La Academia Nacional de Ciencias advierte: proteger glaciares y sistemas periglaciales es clave para el futuro del agua en Argentina
Alertó que la degradación de glaciares y sistemas periglaciales pone en riesgo el abastecimiento de agua y llamó a reforzar su protección frente al cambio climático y la presión de actividades humanas.

Los glaciares y los sistemas periglaciales vuelven a estar en el centro de la escena ambiental en la Argentina. En un contexto marcado por el cambio climático, la escasez hídrica y el crecimiento de actividades extractivas en zonas cordilleranas, la Academia Nacional de Ciencias (ANC) lanzó una advertencia contundente: estos ecosistemas cumplen un rol estratégico e irremplazable para garantizar el abastecimiento de agua presente y futuro.
El llamado de atención no es solo científico, sino también social y político. Según la institución, la preservación de glaciares y áreas periglaciales no puede seguir postergándose, ya que de ellas dependen millones de personas, actividades productivas y el equilibrio ambiental de vastas regiones del país.
Reservas naturales de agua dulce, invisibles pero vitales
A diferencia de lo que suele creerse, los glaciares no son simples masas de hielo aisladas en zonas de alta montaña. Funcionan como reservorios naturales de agua dulce, liberando caudales de forma gradual durante los meses más secos del año. Esto resulta esencial para ríos, cuencas hídricas y sistemas de riego.
En paralelo, los sistemas periglaciales, zonas donde el suelo permanece congelado gran parte del año, cumplen una función igual de relevante. Actúan como reguladores hídricos, almacenan agua en el subsuelo y la liberan lentamente, amortiguando los efectos de las sequías prolongadas cada vez más frecuentes.
La Academia Nacional de Ciencias subrayó que la degradación de estos entornos provoca pérdidas irreversibles, ya que su regeneración puede demandar cientos o incluso miles de años.
Cambio climático y actividades humanas: una combinación de alto riesgo
El calentamiento global ya está reduciendo el volumen y la superficie de muchos glaciares andinos. A este proceso natural acelerado se suman actividades humanas intensivas, como la minería, la construcción de infraestructura y el avance urbano en zonas de montaña.
Los especialistas advirtieron que intervenir en áreas glaciares o periglaciales puede alterar la dinámica del agua, generar contaminación y afectar directamente a comunidades que dependen del recurso hídrico para consumo, agricultura y producción energética.
En provincias como Córdoba, Mendoza, San Juan y Catamarca, el impacto potencial de estas alteraciones adquiere una dimensión estratégica.
La importancia de respetar la legislación ambiental
Argentina cuenta con una Ley de Glaciares que establece el inventario, la protección y las restricciones para actividades en estas áreas sensibles. Sin embargo, desde la Academia señalaron que su aplicación plena sigue siendo un desafío.
Los científicos insistieron en que el desarrollo económico no debe plantearse como un dilema opuesto al cuidado ambiental. Por el contrario, una gestión responsable de los glaciares es presentada como una inversión a largo plazo, clave para la seguridad hídrica y el bienestar de la población.
Agua, ciencia y futuro: un debate impostergable
El mensaje de la Academia Nacional de Ciencias apunta a abrir un debate profundo y basado en evidencia científica. La institución remarcó que, sin glaciares y sistemas periglaciares sanos, el acceso al agua potable se vuelve más incierto, especialmente en escenarios de crisis climática.
Además, alertó sobre la necesidad de fortalecer la investigación, la educación ambiental y la participación ciudadana en decisiones que afectan recursos naturales estratégicos.
Una advertencia que trasciende generaciones
Más allá de coyunturas políticas o económicas, la advertencia de la comunidad científica es clara: lo que hoy se pierda en los sistemas glaciares no podrá recuperarse en el corto plazo.
Proteger estos ecosistemas no es solo una cuestión ambiental, sino un compromiso con las generaciones futuras, con la soberanía del agua y con un modelo de desarrollo que contemple límites naturales.
En un país cada vez más expuesto a sequías, olas de calor y eventos climáticos extremos, la defensa de los glaciares deja de ser un tema técnico para convertirse en una prioridad estratégica nacional.
















