con Europa y África. Aurica propone el cierre simultáneo del Atlántico y el Pacífico, con los continentes concentrados en torno al ecuador. Finalmente, Amasia prevé el cierre del océano Ártico y la migración continental hacia el Polo Norte.

Consecuencias climáticas y ecológicas de un “Supercontinente”
Cada configuración implicaría transformaciones ambientales profundas. En el caso de Aurica, las simulaciones estiman una temperatura media global de 20,6 °C, muy superior a los 13,5 actuales. La menor presencia de hielos polares reduciría el albedo y aumentaría la absorción de radiación solar.
En cambio, Amasia favorecería la acumulación de nieve y hielo en latitudes altas. El aumento del albedo generaría una temperatura media estimada de 16,9 °C, aunque acompañada de glaciaciones masivas. Por consiguiente, la circulación oceánica profunda también se vería alterada.
Asimismo, un único supercontinente implicaría menos costas y más interior continental, con climas extremos. Las especies enfrentarían nuevas competencias y posibles extinciones masivas. De este modo, la biodiversidad quedaría sometida a presiones sin precedentes.
La teoría del “Supercontinente” y sus lecciones
La teoría del supercontinente sostiene que la Tierra atraviesa ciclos de fragmentación y reunificación cada cientos de millones de años. Pangea fue el último gran bloque unificado, y su ruptura dio origen al Atlántico y al actual relieve continental. Por ende, el presente es apenas una etapa intermedia.
Además, regiones como la Península Ibérica conservan huellas de aquellas colisiones antiguas en estructuras como el Macizo Hespérico y el Sistema Central. Esas formaciones geológicas son testimonio de que los continentes cambian y se reconfiguran continuamente.
En definitiva, comprender estos ciclos permite dimensionar la fragilidad de los equilibrios climáticos. Aunque estos cambios no ocurrirán en escalas humanas, las placas siguen desplazándose centímetros cada año. Así, la deriva continental continúa, silenciosa pero constante, recordando que todo en la Tierra está en movimiento.



















